Israel asfixia financieramente a la Autoridad Palestina: “Estamos muriendo poco a poco”
De un rincón del aparcamiento sumido en la oscuridad surgen dos siluetas, con la mirada baja para evitar que la luz cegadora de los focos del puesto de control de Kalandia, a las afueras de Jerusalén, les dé de lleno en la cara. Son más de las diez de la noche; unos pocos peatones aceleran el paso por las escaleras y luego por el puente de hormigón que domina el paso para vehículos, custodiado por soldados y agentes de seguridad israelíes fuertemente armados.
Los dos hombres empujan un pesado torniquete de acero a la salida del puente. Son palestinos y regresan a sus hogares tras una jornada de trabajo al otro lado del muro. Pasan una tarjeta electrónica por un lector colgado en la pared. “Si no lo hacemos, mañana nos revocarán el permiso de trabajo”, comenta uno de ellos.
Estos trabajadores son de pocas palabras. Forman parte de los pocos palestinos que cuentan con un permiso para trabajar en Israel —el salario mínimo allí es cuatro veces superior al de Cisjordania—. Su permiso solo es válido durante su jornada laboral, y únicamente para la colonia israelí de Atarot, la mayor zona industrial de Jerusalén, ilegal para el derecho internacional.
“No tengo derecho a pasar de la segunda rotonda después del puesto de control [de Kalandia]”, precisa el más hablador de los dos. “No puedo acercarme a la Ciudad Vieja de Jerusalén ni a la mezquita de Al-Aqsa”, a media hora en coche de allí. Las siluetas pasan por un último torniquete de acero, se despiden con un gesto de la mano y desaparecen en uno de los minibuses que esperan a los pies del puesto de control.
“Antes de octubre de 2023, cerca de 200.000 palestinos trabajaban en Israel y en los asentamientos, frente a los 44.000 actuales, de los cuales solo unos 14.000 tienen permiso”, señalaba un estudio de la Organización Internacional del Trabajo publicado en mayo. La mayoría de ellos trabajaba en la construcción; el Gobierno israelí ha puesto en marcha una amplia campaña para contratar en su lugar a trabajadores migrantes, de la India o de Camboya, entre otros.
Grave crisis económica
Muchos palestinos siguen cruzando ilegalmente ante la falta de perspectivas en Cisjordania. Han sido asesinados más de 50 desde el 7 de octubre al intentar llegar al otro lado, "hacia el interior", como dicen para referirse a Israel.
El 31 de mayo, Imad Ishtayeh fue abatido por un soldado israelí en la escalera por la que bajaba para cruzar el muro, en las afueras de Jerusalén. Otros palestinos acudieron en su ayuda, pero el disparo en el muslo le resultó mortal. El joven, originario de un pueblo cercano a Nablus, en el norte de Cisjordania, regentaba una carnicería antes de la guerra, pero se había visto obligado a cerrarla debido a las dificultades económicas. Tenía 27 años.
Israel ha puesto en marcha en los últimos tres años una serie de medidas que asfixian poco a poco el territorio palestino que ocupa ilegalmente desde 1967. La apropiación ilegal de tierras por parte de Israel y la expulsión forzosa de más de 40.000 palestinos desde el 7 de octubre, ya sea a causa de la violencia de los colonos o durante operaciones militares, han privado a numerosas familias de sus medios de subsistencia, sobre todo al impedirles el acceso a sus terrenos y campos.
A esto se suma el aislamiento de las comunidades palestinas, desde las grandes ciudades de Cisjordania hasta las aldeas más pequeñas. Se han cortado las carreteras, lo que obliga a muchos trabajadores a realizar costosos desvíos y deja las calles comerciales sin clientes. La Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU contabilizó más de 900 obstáculos a la libre circulación de los palestinos en la primavera de 2026.
Se trata de una política cuidadosamente estudiada: el objetivo es empujarnos a emigrar
Pero, sobre todo, Israel ya no transfiere los aranceles que el Estado recauda en nombre de la Autoridad Palestina, ya que esta última no tiene control sobre las fronteras. El ministro de Hacienda palestino, Estephan Salameh, hacía balance en una entrevista en junio: “El importe acumulado de las deducciones israelíes y de la congelación de nuestros ingresos asciende ya a 5.700 millones de dólares (4.900 millones de euros), lo que representa casi el importe de nuestro presupuesto anual.”
Quien está detrás de todo esto es su homólogo israelí, el supremacista judío Bezalel Smotrich. En septiembre de 2025, afirmaba en la red social X que quería actuar “utilizando todos los medios a su disposición para impedir el peligro que representa un Estado palestino, en particular provocando el colapso de la Autoridad Palestina” mediante “un estrangulamiento económico”.
Las instituciones palestinas están muy endeudadas y ya no pueden pagar a sus proveedores. Desde principios de 2026 se han pospuesto más de 11.000 intervenciones quirúrgicas y algunos medicamentos ya no están disponibles, en particular los tratamientos contra el cáncer. Los cerca de 100.000 funcionarios de Cisjordania —y 90.000 en Gaza— solo reciben la mitad de su sueldo desde hace meses.
