guerra energética
Después de Venezuela, Irán: las petroleras de EEUU quieren acceso al sexto mayor productor de crudo
La Casa Blanca lleva días sugiriendo que atacará Irán para dar apoyo a las protestas que buscan derrocar al ayatolá Alí Jamenei, aunque no está claro si finalmente dará el paso. Han muerto más de 3.400 manifestantes hasta ahora, pero el presidente estadounidense Donald Trump dijo el miércoles que tiene la garantía de que "las matanzas se han detenido", lo que podría estabilizar la situación. En todo caso, en los últimos días se ha discutido si esta podría ser la siguiente maniobra, tras Venezuela, para hacerse con el petróleo de Irán, el sexto productor de crudo del mundo. El principal lobby petrolero de Estados Unidos ya dijo este martes que está preparado para "ser una fuerza estabilizadora en Irán si deciden derrocar al régimen".
Como ocurre con Venezuela, la capacidad de extraer crudo de Irán está muy limitada por la profunda crisis económica que sufre la república islámica, y las sanciones occidentales obligan a que sus carburantes solo puedan ser adquiridos por países aliados, principalmente China, a un precio sustancialmente inferior al del mercado regular. Si Estados Unidos logra tomar este mercado lograría no solo inundar el mercado global con más crudo –y reducir su precio–, sino dar acceso a las empresas a las terceras mayores reservas de petróleo del mundo.
Según la Administración de Información Energética de los Estados Unidos (EIA), Irán tiene bajo tierra 209.000 millones de barriles de petróleo, el 12% del planeta, solo por detrás de Venezuela y Arabia Saudí. También posee la segunda mayor reserva de gas natural, por detrás de Rusia. La producción diaria de crudo de Irán no tiene cifras oficiales, pero la OPEP, el clan petrolero de Oriente Medio, calcula que es de 3,2 millones de barriles diarios.
La cifra está sustancialmente por encima de los dos millones que extraía en 2020, pero por debajo de los cuatro millones que llegó a bombear en 2006, su récord del siglo XXI. La EIA también calcula que "si todas las sanciones fuesen retiradas, la producción de crudo de Irán podría regresar a su escenario original de 3,8 millones de barriles diarios". Y las empresas estadounidenses están dispuestas a hacer negocio con ellos. Según dijo este martes Mike Sommers, presidente del Instituto Americano del Petróleo, el mayor lobby estadounidense, Irán se posiciona ahora como el sexto productor del mundo, pero "podrían hacer mucho más", según declaraciones recogidas por Politico.
No obstante, tomar el crudo de Irán no será ni remotamente tan sencillo como hacerse con el de Venezuela. La república de Oriente Próximo supera los 90 millones de habitantes, está en el otro extremo del planeta –no en el "patio trasero" de EEUU– y no hay energéticas estadounidenses ni occidentales establecidas en el país, como sí ocurre en Venezuela, donde la petrolera Chevron lleva más de un siglo. De hecho, solo hay una empresa energética extranjera operando en Irán, una pequeña petrolera estatal rusa llamada ZN-Vostok.
Tomar el petróleo iraní también podría enfrentar a Trump con la OPEP, de la que Irán es miembro fundador, porque supondría una pérdida de su influencia. Irán extrae el 12% del crudo de toda la organización y es el tercer o cuarto productor del bloque, en función del mes.
Como el resto de petróleos del mundo, el iraní tiene sus particularidades físico-químicas, que lo hacen especial. Según Homayoun Falakshahi, director de análisis petrolero en Kpler, una consultora especializada en materias primas, el crudo iraní es de acidez media. "Ha sido de interés histórico para las refinerías del Mediterráneo y anteriormente incluso para las refinerías de la Costa del Golfo de Estados Unidos, algunas de cuyas instalaciones se diseñaron principalmente para el petróleo iraní en la década de 1970", subraya.
Como ocurre con Venezuela, la industria petrolífera de Irán tiene serios problemas de mantenimiento y de modernización porque no puede recibir inversiones de bancos extranjeros, maquinaria, repuestos o ingenieros. "Los principales retos para el sector petrolero iraní son la falta de capital y de tecnología moderna. La mayoría de las instalaciones datan de la década de 1970 y los nuevos proyectos se están estancando debido a la falta de capital, ya que las sanciones impiden la inversión extranjera", añade Falakshahi.
Las sanciones estadounidenses también impiden a las grandes empresas de refino comprar crudo iraní para convertirlo en combustible, y solo puede venderse a las refinerías pequeñas e independientes de China, las conocidas como teteras, algunas de las cuales también han sido penalizadas por EEUU por participar en este negocio.
La particularidad de las sanciones de Estados Unidos es que una vez que mete en esa lista negra a una empresa, un barco petrolero o un puerto, cualquier compañía del mundo que trabaje con ellos es también perseguida por el Tesoro, lo que disuade a cualquier firma internacional de operar en ese país. Es lo que se conoce como sanciones secundarias, que no tiene ningún otro país del mundo.
Tras varios días de mensajes de apoyo a los iraníes, Trump subió el tono este martes y advirtió que "la ayuda está en camino" y que había cancelado las reuniones que tenía su Gobierno con oficiales iraníes, lo que podría ser la antesala de un ataque aéreo. Sería la segunda ofensiva reciente, después de que en junio bombardease el programa nuclear iraní en el contexto de la llamada "Guerra de los 12 días", entre Irán e Israel.
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Como respuesta, Irán ha advertido que si sufre una ofensiva, contraatacará sobre las bases militares que Estados Unidos tiene en los países vecinos. Poco después, Trump ordenó evacuar parcialmente su principal base en la región, Al-Udeid, en Qatar. El ejército de Estados Unidos también tiene bases o personal militar en Kuwait, Iraq, Emiratos Árabes, Omán y otros países de la zona. Sin embargo, este miércoles pareció que las amenazas de Trump bajaban de tono cuando dijo que fuentes iraníes le habían garantizado que ningún protestante sería ejecutado.
La escalada de la tensión ocurrida en los últimos días ha provocado una subida moderada del precio del petróleo, que venía de bajar la semana pasada tras la intervención militar de Venezuela. El precio del barril WTI, la referencia en EEUU, pasando de los 56 dólares el 6 de enero a los 60 dólares. El temor a un conflicto en Irán, además de desestabilizar Oriente Próximo, podría provocar un corte temporal del tráfico en el Golfo de Ormuz, por donde pasa el 25% del petróleo y el 20% del gas que se transporta en el mundo.
Clayton Seigle, analista de energía y geopolítica del centro CSIS, escribía el pasado mes de junio, tras el breve conflicto armado de Irán e Israel, que es "improbable" que Irán apueste por este órdago porque cortar Ormuz supondría perder también su capacidad de exportar crudo, una vía indispensable para financiarse, "a menos que no tenga nada que perder". "El catalizador más probable para este escenario es un ataque militar de Israel o Estados Unidos que inutilice las instalaciones de exportación", añadió el analista.