Primer concierto de los Beatles en España: un salto al color retransmitido por el NO-DO en blanco y negro

The Beatles, con el mundo pop por montera en su llegada a Barcelona en 1965.

Resulta imposible saber qué estaría pasando por la cabeza de Paul McCartney mientras 15.600 personas cantaban a pleno pulmón el coro de Hey Jude en su última visita a Madrid en diciembre de 2024. Puede que estuviera pensando en irse al hotel, en la lista de la compra o, por qué no, en la primera vez que visitó España (la capital y Barcelona) en el verano de 1965, todavía tres años antes de la publicación de este himno inmortal y atemporal que incluso ha vuelto a ser cantado por miles de personas en el reciente Mundial del Fútbol con las victorias de Inglaterra.

Como un flashback trepidante de esos de las pelis, concedamos que rebobina el Beatle casi 60 años atrás en el tiempo y mientras toda esa multitud corea en bucle su "naaa naaaa nananaaa nananaaa hey Jude" (perdón de antemano por haber fijado esto para largo rato en la mente del lector), el ahora octogenario ve, como si acaso no fuera él mismo, a un jovencísimo Paul en la escalinata del avión en el aeropuerto de Barajas saludando junto a George Harrison, Ringo Starr y John Lennon.

Los cuatro pisando territorio español el 1 de julio de 1965, en pleno desarrollismo del régimen franquista, que, por supuesto, hizo lo que pudo para que esos "melenudos" no vinieran a tocar su terrible música pop y a poner un poquito de color a una España que para la posteridad quedó registrada en blanco y negro porque realmente carecía de diversidad cromática. Apenas tres minutos nos quedaron para la posteridad gracias al NO-DO (que aprovecha para afirmar que el recibimiento "no es apoteósico", aunque sí hay "curiosos"), que fueron ampliados en 1995 con el estreno del documental de Pedro Costa ¡Qué vienen los Beatles! (que puede verse aquí), con más imágenes inéditas junto a testimonios de periodistas y protagonistas varios de aquella visita.

"La actuación está anunciada en la Plaza de Toros [de Las Ventas], donde salta a la vista que no hay un lleno", prosigue el NO-DO con sus pullitas nada veladas, no sea que la juventud española de la época se le desmadre a Franco más de lo oportuno. Las palabras del locutor son un poema que, escuchadas desde el hoy, pueden provocar risa y sonrojo, pero no podemos olvidar que en absoluto eran inocentes, con perlitas como esta: "Por fin salen los melenudos al tablado. Alguno lleva sombrero ancho, en una concesión al ambiente". Y, de remate, el colofón: "Los Beatles pasaron por Madrid sin demasiada pena y sin demasiada gloria".

Diga lo que diga el aparato propagandístico franquista, el concierto de los Beatles el 2 de julio de 1965 en Las Ventas, así como el del día 3 en la Plaza de Toros Monumental de la Ciudad Condal, son historia de la música del siglo XX, historia de España y dos importantes hitos de la cultura contemporánea por lo que también tuvieron de político. No porque el grupo hiciera gesto alguno —aunque ya de por sí eran sinónimo de subversión, modernidad y libertad—, pero sí por lo que significaron para un régimen deseoso de aparentar normalidad de cara al exterior (por eso cedieron las autoridades) y, en cierta forma, de grieta abierta por la cultura en el puño cerrado de la dictadura. Un salto al color retransmitido en blanco y negro por el NO-DO.

La inclusión de España en su gira europea fue posible gracias a las gestiones del promotor Francisco Bermúdez, representante también de Raphael (quien supuestamente ayudó también poniendo dinero) y responsable de otras visitas ilustres como la de Marlene Dietrich. Eso sí, una vez alcanzado el acuerdo con el mánager del grupo, Brian Epstein, Bermúdez tuvo que pelearse con el ministro de Gobernación, Camilo Alonso Vega, quien no estaba en absoluto por la labor, aunque a última hora cedió por intermediación del gobernador civil de Barcelona, Antonio Ibáñez Freire, gracias a un argumento consistente: la reina Isabel II acababa de nombrar a los cuatro músicos miembros de la Orden del Imperio Británico, por lo que para evitar un hipotético conflicto diplomático era mejor dejarles tocar que una noticia internacional en la que se contara que España prohibía al grupo más famoso del mundo.

