Transición energética

Las centrales eléctricas de ciclo combinado pasan a ser las que más contaminan en España a pesar de su futuro incierto

Central de ciclo combinado en el Puerto de Barcelona.

Estaba cantado, pero no se preveía que sucediera tan pronto. Los ciclos combinados han adelantado al carbón como método de generación de energía eléctrica que emite más CO2 en términos absolutos, según datos hasta julio adelantados por El Periódico de la Energía. Eso no quiere decir que estas centrales, alimentadas por gas natural, sean más perjudiciales para el medioambiente: sino que ahora, tras la caída en desgracia del carbón, están produciendo más y, por lo tanto, haciendo crecer las emisiones de esta tecnología. De hecho, según datos de Red Eléctrica de España de julio, la generación mediante centrales de ciclo combinado fue la primera, por encima de la energía nuclear y las renovables.

El dato invita a la reflexión sobre el papel presente y futuro de las centrales de ciclo combinado en el mix energético españolmix. El gas, al igual que otras tecnologías, suele ser motivo de enfrentamiento y división en el debate sobre la acción climática del país. Unos lo defienden como tecnología de transición entre un pasado con predominio de generaciones más sucias y un futuro renovable, ya que el gas contamina mucho menos que el carbón en términos de gases de efecto invernadero. Otros argumentan que no tenemos tiempo para ninguna transición y que sería más eficiente apostar sin ambages por las energías totalmente limpias.

La intención del Gobierno, ahora en funciones, parece inclinarse más por los primeros. Sin demasiadas declaraciones o posicionamientos claros, el Ejecutivo recoge en su Plan de Energía y Clima hasta 2030 remitido a Bruselas que la capacidad instalada de generación de gas seguirá siendo la misma hasta entonces: 27.146 MW. Sus planes pasan por un desmantelamiento progresivo de la energía nuclear, nula en emisiones de gases de efecto invernadero, la desaparición del carbón y un aumento casi milagroso de la potencia renovable en la próxima década, por lo que el gas, cuya quema para producir electricidad emite CO2 y metano, se convertiría en la tecnología de respaldo para paliar la intermitencia inherente a las energías limpias.

"Hasta que el carbón no ha empezado a bajar, el ciclo combinado no lo ha superado, ya que todas las centrales están a menos del 50% de su capacidad", explica Carlota Ruiz, abogada del Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente (Iidma). La cifra es generosa: solo una central de las españolas se acerca a esa cifra. La mayoría no suele llegar ni al 20%. El gas en España atraviesa una paradoja curiosa: si bien se ha convertido en la primera tecnología de generación de electricidad en base a su producción, animadas por el bajo precio del gas, muchas de las centrales tienen a medio plazo su supervivencia en jaque. Y una de las razones está en la congelación de los pagos por capacidad, decretada por el ex ministro de Energía Álvaro Nadal en junio de 2018.

Los pagos por capacidad son retribuciones que determinadas centrales, como las de gas, recibían a cambio de estar siempre disponibles para ponerse en marcha en caso de que el sistema lo necesitara: por ejemplo, ante el riesgo de un apagón. Se eliminaron, aseguró el Ejecutivo de Rajoy, porque la Comisión Europea está muy encima de las llamadas "subvenciones encubiertas", es decir, apoyos estatales a sectores que más que una compensación por un servicio funcionan como dádivas de dinero público a actividades privadas que por sí solas no serían rentables.

Ecologistas y organizaciones en defensa de las renovables siempre han estado en contra de estos pagos por capacidad, por entender que desvirtuaban la libre competencia entre las tecnologías. "Toda esta partida millonaria la sufragan los consumidores con su recibo de la luz y cada año supone unos 800 millones incluidos en la factura (si calculamos la media de los últimos diez años). Los pagos por capacidad son uno de los costes regulados de la factura, ese abismo críptico entre lo que consumes y lo que pagas", critica Greenpeace en un informe, en el que desgrana los distintos pagos por capacidad que se han otorgado desde hace décadas: además del pago por disponibilidad, se otorgaron ayudas a las nuevas instalaciones, a las centrales de carbón para que contaminaran menos (algo investigado por Bruselas) y a las mismas, de 2011 a 2014, para potenciar la quema de carbón autónomo.