Una pobreza galopante
En el jardín de los Hassan, en Qusra, en el centro de Cisjordania, las gallinas corretean a la sombra, huyendo del calor sofocante del mediodía. “¡Menos mal que tenemos las gallinas, al menos comemos huevos frescos todos los días!”, sonríe con amargura Maysoun, la madre. Esta enfermera de 40 años cobra algo más de 180 dólares al mes (156 euros). “Pago 20 shekels por trayecto para ir al centro médico donde trabajo, en Beita [una ciudad vecina al sur de Nablus – ndr]. Ida y vuelta, 40 shekels (unos 11 euros)”, explica. Esta profesional sanitaria, madre de cuatro hijos varones, ya solo va a trabajar dos días a la semana.
Su marido, Iyad, es profesor de geografía. Desde que empezaron las vacaciones escolares se ha ido de casa a recoger frutas y verduras en el valle del Jordán. Un trabajo agotador bajo el calor sofocante de los invernaderos de esta región donde las temperaturas se disparan en verano, todo ello por poco menos de treinta euros al día. “¡Y lo peor es que muchos soñarían con poder trabajar como yo!”, nos dice al teléfono. Hace más de cinco años que su sueldo de profesor es irregular.
Desde hace un año, solo cobra el 50 %, es decir, algo más de 620 euros al mes, y ya no consigue cubrir las necesidades de la familia; su hijo mayor, que está en la universidad, trabaja al mismo tiempo para pagarse los estudios. “Nos compramos fruta cuando recibimos el sueldo o cuando hay rebajas. La carne roja es muy difícil de conseguir, solo la comemos en ocasiones especiales. Ya no salimos”, resume este padre de 46 años.
Él ya solo va al instituto tres días a la semana. El año pasado, el Gobierno incluso se vio obligado a retrasar el inicio del curso escolar. “Por desgracia, la educación se está deteriorando”, constata el profesor, cuando este ámbito era motivo de orgullo para los palestinos, cuya tasa de alfabetización es una de las más altas del mundo.
Entre 2023 y 2024, la pobreza a corto plazo en Cisjordania pasó del 12 % al 28 %, según un informe del Banco Mundial. “Estamos muriendo poco a poco”, prosigue Iyad Hassan. “Por desgracia, se trata de una política cuidadosamente estudiada: el objetivo es empujarnos a emigrar”. La familia poseía campos en Qusra, algo más de una hectárea de olivos que les reportaban entre 30.000 y 40.000 shekels al año. “Lo hemos perdido todo. Los colonos se apoderaron de ellos. Y en la primavera de 2026 me enteré de que lo habían arrancado todo y habían plantado viñedos en su lugar”, añade el profesor.
Esta pobreza galopante “no es tan visible” a primera vista, señala Joost Hiltermann, director del programa de Oriente Medio del International Crisis Group (ICG), que ha investigado el tema en Cisjordania. Los comerciantes “importaban ropa de buena calidad y ahora piden los productos más baratos porque la gente no puede permitirse” pagar el resto, dice, o “las familias posponen ciertas compras”…
Dependencia de la economía palestina
Pero ante las sanciones israelíes y “mientras Smotrich esté en el poder”, constata el analista, la Autoridad Palestina apenas tiene soluciones. “La economía palestina se ha vuelto casi totalmente dependiente del shekel”, por lo que está sometida a las decisiones económicas y a las políticas israelíes.
Desde los acuerdos de Oslo, explica Taher Labadi, investigador en economía política y profesor de la Universidad de Bir Zeit, en Cisjordania, “en lugar de reconocer que nos encontramos en una situación colonial y que hay que intentar crear márgenes de autonomía” para los palestinos, “todas las políticas defendidas por el Banco Mundial, por los donantes —europeos o de otro tipo— y adoptadas por la Autoridad Palestina han ido, por el contrario, en la dirección de reforzar la integración con la economía israelí. Cuantos más trabajadores palestinos hubiera trabajando en Israel, mejor; cuanto más se importara y exportara desde y hacia Israel, mejor”.
El apogeo de estas políticas se alcanzó, en particular, durante el mandato del primer ministro Salam Fayyad, que trabajó en el Fondo Monetario Internacional entre 2007 y 2013.
Sin embargo, la economía palestina resiste los ataques israelíes —por el momento—. “Hay gente acomodada en Cisjordania y esa riqueza se redistribuye entre familias extensas”, lo que permite cierta resiliencia, observa Joost Hiltermann, del ICG. Sobre todo, la Autoridad Palestina intenta presionar a sus socios internacionales —y, en particular, a la Unión Europea, su principal donante— esgrimiendo la amenaza de su posible colapso, prosigue el analista.
Nadie puede predecir las consecuencias de la desaparición del poder en Ramala, pero todos —"el aparato de seguridad israelí", Estados Unidos o Europa— “quieren mantener un poco de estabilidad en Cisjordania”, señala. Sin embargo, “por muchas palancas de que dispongan los europeos, no las utilizan”, añade.
...Pero si Israel no reconoce a Palestina
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Al margen de la Autoridad Palestina, existen en Cisjordania iniciativas que ponen en práctica propuestas para salir de la dependencia económica del ocupante israelí, recuerda Taher Labadi. Pero “los israelíes hacen todo lo posible por impedir” tales modelos, afirma el investigador, y “cada vez hay menos espacio y margen de maniobra en Cisjordania”.
Israel, por el contrario, intenta últimamente establecer relaciones económicas sin la Autoridad Palestina. Según el investigador, las autoridades israelíes han vuelto así a acercarse directamente a empresarios y a las grandes familias de Hebrón.
Traducción de Miguel López