El clítoris, otra vez. A 50 años del 'Informe Hite'

El 8 de agosto se celebró el Día del Orgasmo Femenino, una de esas efemérides extrañas que no se sabe muy bien de dónde salen pero que acaban sirviendo para que, al menos un día al año, todo el mundo hable del asunto. Y justo por esas fechas, además, se cumplía medio siglo de la publicación del Informe Hite, el tratado sobre sexualidad femenina escrito por Shere Hite, aniversario, además, muy relacionado con lo anterior y del que pocos medios se hicieron eco. Sin embargo, el Informe Hite supuso una completa revolución en el acercamiento a la sexualidad femenina; una revolución que hoy sabemos inacabada.

Últimamente me andaba yo quejando de que al feminismo le pasa que siempre parece que empieza de cero. Las teóricas y las activistas escriben, enseñan, debaten, explican…y después el tiempo entierra la mayor parte de lo aprendido; se hace el silencio y, pasado un tiempo, se produce otra ola de feminismo, con sus características propias, se producen avances, redescubrimos lo anterior… y luego viene un retroceso. Sí, no nos tomemos a la ligera que hay un movimiento político que está discutiendo, en serio, la posibilidad de abolir el voto femenino. Nuestros saberes y experiencias siempre son frágiles y están bajo amenaza. Es fácil arrinconarlos en una esquina del sentido común y dejarlos convertidos en saberes minoritarios que alguna vez alguien volverá, quizá, a descubrir y sacar a la luz. 

La feminista Ruby Rich es autora de una frase que yo siempre tengo presente: “Es imposible dar demasiada importancia a la sexualidad como problema para las mujeres”. Hablemos pues, de sexo, feminismo, y un poquito de mí misma, porque el Informe Hite no me lo leí, sino que prácticamente me lo bebí. Yo era, cuando se publicó y llegó a España, una feminista muy joven y muy aguerrida. El feminismo de los años 70 y 80 mantuvo, interna y externamente, una prodigiosa conversación sobre sexualidad que a las feministas de aquellos años nos hizo mucho más libres y felices, y que debería haber servido para sentar las bases de la sexualidad de las futuras generaciones de mujeres. Pero no. Mucho antes de que la reacción patriarcal se hiciera explícita con propuestas reaccionarias y contrarias a los avances de estos años, ya se había producido un retroceso o invisibilización cultural que nos sitúa casi en el punto de partida. No es este el espacio para desarrollar una teoría feminista sobre sexualidad, pero sí es el espacio para mencionar que nos falta una teoría feminista del deseo y una agenda sexual capaz de cuestionar los significados sexosimbólicos del patriarcado al tiempo que ofrezca placer y felicidad a las mujeres. Necesitamos volver a considerar el placer de las mujeres como una cuestión política, porque está desapareciendo en un magma de sexualidad androcéntrica y profundamente machista en donde nuestra sexualidad corre el riesgo de convertirse (si no lo ha hecho ya) en una performance para mayor gloria (y placer) de ellos. 

Hace 50 años Shere Hite realizó una encuesta sexual a miles de mujeres y demostró que la inmensa mayoría de ellas (de nosotras) no obtienen placer con la penetración y que las pocas que lo obtienen suele ser porque, al mismo tiempo, reciben estimulación en el clítoris. Esto, que todas sabemos, no es un saber general ni socialmente aceptado. Y la culpa no es sólo del porno, el actual libro de texto sobre sexualidad de los adolescentes, sino que es lo que se nos enseña incluso en las representaciones sexuales más triviales y menos ofensivas: series, películas, novelas, representaciones gráficas, etc. Todas las representaciones sexuales heterosexuales que vemos y que no provienen del porno son del tipo: se encuentran, se besan, se acarician diez segundos, se la mete, se corren a la vez. Las variaciones más frecuentes son aquellas en las que ella se la chupa y entonces el que se corre es él. (Si hablamos de porno, entonces la cosa está en otro nivel). Me gustaría decir a los adolescentes, ellos y ellas, que no se crean nada de eso, que es mentira, que la cosa no funciona así. Ellos puede que no lleguen a saberlo nunca y ellas lo sabrán, pero para cuando se den cuenta seguramente piensen que es culpa suya, que hacen algo mal. 

