Prioridad animal

Cañón de Arribes del Duero.

Entre las provincias españolas de Zamora y Salamanca y el distrito portugués de Bragança, encajonado en cañones como el de la foto, discurre el Duero convertido en frontera natural de los dos países. Mirando al norte, la orilla derecha es España, la izquierda Portugal. Ambas conforman un espacio que brinda acogida a buitres leonados, cigüeñas negras, lobos o nutrias, entre otras especies. Un paraje que ya no podré visitar con la inocencia con la que lo hice en su día, porque desde que Vox y el PP han introducido en el debate político el concepto “prioridad nacional”, ya no hay paisaje fronterizo que no me lo traiga a la cabeza.

Este de los Arribes del Duero, donde si nadas o puedes volar la frontera es apenas un bello inconveniente, me lleva a preguntarme sobre la dirección en que circula esa deuda que los emigrantes parecen contraer siempre con el país que los acoge. Por ejemplo, si un buitre portugués limpia de carroña una ladera zamorana, ¿merece nuestro reproche por acudir a saciar su hambre a un país que no es el suyo o deberíamos mostrarnos agradecidos por ayudarnos a evitar la propagación de enfermedades?

Y no son solo cuestiones éticas las que me asaltan, hay otras de ámbito eminentemente práctico: si una cigüeña portuguesa cruza a España transportando accidentalmente en su aparato digestivo simientes que luego, al defecar en suelo español, acaban arraigando y convirtiéndose, pongamos, en un lustroso olivo, ¿ese árbol pasa inmediatamente a formar parte de la flora española o debe ser incluido en el inventario forestal luso?

¿Pertenece a los inmigrantes alguna parte de la riqueza que ayudan a crear, o el hecho de no haber nacido aquí hace imposible que puedan saldar jamás su débito? Que alguien vea condicionado su derecho a recibir ayuda no a su grado de necesidad, sino a su lugar de origen, es como si en urgencias no atendieran primero las patologías más graves, sino las que padecen aquellos que viven más cerca del hospital.

En los incivilizados animales, si una nutria portuguesa cruza el Duero y se zampa tres cangrejos españoles, resulta perfectamente comprensible que las nutrias autóctonas, por el celo territorial que la naturaleza instala en su comportamiento, reivindiquen que son ellas y no las nutrias foráneas las que tienen derecho a comérselos.

El perro ilustrado

El perro ilustrado

Del género humano, uno espera un poco más. Y eso que esta analogía refleja solo a medias el clima social del país. Para que fuera exacta, muchos cangrejos españoles, en lugar de reclamar que las nutrias dejen de comérselos, se alinearían con las que han nacido aquí para exigir que, ya que tienen que ser comidos, se los jamen nutrias de España.

Como puede verse, civilización no siempre equivale a progreso.

*Miguel Sánchez-Romero Guerrero es guionista y productor ejecutivo de televisión. Dirigió, entre otros proyectos, el programa 'El Intermedio' durante diez años.

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