Crisis de los refugiados

El 'almacén de almas' griego: los refugiados que se quedan a las puertas de Europa

Una mujer cubre este jueves a su hijo con un plástico en un centro de acogida situado en la frontera entre Grecia y Macedonia.

Helena Vázquez | Atenas

Los jefes de Estado y de Gobierno de los 28 países acordaron esta semana con el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, devolver a Turquía a todos los "migrantes irregulares", tanto los "económicos" como los “refugiados”, incluidos los sirios. Ese intento de frenar el flujo migratorio a Europa “a la desesperada” llega en un momento en el que Macedonia, país vecino de Grecia, decide cerrar definitivamente sus fronteras. En ese contexto, 35.945 desplazados, según cifras publicadas este miércoles por el Órgano de Coordinación de Gestión de Crisis de Refugiados, se encuentran bloqueados en Grecia esperando llegar a Europa para dejar sus maletas y rehacer sus vidas después de la guerra.

Ante el volumen de refugiados y migrantes económicos que acoge el país helénico, el domingo pasado, bajo un sol abrasador, la plaza Syntagma se convirtió en el punto de recogida de alimentos y objetos de primera necesidad para los refugiados. A lo largo de esa jornada inédita, la alegría inundaba el recinto, la llegada de productos no cesaba, por lo que organizadores y asistentes se enorgullecían de la ayuda de la ciudadanía griega. El mensaje de solidaridad lanzado por miles de griegos el fin de semana contrastaría con la decisión que se tomaría en Bruselas la noche del día siguiente.

Un principio de acuerdo con efectos limitados

En la capital belga, optaron por cerrar las puertas de Europa a la mayoría de refugiados. Sin embargo, el consenso de ambas partes en la cumbre de esta semana es solo un primer acuerdo que necesitará concretarse. Por ello, el pasado martes, el primer Ministro griego, Alexis Tsipras, se desplazó a Turquía con el fin de empezar a cerrar los detalles de la cooperación entre ambos países que plantea el acuerdo, cuya decisión final debería adoptarse en la cumbre que tienen previsto celebrar en Bruselas, junto con los otros representantes europeos, los días 17 y 18 de marzo.

Su aplicación a gran escala podría llevar meses, o incluso podría ser que nunca se cerrara, apunta un artículo en el periódico The Guardian. El diario británico señala que Grecia y Turquía quisieron desarrollar un esquema de readmisión similar pero este nunca pudo materializarse por una serie de desacuerdos. Asimismo, apunta que, en la actualidad, las instituciones de asilo en Grecia solamente tienen alrededor de un tercio de los trabajadores que deberían encargarse de procesar las demandas de asilo. Por ello, el artículo concluye que el procesamiento y retorno de un gran número de refugiados sería del todo menos inmediato, aunque ambos países cierren definitivamente el trato.

Sin soluciones inmediatas ni un sistema de reasentamiento en funcionamiento, la media de llegadas a las islas persiste y alrededor de 35.945 refugiados se encuentran actualmente en Grecia. Por ello, a finales de semana habrá 14 nuevos centros temporales abiertos que podrán albergar a 14.000 personas, según informa el Organismo Central de Coordinación para la Gestión de la Migración. Pero estas instalaciones podrían ser insuficientes si la cifra se incrementa. En ese sentido, el ministro griego de Migración, Ioannis Mouzalas, ha asegurado que solo podrá acoger a un máximo de 70.000 desplazados. En una reciente entrevista en el diario austríaco Wiener Zeitung, el ministro confirmó que el país no podría expandir indefinidamente la capacidad de los albergues y campamentos y negó la posibilidad de acoger a más migrantes.

Refugiados e inmigrantes económicos, con menos alternativas

Hasta ahora, el paso fronterizo cerca de Idomeni, región situada a la frontera entre Grecia y Macedonia, era la única salida legal de los desplazados. La oportunidad de continuar el viaje a su deseada Europa empezó a desaparecer a mediados de febrero. A partir de entonces, solo podían cruzarla iraquíes y sirios, y las autoridades abrían el paso con cuentagotas. Ese progresivo cierre culminó el lunes pasado, coincidiendo con la celebración de la cumbre, cuando ya no dejaban pasar a ningún refugiado a Macedonia.

Este miércoles, las autoridades de Macedonia lo confirmaron: anunciaron el cierre definitivo de la Ruta de los Balcanes para los migrantes. Una decisión que Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, aplaudió: “Agradezco a los países de los Balcanes occidentales que estén implementando parte de la estrategia integral de la Unión Europea para hacer frente a la crisis migratoria”.

