La complicidad del Celta con el futbolista condenado ahora por abusos indigna al movimiento feminista

El jugador del Celta de Vigo condenado por abuso sexual Santi Mina.

Mojácar (Almería), junio de 2017. Santiago Mina Lorenzo abusa sexualmente de una joven de dieciocho años. Cinco años después, la Audiencia Provincial de Almería dicta sentencia: cuatro años de prisión. Santi Mina, futbolista de profesión y vigués de nacimiento, es fichado en el Real Club Celta de Vigo en julio 2019. El silencio cómplice del club despierta la ira del movimiento feminista desde el momento mismo de su fichaje. Piden al equipo acciones contundentes, que se multiplican en marzo con el inicio del juicio y se redoblan este miércoles una vez dictada la sentencia condenatoria.

Inmediatamente después de los hechos en el verano de 2017, saltan los titulares: "Santi Mina pasa la noche detenido tras ser denunciado por un supuesto abuso sexual". La existencia de una denuncia y una investigación contra el jugador es, por lo tanto, conocida por el club desde el principio. Concluida la fase de instrucción, la jueza considera a finales de 2019 que existen indicios suficientes para sentar a Santi Mina, ya en las filas del Celta de Vigo, en el banquillo de los acusados. Más titulares: "El juicio contra Santi Mina por agresión sexual se desarrolla en marzo del 2022". Silencio por parte del equipo. Es ahí precisamente, con el inicio de la vista oral, cuando las feministas deciden pasar a la acción.

Paula Ríos, portavoz de la Plataforma Feminista Galega, explica que el tejido feminista vigués pide en ese momento "responsabilidades al Celta" porque entiende que la simple existencia de una denuncia por agresión sexual interpela directamente al movimiento de mujeres. "Lo hacemos siguiendo una máxima feminista: hermana, yo sí te creo", señala la activista, quien reprocha que el club directamente decidiese fichar a un hombre denunciado por violencia sexual. "Si durante el 8M el Celta publica tuits comprometidos con el feminismo, lo coherente es que haga evidente ese compromiso", considera.

Ximena González entiende cuanto menos "imprudente por parte del club contratar a una persona pendiente de juicio por un hecho tan grave". La activista forma parte de la Marcha Mundial das Mulleres, entidad que pidió al equipo una condena firme a los hechos y acciones contra el jugador desde el inicio del juicio. "Entendemos que hay que ser prudentes, pero pedimos que se apartase al jugador durante el tiempo que durase el juicio", explica. Escribe este miércoles el periodista Xosé Ramón Castro en La Voz de Galicia que "durante mucho tiempo, Mina ha sido protegido por el club al máximo. No solo la cúpula defendió la presunción de inocencia, sino que el propio entrenador lo pasó del banquillo de los acusados al banquillo de Balaídos la misma semana del juicio y sin un entrenamiento encima".

No sólo el club no tomó medidas, sino que "hizo todo lo contrario: blindar al jugador", denuncia González. Para Ríos, el abanico de actuaciones que podría haber desplegado el equipo es amplio: desde publicar un comunicado "teniendo en cuenta la presunción de inocencia, pero también su compromiso feminista", hasta sencillamente haberle despojado del protagonismo del que sí gozó el jugador, apartarle de la primera línea y que "no hubiera contado con él en los partidos". Impedir cualquier tipo de relevancia pública, contener la ovación en las gradas. Ahora, completa González, es momento de que el club sea "todo lo contundente que no fue, apartando al jugador pero también rescindiendo su contrato, porque hoy el Celta de Vigo tiene constancia de que un violador estuvo jugando".

Consecuencias para el jugador

¿Qué ha dicho el Celta? Este miércoles, el club ha comunicado la apertura de un expediente disciplinario para "dilucidar sus responsabilidades laborales". En paralelo, el equipo decidió apartar al jugador "provisionalmente de los entrenamientos", sin perjuicio de que "continúe realizando las actividades que al efecto le indique el club". En el mismo comunicado, el Celta de Vigo se apresura a señalar que "respeta el derecho de defensa del jugador", pero dice mantenerse contundente ante "aquellos hechos que menoscaban de forma notoria la imagen del club". Ninguna mención de apoyo a la víctima, ninguna condena explícita a la violencia sexual contra las mujeres. Igual de parco en palabras ha sido el presidente del equipo, Carlos Mouriño. En un vídeo de apenas medio minuto publicado el miércoles, el máximo accionista del club expresa su "enérgica condena a los hechos acontecidos". En este comunicado pesan aún más los silencios: el presidente del club ni siquiera menciona el nombre de Santi Mina. La junta directiva decidió a última hora del miércoles que el delantero no volverá a jugar esta temporada. Sus servicios jurídicos reconocieron que la situación contractual es "compleja" y no contemplan un despido "inminente".

