Libros

La sombra de Grey es alargada

Los protagonistas de la versión cinematográfica de 'Cincuenta sombras de Grey'.

Hace unos días, recibí un libro en cuya portada leí: "Vuelve la autora de la trilogía Mi hombre".

Que vuelva la responsable de una serie titulada Mi hombre y cuyas tres partes se han publicado bajo los epígrafes Seducción, Obsesión y Confesión, no es necesariamente una buena noticia. Pero sus editores (Planeta) parecen contentos: el éxito de ventas de la primera saga les autoriza a esperar mucho de esta segunda, titulada (digámoslo todo) Una noche deseada.

La autora en cuestión se llama Jodi Ellen Malpas, "escribió en secreto durante mucho tiempo —revela su web—, antes de encontrar el valor para dar rienda suelta a su vena creativa" y es un "ama de casa británica, madre de dos hijos, número uno en el New York Times. La reina —esta información me la proporciona la contraportada del volumen que tengo en las manos— de la novela erótica".

Admitamos que esa corona tiene muchas pretendientes, y recordemos que ser ama de casa y británica parece ser un buen punto de partida para aspirar a un trono que otros consideran propiedad exclusiva de otra mujer-normal-metida-a-fabuladora-erótica, E.L. James, que firma Cincuenta sombras de Grey (también una trilogía, ésta publicada en España por Grijalbo). Ella es el kilómetro cero del fenómeno (de esta banalización, porque podemos remontarnos en la lista de antecedentes hasta, digamos, Historia de O), la que reinventó, o refundó, este subgénero editorial, fuente de inspiración para sus seguidoras e imitadoras, fuente de ingresos para sus editores.

El nuevo orden romántico

El caso es que casi al mismo tiempo que el libro de Malpas, me llegó el aviso de la pronta aparición de un libro titulado Erotismo de autoayuda. Cincuenta sombras de Grey y el nuevo orden romántico, de Eva Illouz (Katz/Clave Intelectual).

Illouz, socióloga y escritora cuyas principales áreas de investigación comprenden la historia de la vida emocional, la teoría crítica aplicada al arte y a la cultura popular, el significado moral de la Modernidad y el impacto del capitalismo sobre la esfera cultural, considera "fascinante" tomar los best sellers literarios como "barómetros de valor y considerar las diferencias que separan a best sellers de diferentes épocas como marcadores de cambios". A diferencia de otros (Robinson Crusoe, por ejemplo) éste que la ocupa es literariamente deleznable, pero al igual que ellos, Cincuenta sombras... demuestra y resuelve un problema socio-cultural existente y muy extendido.

Es una tesis que ha paseado por el mundo. “El poder de Cincuenta sombras de Grey no es sólo que desarrolla las contradicciones, las tensiones y los enigmas de la heterosexualidad, sino que parece proporcionar al lector las herramientas para hacerlo mejor,” dijo hace unos meses en una conferencia. Vaya, que la trilogía en cuestión (y las que a su sombra se han asomado a las librerías) funciona como una guía que ofrece soluciones "a los problemas de las relaciones heterosexuales a través de una fórmula narrativa que da a los lectores algo a lo que agarrarse". O sea: que no es pornografía, es autoayuda subidita de tono.

Pero, además, Cincuenta sombras es casi una caricatura de los clásicos del romance gótico por el uso y la relectura que hace de temas como el de la mujer joven, inocente y virtuosa, a la vez que obstinada e inteligente, que trabaja para un hombre rico que se comporta con ella de una manera aparentemente hiriente. Y como en esos otros textos, aquí se nos revelan el pasado y los secretos del irresistible varón, su vulnerabilidad y su devoción sin compromisos hacia ella. Llegada a este punto, Illouz cita como antecedente Jane Eyre, de Charlotte Bronte.

(De hecho, y abro aquí un paréntesis, la literatura para adolescentes también se ha dejado atrapar en esta tela de araña de libros que "abogan por modelos de relación que siguen fomentando la desigualdad". El entrecomillado es de la psicóloga Concepció Garriga, quien relaciona las sombras con la saga Crepúsculo, de la que, por cierto, la autora de Crónicas Vampíricas, Anne Rice, ha dicho que es... "como Jane Eyre". Cierro el círculo y el paréntesis).

Más estudios que sombras...... pero menos que lectores.

Desde que la saga apareció, provocando un terremoto editorial con numerosas réplicas (algunas tan palmarias como El kamasutra de Grey, de Laura Elías: "Cada doble página del libro incluye una magnífica ilustración que refleja de una forma explícita la experiencia erótica que se desarrolla en la página siguiente"; otras tan jacarandosas como la firmada por alguien cuyo nada sutil nombre de pluma era "Eva G. Rey"), e incluso estudios sobre su incidencia en los hábitos de vida y las conductas sexuales de sus fans: uno de la Universidad de Michigan, sugiere un nexo entre la lectura y actividades nocivas como el consumo excesivo de alcohol, los transtornos alimenticios y el aumento de las tensiones en las relaciones de pareja; otro, de la Universidad de Illinois apunta que el impacto de leer esta novela podría ser más benigno.

Pero quienes más han perseverado en esta tarea de exégesis han sido los estudiosos de la cultura popular y los teóricos del feminismo. Lógico, el boom Grey les venía pintiparado para explicar estos tiempos posfeministas, cuando tantas se preguntan si la lucha por la igualdad no habrá desembocado en un tremendo fiasco para quienes, en teoría, iban a beneficiarse de ella.

Entre los trabajos que llegaron estaba Fifty Shades of Feminism (Cincuenta sombras de feminismo, Virago/Little Brown), que desde el título apelaba al "libro del momento", al calor de su éxito reflexionaba sobre la relación entre mujeres, historias de amor, deseo y pornografía, si bien se presentó para celebrar el cincuenta aniversario de The Feminine Mystique, obra en la que Betty Friedan analizó la por ella definida como "mística de feminidad": la imagen de lo “esencialmente femenino” de la que hablan y a la que se dirigen las revistas para mujeres, la publicidad y los libros de autoayuda, una horma moral en la que se pretende hacer vivir a todas las mujeres.

Moraleja

Al cabo, tras repasar los estudios citados y de otros muchos que no han tenido aquí cabida, la pregunta puede ser cuál ha sido el costo que Cincuenta sombras... ha tenido. Y la conclusión no es halagüeña: el renacimiento de la hembra sumisa está relacionado o es consecuencia del ascenso de las mujeres en las esferas del poder económico y político. Que a las triunfadoras les "ponía" entregar el control, aunque fuera en la cama.

Alex Dymock sostuvo que este tipo de novelas de obras de ficción erótica transgresora estimulan los circuitos de consumo de la mujer y la producción de la identidad sexual como mercancía. En lugar de como una estrategia utópica políticamente progresista que podrían delimitar los parámetros de deseo sexual, la transgresión ahora funciona principalmente como un mecanismo a través del cual se refuerza el capitalismo y las instituciones de la heteronormatividad mantenidos.

Aunque si de sacar conclusiones se trata, y por no alejarnos mucho del libro que dio lugar a esta reflexión (el de Illouz, no el de Malpas), déjenme recuperar lo que William Giraldi dijo de él en New Republic: que la autora acierta de pleno cuando manda la trilogía de Grey a la sección de libros de autoayuda. Y que si a eso sumas lo lucrativo del negocio de la autoayuda, entonces "lo que el éxito comercial de Cincuenta sombras revela acerca de nosotros es esto: Somos una tribu enferma, ineficaz, todavía atrapada en una especie de estado larval".

 

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