Un sistema que repite estereotipos: los jóvenes racializados lo tienen más difícil (también) en las aulas
Sanae empezó a darse cuenta de todo cuando llegó a la universidad. Nacida en Marruecos y criada en la ciudad madrileña de Leganés, nunca había visto mucha diferencia entre compañeros. Tampoco su adolescencia fue una época tan mala como dibujan algunos estereotipos. En esa etapa descubrió su pasión. Fue una de sus amigas de clase quien la introdujo a la poesía, disciplina que practica ahora, con un poemario publicado bajo el título Agharas (Camino en amazigh). Estudió el bachillerato de Artes y luego la carrera de Diseño de Moda.
Pero allí las situaciones aparentemente puntuales que había experimentado en el colegio y en el instituto comenzaron a adquirir un sentido diferente al que ella misma les había dado. Ante los comentarios fuera de lugar, las miradas y el tratamiento distinto por parte de sus profesores comprendió que ese tipo de discriminación ya la había vivido antes, aunque inconscientemente. La evidencia estaba ahí. Según relata, a su hermano pequeño lo expulsaron del instituto por “mal estudiante”, algo que la ley no permite en España en la educación obligatoria; a una amiga suya, de origen iraquí, le comunicaron que debía acudir a clase en un curso inferior al que le correspondía por edad y fue derivada al PMAR, un programa de apoyo para alumnado con dificultades de aprendizaje que, según sostiene, no necesitaba.
Antes de llegar a la universidad la respuesta habitual ante este tipo de microviolencias era un simple “el profesor me tiene manía”. Pero esa explicación resulta insuficiente para describir dinámicas que, según relatan numerosos estudiantes, se repiten en las aulas. “Me fui dando cuenta de que no solamente siendo de origen inmigrante encuentras trabas con respecto al resto de compañeros, sino que había profesores que, de una forma u otra, te estaban condicionando constantemente”, cuenta Sanae a infoLibre.
El racismo, ese problema que cada vez más en auge en España, también atraviesa la educación y deposita las semillas para que, con las nuevas generaciones, nada cambie. De hecho, según datos del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, en España los delitos de odio relacionados con la raza son los más frecuentes y suponen el 41,13% del total.
Si esta realidad se traslada al ámbito escolar, las consecuencias se multiplican. “Si no tienes una autoestima bien construida, llegas a clase y cualquier comentario te puede destruir. Si tú tienes un profesor que ve que no estás rindiendo como ellos quieren y te dicen que eres un vago o mal estudiante y solo destacan lo negativo, vas a decir: ‘Mi padre me está diciendo que soy inútil, he tenido un mal día y encima llego a clase y mi profesor me dice que soy un vago’”, expone Sanae.
Consecuencia: el abandono escolar
Las repercusiones de toda esta situación se materializan en las cifras de abandono escolar. Según los últimos datos publicados por el Ministerio de Educación, los estudiantes extranjeros siguen teniendo una tasa de abandono mucho mayor a la de sus compañeros españoles. Ya en 2021, la tasa de los alumnos extranjeros era del 41,5%, según el Observatorio Social de la Caixa, mientras que la de los estudiantes españoles era de tan solo la mitad, un 20%. Entre los hijos de inmigrantes con nacionalidad española la dinámica no mejora. Según un estudio de Funcas, solo un 28% accede a la universidad, frente al 43% de los hijos de españoles.
Uno de los principales motivos de esta realidad se encuentra en la base del sistema educativo: el profesorado. Así lo acredita el mismo informe de laCaixa, que cuenta que los alumnos que abandonan suelen hacerlo porque sienten que sus profesores no confían en ellos. Hay más datos que respaldan esta lectura. En el informe El impacto del racismo en España de 2024, un 7,6% de los alumnos racializados participantes percibían que sus profesores les trataban peor que al resto de sus compañeros y el 43,4% de los encuestados había sufrido alguna experiencia discriminatoria en la escuela basada en su origen étnico.
Estos prejuicios o falta de interés pueden materializarse hasta con los alumnos más pequeños. Beatriz Ballestín González, antropóloga y miembro del Grupo INMIX del Departamento de Antropología Social y Cultural de la UAB, ha podido comprobar en sus estudios sobre la educación primaria en Cataluña, que a los niños que venían de familias africanas o latinas se les evaluaba bajo creencias estereotipadas o racistas. “Poca madurez”, ”falta de hábitos” o familias que “no valoraban la escuela”, son solo algunas de las ideas que tenían los profesores.
“Si los alumnos no tienen la capacidad de regularse emocionalmente, porque es una etapa muy vulnerable y no tienen herramientas, obviamente se van a creer todo el discurso y van a acabar destrozados. Muchos chavales abandonan los estudios porque vienen de un entorno complicado. Si tú llegas a clase y los profesores, en vez de motivarte, solo destacan lo malo o te hacen creer que eres cosas que no eres, vas a decir: ‘¿Yo qué hago aquí? Yo no valgo para esto’”, apunta Sanae.
Pocos recursos y mucha ultraderecha
Las actitudes de los profesores no son más que un reflejo de la propia sociedad. Solo hay que ver los partidos políticos en auge en todo el mundo. En España, por ejemplo, el secretario general de Vox y máximo responsable del partido en Cataluña, Ignacio Garriga, relacionó la regularización de migrantes con un aumento de “inseguridad en las calles”. Y parece que su opinión la comparte cada vez más gente. En el último CIS se consagraba la subida del partido liderado por Abascal en intención de voto, recogiendo esta formación la mayor escalada entre los meses de enero y febrero.
