España mantiene el ‘no’ al 5% en defensa, pero su gasto militar creció un 50% en 2025, el triple que en la UE
En opinión del presidente Donald Trump, España es un país “hostil a la OTAN” y que “no juega en equipo”. Es una de las muchas perlas que el mandatario norteamericano ha dedicado a España desde que el Gobierno rehusó seguir sus directrices en materia de gasto en defensa dentro de la Alianza Atlántica y cuestionó su política exterior en lo relativo a Irán. Un año después de que estas diferencias se materializaran en la cumbre de la OTAN en La Haya, Ankara (Turquía) será esta vez el escenario en el que se retomará el debate sobre cuánto contribuye cada país a garantizar la seguridad de sus socios.
Por eso, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, viaja a la capital turca este martes con todos los focos puestos sobre la polémica del gasto en defensa que deben afrontar los países de la Alianza y la reticencia de España de llegar hasta el 5% que exigió Estados Unidos y se acordó –sin el respaldo de España– el año pasado en La Haya. En el encuentro se debatirá sobre la posibilidad de ampliar el porcentaje de gasto efectivo o real hasta ese porcentaje (ningún país lo cumplió en 2025), pero el Ejecutivo español apuntará a mantener su 2% actual.
“España está ya en el 2% y ha entregado todas las capacidades que le ha solicitado la Alianza. Y las capacidades son lo importante para la defensa”, señaló este lunes José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores, en una entrevista a RTVE. En la misma línea se expresaba Margarita Robles, ministra de Defensa, que remarcaba que España estaba cumpliendo con las capacidades que se le requerían e insistía en que “pese a lo que diga Trump”, los mandos de la OTAN sabían que España estaba haciendo su parte. La posición de aliado incómodo viene porque el Gobierno se ha negado a acatar la cifra del 5%, aunque por el momento, según las propias cifras del organismo, ningún país alcanza ese porcentaje.
Ese "pese a lo que diga Trump" de Robles hace referencia a las reacciones airadas del presidente estadounidense a la posición española. Trump ha descrito a España como un “desastre” dentro de la OTAN y ha amenazado con represalias comerciales por su reticencia a alcanzar el porcentaje del PIB que él marcó y ante la negativa del Gobierno a autorizar a EEUU el uso de las bases militares de Rota y Morón para su participación en la guerra que ha iniciado en Irán.
Precisamente, los distintos conflictos internacionales —desde la invasión rusa a Ucrania (2014) hasta el conflicto de Estados Unidos en Irán (2025)— han ido creando un escenario donde el rearme es una realidad. De acuerdo con el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés), el gasto militar mundial alcanzó los 2,6 billones de euros en 2025, es decir, un 2,9% más en términos reales respecto a 2024, cuando el salto ya había sido de un 9% con respecto a 2023.
Si miramos el capítulo sobre España, SIPRI señala que el gasto militar aumentó un 50% el año pasado hasta los 34.265 millones de euros, lo que colocó su porcentaje de gasto en el 2% del PIB por primera vez desde 1994. En todo el continente la inversión ha aumentado en ese periodo un 14% (tres veces menos que el incremento registrado en España), llegando a los 736.000 millones de euros. Es el mayor crecimiento anual del gasto militar en Europa Central y Occidental desde el final de la Guerra Fría y define bien la espiral de rearme que afecta a todo el mundo.
Desde el Centre Delàs de Estudios por la Paz, Pere Ortega, investigador y experto en gasto militar, pone el acento en el gran salto que ha dado la partida económica destinada a defensa y resalta que la espiral de rearme actual terminará por hacer que se resientan otros servicios públicos. "Hay que entender y explicar de dónde ha salido todo ese dinero, porque en parte llega desde partidas de otros ministerios que no son el de Defensa y el Gobierno no está siendo claro en esto", explica.
