Gouveia e Melo, el militar y héroe de la pandemia que quiere ser presidente de Portugal
Aquel martes, 2 de febrero de 2021, marcaría el futuro del almirante Henrique Gouveia e Melo. Portugal, como el resto del mundo, luchaba por salir de la pandemia del covid y, tras un inicio desastroso del programa de vacunación, António Costa, el entonces primer ministro del país, elige a Gouveia e Melo para dirigir el plan.
En los meses siguientes, el militar “entra en casa” de los portugueses todos los días. Alto, de barba blanca y ojos azules, vestido con traje de camuflaje militar y con un discurso sereno y firme, va dando cuenta de los avances en el proceso de vacunación, que se vuelve todo un éxito. En nueve meses, Portugal vacuna al 97% de la población y se convierte en el primer país en llegar a esa cifra.
En medio de la distopía en la que se había convertido la vida en esos últimos meses, la imagen de Gouveia e Melo era la de un hombre seguro, decidido, comprometido con su trabajo y cuyo buen hacer había ayudado al país a salir adelante en el momento más complicado. Las entrevistas se suceden y es elegido por la prensa nacional como el hombre del año. Había nacido una estrella.
Es entonces cuando empiezan a preguntarle por sus aspiraciones políticas, apuntando a una posible candidatura a la presidencia de la República. “Si eso ocurre algún día, dadme una cuerda para que me ahorque”, dice, añadiendo en otra ocasión que “la democracia no necesita militares”.
La frase le persiguió en otra fecha clave, el 14 de mayo de 2025, a cuatro días de las elecciones legislativas, cuando, en una entrevista en Radio Renascença, desvela la decisión de ser candidato. “Cuando dije que nadie necesita a militares en la política, lo hice de manera honesta y abierta. Pero el mundo ha cambiado mucho y nuestra política interna también”, justificó entonces.
Estaba lanzada su candidatura que no era más que un secreto a voces. Gouveia e Melo se había retirado unos meses antes y los rumores empezaron casi de inmediato. Rumores que él mismo había alimentado, en febrero de ese año, en un artículo escrito para el periódico Expresso. “El presidente no está al servicio de los partidos, está al servicio de los portugueses y de Portugal”, escribió. “Ningún presidente puede ser 'de todos' si está asociado a una facción política, toda vez que no tendrá la independencia necesaria para representar el interés colectivo”, defendió.
“Creó el slogan 'Mi partido es Portugal' para presentarse como el único capaz de ser el presidente de todos los portugueses, el de la unidad, el que va a aglutinar los portugueses en un proyecto”, explica José Pinto, politólogo, catedrático de la Universidad Lusófona de Lisboa.
Su campaña intenta compensar su inexperiencia con su independencia política y se esfuerza por mostrar un perfil equilibrado, alejado del conservadurismo exacerbado que se asocia normalmente a los militares. “Es difícil caminar solo con la pierna izquierda, o solo con la pierna derecha. Yo camino con las dos piernas porque el país necesita las dos”, dijo en una entrevista para justificar su posicionamiento ideológico.
“Gouveia e Melo está intentando posicionarse en el centro para robar votos al Partido Socialista y al Partido Social Demócrata, porque sabe que es ahí donde puede encontrar su base de apoyo. No sacará votos de la extrema derecha ni de la izquierda radical, tiene que dirigirse al centro”, explica Pinto.
La ambición del centro
El afán por la centralidad le viene de su padre, Manuel Henriques, un hombre de centroizquierda, cercano al Partido Socialista, y muy crítico del régimen dictatorial de Oliveira Salazar. Abogado de profesión, se fue a vivir a Mozambique, el país de su mujer, Maria Helena Passaláqua, en 1958. Dos años después nacería Henrique Gouveia e Melo.
Gouveia e Melo creció en un ambiente politizado por la época que le tocó vivir: la revolución y la consecuente descolonización de los territorios en África obligó a su familia a huir de Mozambique a Portugal casi solo con lo puesto. Pero también por herencia familiar: si el padre era un moderado, sus dos tíos eran polos opuestos: uno cercano a la dictadura y, el otro, comunista.
“Mi padre estaba muy politizado y siempre me enseñó que la política es la más noble de las profesiones, porque es la dedicación a la causa común”, dijo hace poco en un programa de televisión.
Vivió una infancia “verdaderamente feliz”, cuenta en el libro Los Motivos, de la periodista Valentina Marcelino. La salida abrupta de Mozambique, a sus 14 años, fue “traumática porque perdimos todo”, pero asegura que jamás sintió resentimiento.
“Soy de los últimos portugueses del imperio, pero es que los imperios se acabaron. Jamás sentí rechazo por Mozambique y eso es por mi padre, que siempre supo que estaba en el lugar equivocado a la hora equivocada y sabía que esto pasaría. Siempre me ha transmitido comprensión por el proceso y nada de rabia”, cuenta.
Se quedaron en Portugal por poco tiempo y enseguida se mudaron a Brasil, donde permanecieron dos años. Con 17, Gouveia e Melo le dice a su padre que quiere ser militar en Portugal y la familia, que ya pensaba en volver, regresó.
A partir de entonces, el joven Henrique empieza una carrera de éxito. Ingresa en la Escuela Naval pero su padre jamás lo vería con el traje de oficial. Se muere de cáncer el día en el que Gouveia e Melo cumplía 21 años. “Lo viví como si me estuviese pasando el testigo. Su muerte me ha marcado mucho”.