Pero el ejemplo más extremo es el de Estados Unidos. Allí, las redadas del ICE –Servicio de Inmigración y Control de Aduanas– ya han dejado dos muertos: Renee B. Good y Alex Pretti. Ambos estadounidenses. Ante la brutalidad de estas intervenciones, muchos vecinos inmigrantes de Mineápolis –la zona más afectada por estas políticas antimigratorias– han decidido no salir de sus domicilios. Desde la Casa Blanca, por si fuera poco, se refieren a ellos como "illegal aliens", los incluyen en sus discursos como elementos distorsionadores de la seguridad nacional o, directamente, los catalogan como “criminales”.
Ante este panorama, cambiar la actitud general ante la inmigración es complicado y más si el tiempo y los recursos no acompañan. “La falta de atención hacia las personas migrantes o ante el racismo es una cuestión de falta de medios que no va solo en contra de las personas migrantes sino contra la diversidad en general”, apunta Andrés Maroto, secretario de Enseñanza e Intervención Social de CNT Madrid y profesor de secundaria en Orcasitas (Madrid).
“Es muy difícil, con el número de alumnos que tenemos por aula, individualizar las enseñanzas. Los problemas que nos encontramos, como la falta de integración o el hecho de que los alumnos no se consideran bien tratados, son cuestiones que se dan en general en la escuela. Además, el problema también recae en que en el sistema educativo hay estructuras que segregan por definición, por ejemplo, con las escuelas bilingües”, añade.
En este sentido, Aída San Millán, secretaria general de la Federación de Educación de CCOO de Madrid, coincide en que el problema recae, en mayor medida, en el propio sistema educativo: “Los fallos tienen que ver con la dotación presupuestaria que se le da a la educación pública. En el caso de Madrid no se puede atribuir el problema a unos docentes que tienen horarios lectivos por encima de la media nacional, unos salarios por debajo y unas ratios que no atienden a las necesidades educativas de los alumnos migrantes. En el sistema educativo español –y sobre todo en el madrileño– todo falla y los que acaban afectados son los más vulnerables”, expone.
Resultado: pérdida de la identidad y división
Las narrativas que rodean a estos jóvenes pueden provocar que ellos mismos acaben por creer lo que oyen a cada paso que dan. Un informe de la Fundación porCausa, explica, a raíz de varios testimonios, que las experiencias que los jóvenes tienen con el racismo en la vida cotidiana conforman cómo entienden que les percibe la gente. Aquí entra en juego la identidad y, sobre todo, el riesgo de que acaben renegando de ella.
“Siempre les sitúan en el mismo lugar, les atribuyen las mismas cualidades o defectos. En el colegio o en el instituto son muchas veces rechazados o se quedan aislados de sus compañeros. Ante este tipo de situaciones, lo que acaba sucediendo es que los propios chicos acaban pensando que el problema lo tienen ellos”, expone Vanesa Martín, responsable del grupo Empower Youth de la Fundación porCausa.
Esta organización no gubernamental, consciente de esta situación, ha decidido dedicar precisamente a la infancia y la juventud el próximo Congreso de Periodismo de Migraciones que cada año celebran en la ciudad de Mérida y que, en esta ocasión, tendrá lugar los días 14 y 15 de octubre.
Por su parte, Ballestín coincide con Martín y considera que los comentarios que parecen inofensivos pueden acabar mermando la autopercepción de los jóvenes. “Nuestras investigaciones en INMIX muestran cómo los chicos racializados o inmigrantes viven situaciones cotidianas de racialización —como comentarios sobre su color de piel o su supuesta peligrosidad— que acaban afectando su identidad y su relación con las instituciones, incluida la escuela”, argumenta.
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La otra cara de la moneda, la división entre alumnos blancos y alumnos racializados, pasa (en parte) por algo más entendible: cuando sufres rechazo por el resto, tus semejantes son el entorno más seguro. “Los chicos de Empower Youth siempre hablan de situaciones en las que los profesores juzgaban su religión sin conocerla y en las que el resto de compañeros directamente les ignoraban. Se les coloca como el otro desde el chiste y el estigma. Ante eso, cuando las personas de tu alrededor no son tan acogedoras, te refugias en lo que conoces y te acabas juntando solo con personas de tu misma etnia”, cuenta Vanesa Martín.
Aunque este aislamiento o división puedan ser voluntarios lo cierto es que, según la experiencia de Sanae, en muchas ocasiones se impone sobre los alumnos. “En las aulas hay una clara división entre personas nativas y no nativas, pero a veces esas divisiones las generan los propios profesores. Yo recuerdo que a las que éramos de origen marroquí nos ponían juntas. El profesor considera que ese es tu espacio seguro. Entonces, si el propio alumno no hace la labor de conocer al otro y el otro tampoco, estamos constantemente en una rueda sin fin”, expone.
Con esta división, la reproducción del racismo se vuelve casi segura. En edades más tempranas, la discriminación no se alimenta solo del odio puro o del rechazo sino, ante todo, de la falta de entendimiento o comprensión. “Creo que si las familias no educan en el respeto al otro, el racismo se va a mantener. Los chavales repiten patrones que viven en su casa. Para mí el problema no reside en los alumnos, sino en lo que hay detrás”, zanja.