No acabaron aquí los tejemanejes, pues había que solventar también el asunto del caché. Los Beatles cobraron 5.000 libras esterlinas (unas 900.000 pesetas de la época al cambio) por estos dos únicos shows, aunque el coste total estimado final que pagó el promotor ascendió a unos tres millones de pesetas con otros gastos e impuestos. Los precios de las entradas oscilaron entre 75 y 450 pesetas (con el salario mínimo en 1.800 pesetas al mes). A Madrid asistieron 10.000 personas (según la Agencia EFE, pues otros investigadores rebajan ese aforo a 6.000) que no llenaron una plaza con aforo de hasta 20.000, mientras que en Barcelona se congregaron entre 18.000 y 25.000 (de nuevo, aunque parezca increíble, discordia en la cantidad, pero eran otros tiempos y el sector no estaba tan profesionalizado como hoy en día). Los teloneros fueron Los Pekenikes (Madrid) y Los Sírex (Barcelona), y el presentador de ambas veladas del año fue Torrebruno.

"Lo que recuerdo de Madrid, donde tocamos en una plaza de toros, es que la policía se mostraba muy violenta. Fue la primera vez que vi realmente a la policía golpeando a jóvenes", rememora sobre el ambiente el baterista, Ringo Starr, en el libro The Beatles Anthology, donde añade: "Asistí a una corrida allí y fue lo más triste que he visto jamás. Resultaba desolador ver cómo el toro se iba debilitando cada vez más. Y luego, cuando por fin matan al pobre animal, le atan una cadena a la pata, traen un par de caballos de tiro y arrastran el cadáver. Siempre me pareció un final lamentable. Fue la única corrida a la que he asistido y nunca he tenido interés en volver a ver otra".

Y ahora toma la palabra Paul McCartney, en el mismo mencionado título antológico: "Recuerdo haber actuado en una gran plaza de toros de Barcelona, donde el alcalde y toda la gente adinerada ocupaban los mejores asientos, mientras que los jóvenes —nuestro verdadero público— se quedaban fuera. Aquello nos molestaba: "¿Por qué tocamos para todos estos malditos funcionarios? Deberíamos tocar para la gente de fuera. ¡Dejadlos entrar! Pero, claro, no lo permitían".

Estos lejanos recuerdos de Paul nos llevan de vuelta al presente, al Palacio de los Deportes de Madrid el 9 de diciembre de 2024, con 15.600 personas cantando a pleno pulmón el coro de Hey Jude después de haber pagado entradas a precio de oro (no han cambiado tanto las cosas como quería el joven McCartney). No sabemos, como decíamos, si en esta última visita se acordaría el músico de la primera, pero, desde luego, mucha gente se acuerda, incluso aunque no estuviera.

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Y esto lo decimos porque medio año después, en julio de 2025, ​​la Universidad de Barcelona (UB) recuperaba una filmación inédita en color de la actuación de los Beatles en la Ciudad Condal. El proyecto, a cargo del profesor de la Facultad de Geografía e Historia y director del Centro de Investigaciones Film-Historia de la Universidad de Barcelona, ​​Magí Crusells, muestra una grabación amateur de dos minutos y medio de la actuación que el grupo británico realizó el 3 de julio de 1965. Según la universidad, se trata del documento visual más valioso que se conserva de aquella noche, grabado por un espectador anónimo que asistió al concierto desde la pista.

Este asistente no lo sabía, pero con su cámara de vídeo que podía grabar en color —algo muy poco común entonces— estaba documentando el momento exacto en el que España dejaba atrás el blanco y negro con John, Paul, George y Ringo en una noche de verano para la historia. Este es el salto al color que los Beatles propiciaron y del que ahora, por fin, tenemos pruebas y constancia.

Tal es la relevancia que la familia propietaria del vídeo, que quiere mantener el anonimato, ha depositado la filmación en la Filmoteca de Catalunya por razones de conservación. Es, en definitiva, una cuestión de memoria pop.

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