"El resultado es que España es el país que más tipos de pagos por capacidad tiene de Europa, el que más subvenciona a las centrales con energías sucias y el primero que empezó a concederla", aseguraba en 2018 –antes de la decisión de Nadal–, la organización ecologista, que entiende que este tipo de "subvenciones encubiertas" son más un pago directo de los consumidores a las energías sucias que un requisito indispensable para que el sistema funcione. "Entendemos que tienen que tener un propósito, y se tiene que garantizar que todas las tecnologías pueden entrar en esta subasta. No es lo que ha pasado hasta ahora en España", asegura Ruiz.

El futuro es incierto

Las eléctricas, como no podía ser de otra manera, no están de acuerdo. Exigen que se mantengan los pagos por capacidad hasta que la Unión Europea regule el sistema, y destacan que su congelación pone en jaque "la seguridad en el suministro de energía eléctrica". Las centrales de ciclo combinado han logrado colocarse en el primer puesto de generación eléctrica en el país porque, a pesar de que no están ni mucho menos a pleno rendimiento, son muchas. Y quizás ahí radique el problema: las ganancias, reducidas por el fin de las ayudas, se reparten demasiado. Greenpeace habla de un boom de la construcción de estas instalaciones la pasada década, impulsado por "unas expectativas de crecimiento de la demanda tan elevadas como irreales" que luego se quebraron con la crisis económica. "En 2005 se llegó a construir incluso una cada mes", señalan.

Así las cosas, en los últimos dos años se han sucedido las peticiones de cierre o de hibernación de las centrales. Naturgy, antes conocida como Gas Natural, es la más interesada: mantiene la solicitud de clausura de cinco instalaciones y de hibernación de dos. Sin embargo, esa pérdida de potencia no entra dentro de los planes del Gobierno, que estima que la capacidad de este tipo de generación se mantendrá intacta en los próximos 10 años. En caso de que la iniciativa privada se imponga sobre la pública, está por ver quién ocupa su lugar. El Ejecutivo pretende un aumento casi revolucionario de las energías renovables.

"A futuro, habría que esperar que los ciclos funcionen menos horas todavía, por el aumento de la producción renovable. Por tanto, cada vez será más difícil que puedan recuperar sus costes fijos con esas pocas horas que funcionen. Salvo que, o bien puedan ofertar a un precio muy alto (que les permita recuperar los costes fijos promediados en las horas que funcionen) o que haya un mercado de capacidad en el que puedan recuperar los costes fijos simplemente por estar disponibles", asegura el presidente de Economics for Energy, Pedro Linares. O sube el gas, o vuelven los pagos, aunque sean reformulados. El camino de las centrales de ciclo combinado no tiene mucha más opciones. 

Según los planes del Gobierno, España contará con 27.968 MW de energía eólica y 10.712 MW de energía solar (juntando la fotovoltaica y la termoeléctrica) en 2020. En 2018, la capacidad era de 23.023 MW en el caso de la primera y de 6.693 MW en el caso de la segunda. El reto es mayúsculo. La avalancha de nuevas peticiones de instalaciones, aupada por el abaratamiento de las tecnologías, la necesidad de la transición energética y la coyuntura favorable, ha generado un tapón, agravado por la especulación, que obstaculiza la revolución renovable y los objetivos del Ejecutivo.

Una ventaja fugaz: baja el precio de la luz

Como ya explicamos en la última escalada de los precios, el coste de la electricidad en el mercado eléctrico, según la composición de las subastas actuales, se marca por el coste de la generación más cara –y más contaminante–. Ante la caída en desgracia del carbón, que marcaba el precio del kilovatio/hora, el gas de los ciclos combinados es el que tiene la batuta. Y como el gas está barato últimamente (algo que, sumado a la congelación de las ayudas, lastra la rentabilidad de las centrales), el precio está en mínimos en los últimos meses. Así lo explican los analistas del grupo ASE en su informe del mercado eléctrico en julio, pero advierten: "Los mercados de futuros prevén una recuperación de la demanda en Asia y Europa para el 4º trimestre del año, con una escalada importante del precio".

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