COLOMBIA

La profundidad del seísmo y la densidad urbana: las claves del distinto impacto en Colombia y Venezuela

Personas transitan en motocicletas frente a una edificación destruida tras el terremoto en Pereira (Colombia).

Colombia y Venezuela han sufrido recientemente seísmos de magnitud similar, pero en condiciones geológicas y territoriales muy diferentes. La profundidad del foco, el tipo de falla, la sucesión de las sacudidas, la concentración de población y la vulnerabilidad de los edificios explican buena parte de las diferencias.

Una diferencia clave: la profundidad

El terremoto de Colombia, de magnitud 7,4, tuvo su foco a unos 100-110 kilómetros de profundidad, mientras que los grandes sismos registrados en Venezuela —de magnitud 7,2 y 7,5— fueron mucho más superficiales. Esa distancia condiciona la intensidad con la que las ondas alcanzan la superficie y, por tanto, el movimiento que deben soportar las construcciones.

“En el caso de Venezuela fue un terremoto muy superficial. Y cuanto más superficiales son, los efectos son mayores”, explica Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico Regional de la Universidad de Alicante.

Luca Pelà, investigador y profesor de la Escuela de Caminos de Barcelona de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) y experto en seguridad sísmica de edificios, incide en el mismo factor desde el punto de vista de la ingeniería. En Venezuela, explica, la ruptura se produjo en la corteza superior, mientras que en Colombia el hipocentro se situó mucho más abajo.

“En Venezuela se trató de un evento muy superficial, entre 10 y 20 kilómetros de profundidad. Al liberarse en la corteza superior, la energía llegó a la superficie sin atenuación”, lo que generó altísimas ondas de sacudimiento intenso en el suelo. En cambio, en Colombia, señala que “esa gran masa rocosa actuó como un amortiguador natural donde las ondas perdieron gran parte de su energía en el trayecto”.

Dos terremotos con orígenes distintos

La diferencia no se limita a la profundidad. Los expertos señalan que ambos terremotos responden a mecanismos tectónicos diferentes y no existe una relación causal entre ellos.

“En Venezuela, el sismo se produjo en el límite transformante entre la placa del Caribe y la Sudamericana, mediante un desplazamiento horizontal directo de la falla. En Colombia, en cambio, la ruptura ocurrió dentro de la placa de Nazca en su proceso de subducción al penetrar por debajo de la placa Sudamericana”, explica Pelà. “Los dos entran dentro de zonas planetarias de gran actividad sísmica, liberan mucha energía esos terremotos que ocurren en Sudamérica”, apunta Olcina.

Venezuela sufrió dos grandes sacudidas

Otro elemento que marca la comparación es la secuencia sísmica registrada en Venezuela. Allí se produjeron dos grandes terremotos separados por apenas 39 segundos. “En Venezuela, un primer impacto de magnitud 7,2 indujo un daño severo e inicial en las estructuras existentes. Apenas 39 segundos después, un segundo impacto de magnitud 7,5 actuó sobre edificaciones que ya estaban comprometidas, desencadenando su colapso. En Colombia, en cambio, se trató de un evento único”, explica Pelà.

Para Olcina, esta sucesión de movimientos constituye otra diferencia fundamental entre ambos episodios: “En el caso de Venezuela hubo una réplica prácticamente parecida. Y entonces, digamos que fueron dos terremotos simultáneos y la destrucción en ese caso, evidentemente, es mucho mayor”.

El lugar donde tiembla también importa

La intensidad de una catástrofe depende también de cuántas personas, edificios e infraestructuras se encuentran expuestos al movimiento. El terremoto colombiano tuvo su epicentro en el departamento del Chocó, mientras que el episodio venezolano afectó a una zona con una elevada concentración urbana e infraestructuras.

“Mientras que en Colombia el epicentro se situó en una zona montañosa de menor densidad habitacional, en Venezuela el evento afectó de lleno a una franja costera densamente poblada y con gran concentración de infraestructuras”, señala Pelà.

Ramón García, catedrático de Geografía Humana en el Departamento de Geografía de la Universidad de Murcia, subraya que el terreno puede modificar considerablemente los efectos de un mismo terremoto. En el caso venezolano, además, la concentración urbana en torno al eje Caracas-La Guaira incrementó la exposición: “El suelo puede amplificar determinadas ondas y hacer que dos barrios próximos experimenten movimientos diferentes”.

Edificios y desigualdad

La resistencia de las construcciones constituye otro de los elementos que puede transformar un fenómeno natural en una catástrofe humana. “Son países que cuentan desde hace relativamente poco con normativas de construcción sismorresistente, pero tienen un parque de edificios muy antiguo y, por tanto, poco preparado para movimientos sísmicos importantes", apunta Olcina.

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García introduce además otro elemento: la desigualdad. “La vulnerabilidad, además, se distribuye de forma desigual, pues no tiene las mismas posibilidades de recuperación una familia urbana con recursos que una comunidad pobre y aislada”, sostiene.

El terremoto no termina cuando deja de temblar el suelo

Tal y como indica García, en el caso colombiano, las dificultades de acceso a algunas zonas del Chocó pueden complicar las labores de emergencia y prolongar las consecuencias del desastre. Carreteras, puentes y otras infraestructuras “pueden convertir unos pocos kilómetros en horas de distancia para una ambulancia o un equipo de rescate”.

La amenaza sísmica es natural, pero buena parte de la gravedad de sus consecuencias depende de cómo están preparados los territorios para afrontarla. “La legislación es imprescindible, pero no suficiente. Hay que aplicarla, controlar su cumplimiento y, sobre todo, actuar sobre el parque inmobiliario construido”, advierte García.

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