Visto para sentencia. Jueces e ideología en la Justicia española
Recientemente he terminado de leer Visto para sentencia, del magistrado emérito del Tribunal Supremo y fiscal de carrera José Antonio Martín Pallín, publicado por Siglo XXI Editores.
Me ha parecido un libro muy interesante y de lectura amena. Como neófito en la materia, reconozco que en ocasiones he tenido que releer algún párrafo para comprender plenamente su significado, aunque nada que no pueda entender cualquier lector dispuesto a profundizar un poco en el texto.
La obra comienza con un recorrido por los antecedentes históricos de la justicia y su evolución a lo largo del tiempo, generalmente acompasada con los avances de la sociedad, salvo en aquellos periodos marcados por regímenes autoritarios y dictaduras, donde se produjeron claras involuciones.
Martín Pallín aborda la justicia como uno de los pilares fundamentales del Estado democrático y reflexiona sobre la necesidad de que cumpla de forma ejemplar las funciones que la sociedad le encomienda: juzgar, proteger, amparar y garantizar los derechos de los ciudadanos. Para el autor, la dignidad de la persona y sus derechos fundamentales deben constituir la razón última de ser del sistema judicial.
El libro analiza el papel de jueces y fiscales, llamados a actuar conforme a las leyes que obligan a todos por igual. El autor no elude las críticas cuando considera que determinados comportamientos o resoluciones no han estado a la altura de lo exigible, citando diversos casos que, desde su experiencia y conocimiento de la judicatura, merecen una reflexión crítica.
Estas líneas no pretenden ser una crítica literaria ni un examen exhaustivo de la obra, sino tan solo una invitación a su lectura
Uno de los aspectos más interesantes de la obra es el reconocimiento de que jueces y fiscales son seres humanos, con convicciones políticas, creencias religiosas o éticas y una determinada visión de la sociedad. Sin embargo, insiste en que esas convicciones nunca deberían interferir en la imparcialidad exigible a la hora de administrar justicia. Aunque admite que no siempre ocurre, también subraya que nuestro sistema dispone de garantías y mecanismos de control destinados a corregir posibles desviaciones o malas prácticas.
El magistrado defiende igualmente la necesidad de dotar a la Administración de Justicia de más recursos humanos y materiales para reducir los tiempos de respuesta y mejorar su eficacia.
Especial atención dedica a la acción popular, cuya regulación considera susceptible de reforma. Critica que determinadas organizaciones la utilicen con fines políticos o de desestabilización institucional y cuestiona la admisión de algunas investigaciones con bases probatorias insuficientes.
Asimismo, reflexiona sobre la tendencia a trasladar a los tribunales conflictos que deberían resolverse en el ámbito político y parlamentario, así como sobre las dificultades que, en ocasiones, surgen para aceptar e interpretar determinadas leyes aprobadas democráticamente.
Se trata de una obra rica en matices y llena de temas para la reflexión. Creo que todos los ciudadanos deberíamos tener un conocimiento básico del funcionamiento de las instituciones que sostienen nuestra democracia. No estaría de más que escuelas, institutos y universidades incorporasen una verdadera educación cívica y democrática que fortaleciese nuestra capacidad crítica y nos permitiera comprender mejor asuntos complejos que, con demasiada frecuencia, terminamos reduciendo a simples opiniones o lugares comunes.
Me dejo mucha tinta en el tintero. El libro aborda numerosos temas que apenas he mencionado y que merecerían un análisis más detenido. Estas líneas no pretenden ser una crítica literaria ni un examen exhaustivo de la obra, sino tan solo una invitación a su lectura. Visto para sentencia es un libro que invita a reflexionar sobre la justicia, la democracia y el papel que desempeñan quienes tienen la responsabilidad de interpretar y aplicar las leyes. Merece la pena leerlo, pensar sobre lo que plantea y extraer cada uno sus propias conclusiones.
______________
Carlos Brage es socio de infoLibre.