En los datos que proporcionó la OTAN en 2025 se puede observar cómo la mayoría de los países se sitúan en el entorno del 2% de sus respectivos PIB y a la cabeza están aquellos que cuentan con regulaciones para que el gasto anual se mantenga en un porcentaje superior a ese 2% (marcados en el gráfico con un asterisco).
En España, esta carrera militar se concreta en diferentes contratos, pero también en la actividad de algunas empresas que giran hacia la defensa, aunque ese no hubiese sido su sector antes, para subirse a esta ola. En 2025 el Gobierno pondrá en marcha 42 Programas Especiales de Modernización (PEM) en defensa antiaérea o misiles que suponen una inversión de algo más de 33.300 millones de euros y que se desplegarán a lo largo de 15 años, según el Centre Delàs. Estas partidas, explica Pere Ortega, aún no se han abonado porque están en ejecución, pero es un dinero que comenzará a fluir en 2026.
"Para desarrollar estos PEM, el Ministerio de Industria ha concedido créditos (ayudas) en concepto de I+D a empresas militares por un importe de 22.827 millones de euros. En total, los programas de armamento vigentes ascienden a 81.957 millones en conjunto, lo cual supone un enorme compromiso de gasto para las arcas públicas a pagar en los próximos tres lustros", señala el Instituto Delàs en su informe.
Con estas cifras sobre la mesa, Delàs insiste en que el gasto en defensa es superior a lo que se estima oficialmente y apunta a un 2,42% del PIB, en vez del 2,1% que ha cuantificado el Gobierno. Ortega señala que desde Delàs consideran que hay partidas que se desvían a gasto militar y no se cuentan como tal, por lo que la factura aumenta. "Por ejemplo, las ayudas que se dan a las empresas militares desde el Ministerio de Industria y que este año han sido 5.500 millones. El Gobierno no las considera gasto militar, pero nosotros sí", concluye.
No solo participan gigantes de la defensa
En estos contratos PEM hay desde nombres de empresas españolas de defensa como Indra, Escribano, Urovesa o Navantia, hasta multinacionales como Airbus, Lockheed Martin (EEUU), Rafael (Israel), Thales (Francia) o General Dynamics Santa Bárbara (EEUU). Entre lo que se les ha encargado producir están baterías, buques, drones, helicópteros, sistemas de misiles o componentes tecnológicos.
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Pero más allá de los contratos que atañen a las armas, otras compañías españolas empiezan a fijarse en contratos de defensa, en un intento de aprovechar el ciclo de inversión desbocado que vive este sector. Entre ellas está Telefónica. En su junta de accionistas dio a conocer la intención de la compañía de fortalecer su presencia en productos de defensa y de ciberseguridad. La compañía que dirige Marc Murtra (antiguo CEO de Indra) ya cuenta con una filial de defensa (Telefónica Defensa y Seguridad) y se ha acercado a Indra para optar a posibles contratos de forma conjunta. Además, se acaba de hacer con un contrato de 89,1 millones para el suministro, renovación y soporte de licencias de software Microsoft para el Ministerio de Defensa.
No es la única que lo hace, explica Ortega: "Las industrias compiten para participar de este gran pastel y es normal". Otras que han dado un giro son las tecnológicas GMV, Sener y Oesía, que participan en el proyecto de Defensa para la creación de un nuevo caza tras el fracaso del Futuro Sistema Aéreo de Combate (FCAS) y también se acercan a Indra.
El investigador de Delàs critica esta deriva y pone el acento en que el flujo de recursos hacia el ámbito militar detrae recursos que podrían ayudar a reforzar el estado del bienestar. “Dicen que muchas tecnologías militares se trasvasan a lo civil, pero resulta más bien al contrario. La tecnología civil, por ejemplo, en el ámbito de la electrónica, es la que acaba adaptándose para usos militares”, explica. "Si todos esos proyectos, en lugar de enviarlos a la industria militar, se invirtiesen en lo civil, serían mucho más eficaces: por ejemplo, se calcula que por cada millón de euros de gasto militar se crearían nueve puestos de trabajo en educación", concluye.