Fabián Valero, socio director de Zeres Abogados y especialista en derecho laboral, explica la letra pequeña del caso desde una perspectiva estrictamente laboral. "En el Estatuto de los Trabajadores no existe nada específico sobre el despido cuando tenemos una pena de prisión sin sentencia firme", observa en conversación con infoLibre, aunque en su artículo 45 sí contempla la suspensión del contrato de trabajo del trabajador en prisión provisional. En caso de que la pena de prisión fuese firme, sí existiría la posibilidad de despido disciplinario por absentismo laboral, argumenta el letrado. Pero no es el caso de Santi Mina: la sentencia no es firme y el jugador no ha ingresado en prisión.

Este vacío en lo que respecta a la legislación laboral puede funcionar para alguien que trabaja de astillero o recepcionista, abunda el jurista, pero es distinto cuando se trata de un equipo de fútbol. Valero apela a la "responsabilidad social y repercusión mediática" del club. El artículo 17.2 del real decreto que regula la actividad laboral de los deportistas profesionales permite sancionar a estos trabajadores cuando sus actividades extra deportivas "menoscaben de forma notoria la imagen del club". Además, el código ético del Celta de Vigo destaca que la imagen del club es el "resultado de un proceso colectivo" y todos sus integrantes son "responsables de conservar y mejorar la imagen de confianza, credibilidad y fidelidad de los seguidores". 

Una condena por abuso sexual, es evidente, contraviene los principios recogidos en el código ético, suscritos por todos sus trabajadores, por lo que sería posible castigar al jugador mediante despido disciplinario. "Hay bases", insiste el abogado, "si el Celta quiere, lo puede intentar".

Echando la vista atrás, el letrado sí reconoce dificultades en un eventual despliegue de medidas preventivas. "Al margen del punto de vista moral o ético, a nivel laboral habría sido más difícil de justificar una suspensión de empleo y sueldo" por el hecho de estar el jugador inmerso en un proceso judicial: la causa no habría quedado plenamente justificada y su presunción de inocencia podría podría debilitarse sustancialmente. El daño reputacional, argumenta, es sólido y evidente ahora que existe condena.

"Aún recordamos los gritos del Betis"

Valero aporta una de las claves del debate: el Celta de Vigo no es una empresa más. Lo completa Ximena González: "Les guste o no, ellos articulan una gran comunidad de gente, la infancia está muy vinculada al mundo de fútbol y hay mucha gente que les mira con admiración". La responsabilidad es evidente. Para Paula Ríos, el problema está en las entrañas mismas del fútbol. La conciencia contra la violencia machista "no está trabajada en el fútbol, tampoco por parte de los periodistas deportivos". Este miércoles, el diario Abc se hacía eco de la condena bajo el titular "La noche que arruinó la carrera de Santi Mina", que después rectificaría. Tampoco la afición está siempre del lado de las víctimas. "Aún recordamos los gritos del Betis", recupera Ríos, en referencia al jaleo de la afición sevillana más reaccionaria, "era una puta, lo hiciste bien", en apoyo a un maltratador. 

En pleno rugido feminista contra la agresión de los Sanfermines de 2016, los ultras del Sevilla desplegaban una pancarta de aliento a uno de los agresores de La Manada. El Espanyol permitió la exhibición de carteles durante un encuentro con el Barça en las que se podía leer "Shakira es de todos". Y en febrero de este mismo año, los medios de comunicación se hacían eco de un audio en el que el entrenador del Rayo Femenino animaba a su cuerpo técnico a "hacer una como los del Arandina", en referencia a los jugadores que abusaron sexualmente de una menor.

Las feministas echan de menos el respaldo sin titubeos por parte de la afición del Celta de Vigo. "Entendemos las diferentes velocidades a nivel social, pero creemos que la afición pudo pedir que se apartara al jugador", exclama Ximena González. Mientras la violencia en redes sociales se propagó contra las feministas, el apoyo llegó, como suele ocurrir, con timidez y a cuentagotas.

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