Elecciones 2013

Alemania parece abocada a las coaliciones para formar gobierno

Alemania está abocada a las coaliciones para formar gobierno

El candidato socialdemócrata reprochó el martes pasado en el Bundestag (Parlamento) a Angela Merkel que hubiera recetado al país “una píldora tranquilizante”. Peer Steinbrück aludía a la intención deliberada de los democristianos de la canciller de adormecer una campaña electoral que transcurre entre el aburrimiento social y los áridos temas económicos a poco más de dos semanas de la cita con las urnas, el próximo 22 de septiembre. En su línea habitual, Merkel replicó tajante y segura de sí misma: “Han sido cuatro buenos años para Alemania”. La canciller sabe que en esa afirmación se sustenta buena parte de su popularidad y de su lugar de cabeza en las encuestas. No obstante, el reciente debate en televisión entre Merkel y Steinbrück, que se inclinó en favor del segundo, ha dado alas al SPD que todavía confía en una remontada, pese a que las encuestas conceden a la canciller una horquilla de voto entre el 42% y el 45% mientras otorgan apenas el 26%, en el mejor de los casos, para el mayor partido de la izquierda. Esta falta de pasión en la campaña explica que la energía política, periodística y ciudadana se concentre en las quinielas para las inevitables coaliciones que deberán formarse en Berlín tras los comicios.

Un sistema electoral complejo

Poca gente sabe, fuera de las fronteras de Alemania, que el sistema electoral germano, muy proporcional y donde cada elector dispone de dos votos, convierte en una misión casi imposible la obtención de una mayoría absoluta en el Bundestag. De hecho, la historia política alemana desde la Segunda Guerra Mundial está dominada por gobiernos de coalición, en su mayoría con los liberales del FDP como bisagra, ya fueran la CDU o el SPD los dominantes. Cancilleres de la talla del democristiano Helmut Kohl o el socialdemócrata Willy Brandt gobernaron habitualmente en coalición. El decisivo y habitual papel de bisagra del pequeño partido liberal ha llevado a que el Auswärtiges Amt (Ministerio de Exteriores) haya estado casi siempre en manos del FDP hasta el punto de que uno de los chistes favoritos entre los diplomáticos alemanes sea que, para prosperar en esa carrera, hace falta afiliarse a los liberales.

Así pues, de los dos votos de que disponen los alemanes, el primero permite votar por un candidato que aspira a un mandato directo en el Bundestag, mientras el segundo voto determina la cantidad de diputados que cada partido tendrá en el Parlamento federal y con este sufragio se apoya una lista cerrada. En una palabra, se trata de un complejo y muy proporcional sistema que muchos expertos ponen como ejemplo de representatividad en una democracia. Para hacerse una idea de este sistema, de los 598 escaños del Bundestag, la mitad de los parlamentarios resultan elegidos directamente por el primer voto y, en cualquier caso, las formaciones políticas deben rebasar el 5% de los sufragios en el distrito único que engloba a toda Alemania cuando se trata de elecciones federales.

Una campaña en clave casera

Embarcados los principales candidatos en temas de política interna y con amplias coincidencias en cuestiones económicas entre los dos grandes, los asuntos internacionales no han ocupado significativos espacios en la campaña ni interesan especialmente a la mayoría de la población. Por ello, los esfuerzos del SPD por culpar a Merkel del espionaje que ha sufrido Alemania por parte de Estados Unidos, desvelado por el caso Snowden; o la tibia actitud tanto del Gobierno como de la oposición en el conflicto de Siria; están pasando a un discreto segundo plano en los mítines, los debates de televisión o las redes sociales. Salvo Grecia, por la inminencia de un nuevo rescate, la situación en el resto de países de la Unión Europea, incluida España, no preocupa especialmente a la mayoría de políticos alemanes ni a sus votantes. En un escenario de relativa bonanza económica, con un paro en torno al 7% y con los pilares del Estado del bienestar más o menos incólumes, la disputa entre Merkel y Steinbrück, los únicos candidatos con posibilidades reales de gobernar, no va mucho más allá de graduar un poco la ecuación entre austeridad y crecimiento bien a favor de la primera (CDU) o bien del segundo (SPD). No cabe olvidar que Steinbrück fue ministro de Hacienda durante el periodo de la Grosse Koalition (gran coalición) de los dos grandes partidos entre 2005 y 2009 lo que ofrece una clara idea de lo cercanos que pueden llegar a estar la canciller y el aspirante socialdemócrata en temas económicos.

Juegos de alianzas

A Merkel le encantaría renovar su alianza con los liberales si los resultados le sonríen al centro-derecha y seguiría, de ese modo, instalada una coalición negro-amarilla (por los colores de CDU y FDP) en la Cancillería, al igual que en los últimos cuatro años sin olvidar al eterno socio bávaro: la CSU. Ahora bien, si estos sufragios no fueran suficientes la hábil gobernanta podría tantear la posibilidad de una nueva Grosse Koalition (gran coalición), que el SPD descarta en principio; o incluso sondear a Los Verdes a los que Merkel agradó en los últimos tiempos con su decisión de cerrar las centrales nucleares germanas antes del año 2022. No obstante, estas combinaciones serían más antinaturales, aunque en la política alemana se ha visto de todo, sobre todo en los länder (Estados federados). La lógica, pues, indicaría que el abanico se reduce a una coalición conservadora (CDU-FDP) o una progresista (SPD-Los Verdes).

Fracaso de los populismos

Entretanto, las tendencias populistas no parece que vayan a conseguir unos resultados aceptables en las elecciones del 22 de septiembre, ni en la extrema derecha ni entre los alternativos. A pesar de que en Alemania se agita con frecuencia el fantasma de los neonazis, lo bien cierto es que la ultraderecha se suele quedar muy lejos del 5% necesario para entrar en el Bundestag. Al otro lado, la sorprendente irrupción de Die Piraten en algunos Parlamentos regionales (länder) se ha frenado en seco. Nacidos como un movimiento basado en las redes sociales y en una apuesta por la democracia digital, al estilo de los italianos de Beppe Grillo, los piratas se han enzarzado en disputas internas y han fracasado a la hora de convertir sus reivindicaciones en propuestas concretas, una vez han logrado representación en algunos länder. En una palabra, que una cosa es predicar y otra muy distinta dar trigo.

La recta final

En cualquier caso y a dos semanas de las elecciones, la modorra electoral, la letargocracia alemana, puede volverse como un bumerán en contra de las aspiraciones de Merkel porque la seguridad en el triunfo y la autocomplacencia desmovilizaría a sus votantes. Esta aburrida campaña viene acompañada, como resulta lógico, por un porcentaje significativo de indecisos que intenta atraer el SPD tras el relativo éxito de su candidato en el único debate en televisión. Quien no se consuela es porque no quiere y así los socialdemócratas todavía confían en una remontada de última hora y recuerdan con una mezcla de nostalgia y autosugestión que el último canciller del SPD, Gerhard Schröder, corrió un sprint en los últimos metros, tanto en 2002 como en 2005, para llegar a la meta y gobernar con Los Verdes. Pero no da la sensación de que Steinbrück tenga madera de velocista, mientras a Merkel le bastará con mantener un ritmo constante en su carrera. Y ella ha demostrado, desde sus tiempos de la chica favorita de Helmut Kohl, que es una corredora de fondo.

Steinbrück dimite de todos sus cargos

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