La verdad es que hay más orgasmos fingidos en este mundo que gotas en el mar y estrellas en el cielo

Siempre que digo esto se me echan encima varias mujeres que me dicen, “eso serás tú, yo tengo muchísimos orgasmos con Pepe”. Bueno, cada cual es cada cual y sí, hay de todo, pero no me cabe duda (a las investigadoras tampoco) de que hay una bolsa enorme y oculta de mujeres que se avergüenzan de reconocer que no se corren tanto como dicen. La verdad es que hay más orgasmos fingidos en este mundo que gotas en el mar y estrellas en el cielo. Diré más, y de esto estoy completamente segura y pondría las dos manos en el fuego: lo que primero aprendemos las mujeres del sexo es a fingir convincentemente un orgasmo. La primera vergüenza del sexo es la falta de orgasmo, que nos produce pudor cuando se supone que tenemos que tenerlo, igual que nos avergüenzan nuestros pelos púbicos, nuestra celulitis, nuestra menstruación y, en general, cualquier cosa nuestra que no se ajuste a lo que debemos ser y parecer en este sistema patriarcal. 

Con los orgasmos femeninos y con la penetración pasa lo mismo. No, no está superado. El mundo de la sexualidad sigue girando en torno a la penetración y, en todo caso, a la absoluta imposibilidad de imaginar una relación heterosexual que no la incluya. Aprovechando el Día del Orgasmo Femenino aparecieron varios informes que revelaban que muchas chicas no saben identificar el clítoris ni saben siquiera asegurar si han tenido un orgasmo. No quiero ni pensar lo que sabrán ellos. ¿Superado? En absoluto, por eso volvemos a hablar de ello. Estamos redescubriendo el clítoris. He vuelto a ver, en las redes sociales, vídeos y post informativos en donde aparecen los dibujitos de la rajita rosada con su flor en el centro y he vuelto a leer explicaciones acerca de su utilidad y sobre el número de terminaciones nerviosas que tiene ese pedazo de carne (son muchas, muchísimas). Así que sí, volvemos a hablar del clítoris del que escribió tanto Shere Hite. Ahora, otra vez, muchas chicas entenderán por qué no se corren con un coito “normal” y dejarán de pensar que la culpa es suya. ¿Imagináis un mundo en el que, de tanto en tanto, nos olvidáramos todas y todos de cómo funciona sexualmente un pene? En mi época heterosexual y juvenil solía hacer bromas con eso, no siempre bien comprendidas, por cierto. 

-¿Qué me dices que te gusta hacer con eso? — Era mi pregunta disruptiva preferida, y hay que decir que no siempre acababa bien. (El humor y el sexo es una combinación que no es para todos los paladares). 

Pero, en serio: ¿y si nos olvidáramos de la centralidad de la penetración ineludible y ésta pasara a ser una práctica más, quizá minoritaria? ¿Y si nadie diera por hecho que el final de un calentón es un coito? ¿Y si en cada ocasión pudiéramos poner en común lo que más le gusta a cada uno y una, llegar a acuerdos placenteros y nada se diera por sabido antes de un encuentro sexual? ¿Y si Broncano dejara de hacer preguntas absurdas y machistas?

¿Qué pasaría en este mundo? Pues, aunque no lo pensemos en cada interacción sexual, y aun a riesgo de parecer una feminista loca de aquellas (bueno, soy un poco de esas), derribar la centralidad de la penetración supondría hacerle un agujero terrible al patriarcado. Porque han construido un mundo a su medida, a medida de un órgano que les supone placer, pero también poder; con el que follan con amor y cuidado pero también con el que violan. Con el que pretenden dar placer, pero con el que a veces les gusta castigar. Con el que se sienten poderosos, pero que les hace muy frágiles y sobre el que se construye una parte enorme de la subjetividad sexual masculina, que es como decir la subjetividad masculina, sin más.

Nada de esto es nuevo, ya está escrito, teorizado, discutido e incluso practicado. Ahora sólo queda que se sepa, que ellos lo sepan, que nosotras lo explicitemos, que la sexualidad nos ofrezca las mismas posibilidades de placer a unos y otras. Y para todo esto, nada como leer el Informe Hite 50 años después y reconocer su inmensa aportación al conocimiento y a la libertad de las mujeres. Celebremos como se merece a una de las indiscutibles madres fundadoras del feminismo y honremos lo que aprendimos con ella. 

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Beatriz Gimeno es exdirectora del Instituto de las Mujeres.

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