Más transparencia y menos violencia económica contra las mujeres Verónica López Sabater
Hago repaso de mis compromisos pendientes, entre los que se encuentra esta tribuna, antes de desconectar unos días. Reviso mi chat de Olvidos y Recuerdos donde me voy lanzando cosas que me interesan y que no puedo atender cuando me topo con ellas. Una de ellas es la que traigo hoy aquí.
Por si alguien aún lo duda o cuestiona, la brecha salarial de género existe, y es más o menos sangrante según cómo se calcule.
Es sabido que, en promedio, las mujeres tendemos a estar menos empleadas, que lo hacemos en sectores peor remunerados y más informales, que recibimos menos ascensos y que tomamos más pausas profesionales (para crianza y cuidados). También es sabido que realizamos muchísimo más trabajo no remunerado, vinculado al hogar y la familia, del orden de dos horas más al día que los hombres.
Son muchos millones de horas cuando las pones todas juntas. Todas las horas que todas las mujeres dedican cada día a cuidar, sin remuneración, superan los 44 millones, que al año son 16.000 millones. El reverso de esta realidad es que los hombres dedican cada día más tiempo que ellas al trabajo remunerado: una hora y doce minutos más. Podéis recrearos con estos y muchos otros hallazgos interesantes en esta publicación (ver aquí).
Confieso que los datos sobre el uso del tiempo citados son antiguos, pero también que son los únicos oficiales disponibles. Corresponden a la Encuesta de Empleo del Tiempo (ETT) que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE) cuya última oleada recogió datos de 2010, hace ya más de quince.
Es sabido que, en promedio, las mujeres tendemos a estar menos empleadas, que lo hacemos en sectores peor remunerados y más informales, que recibimos menos ascensos y que tomamos más pausas profesionales (para crianza y cuidados)
Considero que es una encuesta muy esclarecedora a la par que íntima, porque permite conocer a qué actividades dedicamos cada día nuestro tiempo, y cuánto les dedicamos, en España: a trabajar para obtener una remuneración, a cuidar de familiares, a tareas del hogar, a estudiar, a informarnos, a divertirnos, a auto cuidarnos, a hacer deporte o a pasear, y a desplazarnos por obligación. El INE anuncia en su Plan de Actuación para 2026 (ver aquí) que, a más tardar, el 31 de diciembre de este año podremos saber cómo hemos cambiado, si es que hemos cambiado, el uso que hacemos de nuestro tiempo. Y, en concreto, lo que traigo a colación en esta tribuna, si la responsabilidad de los cuidados está mejor repartida hoy que en 2010, porque ese reparto tan descomunalmente desigual del tiempo de trabajo no remunerado que nos hemos asignado como sociedad es causa raíz de muchas otras brechas de género, como la salarial.
En su versión más bruta o de brocha gorda, el cálculo de la brecha salarial combina las diferencias de salario medio bruto y la menor participación de las mujeres en el mercado laboral, sin tener nada más en consideración, y fue en 2022 en España del 29,6%, seis puntos menos que en 2014 y cinco puntos por debajo de la media de la UE.
En su versión “sin ajustar”, esto es, sin tener en cuenta las características individuales de las personas y del puesto de trabajo (edad, tipo de contrato, tipo de jornada, experiencia laboral en el empleo actual, nivel de estudios alcanzado, nivel de responsabilidad, sector de actividad, tamaño y control público o privado del empleador), la brecha fue del 9,2% en España y del 12,2% en la UE.
En su faceta “ajustada” o corregida la mide teniendo en cuenta las citadas características individuales, y es capaz de descomponerla en dos partes. Una parte de la brecha salarial que se puede explicar (¿o justificar?) por efectos de esos atributos individuales, que en España apenas contribuyen a explicarla. Otra parte, la “ajustada”, que resulta ser el grueso de la brecha, es la que no se puede explicar más que por efecto de “el hecho de ser mujer”, una más de las omnipresentes caras de la violencia que se ejerce contra las mujeres, en este caso, violencia económica.
El modelo que utiliza Eurostat arroja el siguiente panorama de la brecha salarial en España: decrece en cohortes más jóvenes (1,1% en menores de 25 años; negativa del 0,5% en la cohorte de 25 a 34 años), que contrasta con el 12% para mayores de 55 años y el récord europeo del 32% para mayores de 65 años. La rentabilidad en términos de salario de la educación y la experiencia laboral sigue siendo mayor para los hombres. En situaciones de parcialidad de la jornada laboral, en la que se encuentran el 30% de las mujeres y el 12% de los hombres empleados en España, la brecha salarial es del 14%. Las mujeres que sufren una menor brecha salarial tienden a trabajar en empresas de mayor tamaño y con mejores remuneraciones. Y trabajar en el sector privado es comparativamente peor para las mujeres que hacerlo en el sector público, donde la brecha salarial es del 12,2% y del 7,7%, respectivamente. Todos estos datos los podéis encontrar aquí.
El caso es que hace dos meses, el 7 de junio, venció el plazo para que los Estados miembros de la Unión Europea transpusiéramos la Directiva de Igualdad Salarial (ver aquí) adoptada en 2023, que tiene como objetivo reforzar la aplicación del principio de igualdad de retribución por un mismo trabajo o un trabajo de igual valor, entre hombres y mujeres.
¿Y cómo propone que lo hagamos? La Directiva insta a la adopción de tres innovaciones que, vista la ruidosa resistencia, parecieran ser ultra radicales y revolucionarias, pero no: medidas de transparencia retributiva, mecanismos de control efectivo del cumplimiento de dichas medidas, y vías de reparación para las personas afectadas por los incumplimientos de dichas medidas.
A 7 de agosto, solo Eslovaquia, Italia, Lituania y Malta, de un total de 27 países, han completado a tiempo la transposición de la Directiva de Igualdad Salarial a sus respectivos ordenamientos jurídicos. ¿A qué o a quién esperamos, España?
Cierro tribuna con una recomendación de lectura para el verano: Carrera y familia: El largo viaje de las mujeres hacia la igualdad, de Claudia Goldin, Premio Nobel de Economía 2023.
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Verónica López Sabater es economista y consejera de la Cámara de Cuentas de Madrid.
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