13.000 personas siguen esperando que llegue su turno ante la frontera. La noche del pasado lunes, después de que les comunicaran que el paso permanecía cerrado, las condiciones meteorológicas también les jugaron una mala pasada: llovió a cántaros y el suelo del campo de Idomeni se inundó de barro. Los suministros limitados de alimentos y agua, las condiciones antihigiénicas, las tiendas mojadas y las bajas temperaturas generaron hicieron estallar el caos, según informa la prensa nacional. Asimismo, el estado de salud de muchos refugiados instalados en esa zona del norte de Grecia empeora a diario. Aunque por el momento no hay ninguna epidemia, "hay un gran número de niños y mujeres jóvenes y las mujeres embarazadas que requieren atención", informó Yiannis Baskozos, secretario general del Ministerio de Salud.

Esperar, desde el lunes, ya ha perdido todo el sentido. Por ello, la Agencia Europea de Apoyo al Asilo (EASO) repartió panfletos en árabe instando a los refugiados a salir del campo Idomeni y buscar refugio en otros centros de reubicación establecidos recientemente por el gobierno. Muchos se resisten a huir de allí mientras que, desde la capital, otros se empeñan en llegar a Idomeni. Por desinformación o tozudez, varios refugiados hospedados en el puerto de Piraeus siguen intentando coger un tren que les lleve a la frontera desde Atenas.

Atenas, un almacén de almas

Dos ferris con más de 670 migrantes y refugiados llegaron el miércoles a Pireaus. Mohamed Hamut, de Siria, era uno de ellos. Tiene previsto hospedarse en las instalaciones del puerto y, la mañana siguiente, quiere desplazarse a Idomeni. Cuando se le pregunta por qué intentarlo, responde atónito, como muchos otros, con otra pregunta: "¿La frontera está cerrada?". Él tampoco sabía que no se le permitiría pasar al país vecino. Este padre de ocho hijos está desesperado por encontrar ropa de abrigo y una tienda de campaña para poder dar cobijo a su familia. Las terminales del puerto son el techo de 4.120 desplazados, según las autoridades gubernamentales griegas, y en muchas de las terminales ya no queda espacio entre manta y manta.

Lo que tenía que ser un techo temporal, ahora parece cada vez más definitivo. Están construyendo su nueva cotidianidad en esas instalaciones: juegan al futbol, hablan con las tiendas de campaña de los vecinos o pasean delante del mar. Otros, se pasan horas mirando el Egeo sin conversar con nadie. En esta extraña normalidad no queda espacio para la esperanza: no pueden o no quieren volver a casa pero tampoco pueden continuar. Hace unos días Alexis Tsipras advirtió que Grecia no se convertiría en “un almacén de almas”, pero la realidad habla por sí misma.

Muchos han perdido su hogar en su país de origen, ya sea porque las bombas acabaron con él o porque lo vendieron para financiarse el viaje a Europa. Así lo cuenta una joven afgana que reside desde hace 15 días en el campo de Elliniko, el antigo aeropuerto de Grecia. No puede contener con lágrimas cuando se le pregunta por su casa y su pueblo. Esta joven, que prefiere mantener el anonimato, denuncia las condiciones precarias del campo donde viven 3.070 desplazados, mayoritariamente afganos. La descripción de su vida en el campo se rige por el “no puedo”. No puede ducharse, lavar la ropa, comer más de dos veces diarias, tener un médico cuando lo necesita, beber más de una botella de agua embotellada, dormir sin interrupciones... Esas son las condiciones que se viven en la mayoría de instalaciones habilitadas para los migrantes en la capital.

¿Nuevas rutas?

Los representantes europeos se mostraban convencidos que el acuerdo con Turquía podría echar atrás a las mafias. Así lo reafirmó la canciller Ángela Merkel en una entrevista concedida a la emisora de radio SWR. Lo cierto es que para muchos, ahora, la única salida que queda es ilegal. Así lo confiesa Mourad Hassin, un tunecino atrapado en Grecia. Los planes de él y sus compañeros son llegar a Europa desde Italia.

Las nuevas posibles rutas han encendido aún más las alarmas a los países que comparten frontera terrestre o marítima con Grecia. El primer ministro de Bulgaria, Boiko Borisov, dejó claro este fin de semana que sus entradas estaban selladas. Informó que más de 400 personas de los servicios de seguridad estarían de forma permanente custodiando la frontera y "quinientos más pueden movilizarse en cuestión de horas”.

Bulgaria, que aprobó recientemente reforzar las competencias del Ejército en su frontera, también controla sus entradas por Turquía, donde cerca de 2.000 policías patrullan con los perros en sus fronteras mientras se está extendiendo una valla de alambre de espino que ya tiene 30 kilómetros a otros 130 kilómetros más. Al otro lado se encuentra Italia, donde sus representantes ya están tomando medidas para prevenir una nueva afluencia de inmigrantes desde Grecia directamente o desde Albania, país vecino de Grecia, según explica el diario griego Ekathimerini.

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