En su carrera en la Marina se dedica a los submarinos y gana fama de intransigente y duro. A lo largo de su vida profesional sumó más de 20.000 horas dentro de un submarino, algo como pasar dos años y cuatro meses bajo el agua. El espacio exiguo, la falta de comida y comunicaciones no se le hacen cuesta arriba. Define el submarino como una “extensión” de su cuerpo y su récord son 31 días seguidos sumergido.
Con dotes comunicativas, llega a portavoz de la Armada, es director del Instituto de Socorro a Náufragos y, más tarde, comandante del EUROMARFOR, un equipo que junta fuerzas portuguesas, españolas, francesas e italianas.
Después de la misión en la vacunación del Covid es ascendido al cargo más alto de la Marina: Jefe del Estado Mayor de la Armada. Antes, su contribución ya había sido esencial en las operaciones de apoyo militar al combate a los grandes incendios de 2017.
Pero el cargo no es lo que espera. Gouveia e Melo quería cambiar la forma de trabajar en la Armada y se encuentra con muchos obstáculos. “Sentí que me querían dar importancia sin darme poder real para hacer algo. Fue entonces cuando decidí entrar en el campo de las verdaderas decisiones: la política”.
El outsider
Gouveia e Melo se presenta como el outsider político, como el profesional eficaz y resolutivo que puso a Portugal a la cabeza en la lucha contra la pandemia. Reivindica que no hace falta ser un político de carrera para ser un presidente confiable, competente y a la altura de lo que el actual momento político internacional exige.
“Su popularidad en una democracia estabilizada como la de Portugal es señal de los tiempos que vivimos: la aclamación de alguien con un compromiso firme, de alguien que está fuera del sistema partidario y que podrá contribuir con una visión libre de los vicios naturales del sistema democrático”, explica Paula Espírito Santo, profesora de Sociología Política en el Instituto Superior de Ciências Sociales y Políticas de Lisboa.
Cuando confirmó su candidatura, los sondeos se dispararon y le dieron la victoria. Con el pasar del tiempo, y la confirmación de otras candidaturas, los números están bajando, pero sigue presentándose como unos de los nombres más fuertes para pasar a la segunda vuelta.
“Con los debates y la exposición pública, nos damos cuenta perfectamente de que Gouveia e Melo no viene de la política. Tiene una cultura militar en donde, muchas veces, le cuesta distinguir la autoridad del autoritarismo, lo que le lleva a asumir posiciones demasiado crispadas”, sigue el politólogo. “Y luego, es muy difícil conseguir, en pocos meses, dominar la jerga política para lograr pasar su mensaje. Y Gouveia e Melo está aún en ese proceso”.
¿Otro militar?
De hacerse con la presidencia de la República, sería la primera vez, en 40 años, que un militar ocuparía el cargo. El último fue Ramalho Eanes, uno de los militares involucrados en la Revolución del 25 de Abril, que acabó con la dictadura e instauró la democracia en Portugal. Ramalho Eanes fue presidente de la República entre 1976 y 1986, un periodo especialmente convulso en la política portuguesa, que marcó el final de la dictadura y la consolidación de la democracia.
“La revisión constitucional de 1982 terminó con lo que podemos designar como una democracia tutelada en Portugal. Porque hasta entonces, eran los militares, en el Consejo de la Revolución, quienes tenían la acción política. En 1982 los militares vuelven a los cuarteles y entregan el poder a los civiles, lo que supuso la normalización de la democracia”, recuerda José Pinto.
Ahora, 40 años después, un militar puede volver a ocupar la presidencia del país. “Esto no pone en tela de juicio el normal funcionamiento de las instituciones. Ni significa que los militares están intentando volver a tener un papel político. Incluso porque el presidente, una vez elegido, es el Jefe de las Fuerzas Armadas”, dice Pinto. “Además”, recuerda, “Gouveia e Melo está retirado. No es un militar de facto intentando entrar en política. Él está retirado y no deja de ser un ciudadano con todos sus derechos, entre ellos, el de presentarse como candidato a la presidencia”.
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En la papeleta se ve las caras con André Ventura (Chega); Luís Marques Mendes (PSD), António José Seguro (PS) y João Cotrim de Figueiredo (Iniciativa Liberal), sus principales adversarios, junto con Catarina Martins (Bloco de Esquerda), António Filipe (Partido Comunista), y Jorge Pinto (Livre). Los sondeos dan por seguro una segunda vuelta entre dos de los cinco primeros candidatos, y los números están muy ajustados. Si ser un outsider es una debilidad o una virtud es algo que aún está por ver.
“Gouveia e Melo trae sentimientos ambivalentes porque no tiene un pasado político y, por ello, solo se pueden evaluar las ideas que va expresando ahora. Su inexperiencia en los debates le está pasando factura y ya demostró no ser muy consistente a nivel argumentativo. Pero sabemos que, para el electorado, son los últimos momentos los que cuentan, así que de ellos dependerá su resultado”, analiza Espírito Santo.
Por ahora, Gouveia e Melo no quiere guiarse por los sondeos y dice que “la única encuesta que importa es la del 18 de enero”. Ese día, en las urnas, los portugueses tienen la palabra.