La vía Unai: se acerca su hora

Concluyó julio con la certeza de que las próximas elecciones se celebrarán en 2027 y la incertidumbre de saber cómo se reconstruirá el espacio político que deja Sumar. En septiembre, conviene tener elaborados los primeros números, pergeñar la que será la futura convergencia de una izquierda plurinacional y, sobre todo, saber en torno a qué y en torno a quién se conformará la candidatura. Se acerca la hora de Unai Sordo, aún no descartado pero a quien tampoco le han pedido que encabece una lista para que ocupe ese espacio.

Su figura trasciende el sindicalismo y sus palabras alcanzan a todas las esferas de la vida. Hasta la fecha, Gabriel Rufián sólo ha sido una interferencia que ha impedido clarificar el debate y Bustinduy no está (pero está). Los partidos, como ERC, se reivindican –en palabras de Junqueras– por su utilidad. Habrá que definir si también es útil el pacto al Senado del PSOE con otras izquierdas promovido por las CCOO, o si conduce a otro resultado similar al que propició hace 26 años el acuerdo entre Almunia y Frutos.

Una izquierda confederal

Las elecciones serán en 2027. Y se celebrarán dentro de doce meses, según afirmó Pedro Sánchez en su última comparecencia de julio. Sánchez ya empieza a ser Pedro ante su electorado. El humanismo sigue siendo el venero contra el algoritmo judicial, la razón última que explica el sentido de la democracia liberal que impide la fractura política de este país de países.

El armagedón confrontará a los partidos de la España plurinacional, transversal y periférica con los partidos integrados en el Consorcio PP-Vox. El resultado de los últimos cuatro caucus de la derecha nos indica que Feijóo ha comprado definitivamente el marco ideológico de Abascal, aunque el proceso no vaya acompañado de un fortalecimiento de su liderazgo. El presidente popular continúa congelado en el 30,1% de los votos.

En cambio, las elecciones autonómicas, incluidas las andaluzas, sí nos permiten hablar de una izquierda emergente que responde al vacío político dejado por Sumar. La política huye del vacío. Ante el eclipse total de Sumar, surgen izquierdas plurinacionales como Adelante Andalucía, la Chunta Aragonesista, Unidas por Extremadura o Unión del Pueblo Leonés que se suman al prometedor resultado de Compromís en Valencia; al BNG, auténtica oposición al PP, en Galicia; Bildu en Euskadi y Navarra; o ERC en Catalunya.

Todas ellas tienden hacia la confluencia de una izquierda confederal que es capaz de articular alianzas y converger con sus votos en la próxima investidura de Sánchez si Feijóo no es capaz de superar la cota del 46% en las siguientes generales.

La esperanza puede ser abstracta, etérea o simpática pero tiene que ser, necesariamente, concreta. El que concreta gana

La vía Unai

A partir de septiembre comenzará a ser prioritario fijar la relación entre los partidos de este espacio, incluido Podemos, y cuál será el reparto de listas y poder al que se llegue. No se trata de crecer, sino de construir un instrumento útil para recoger lo que el PSOE deje. En ese sentido, y hasta que concluya la legislatura, Junqueras ha marcado el camino, reivindicando a ERC como un partido útil para el Gobierno, para el sistema España y su sociedad, frente a la visión de Rufián que se asienta en la convicción que domina entre las izquierdas: su electorado real ha quedado limitado a las clases socioculturales urbanas en Madrid y Barcelona, a lo que IU pueda aportar en Andalucía, Asturias y Extremadura, y a lo que Compromís y Chunta consigan en sus territorios.

En ese contexto, se impone una emoción: hace falta algo más y ese más lo puede aportar Unai Sordo, secretario de las CCOO, cuyas estructuras orgánicas se configuran como condición de posibilidad viable para construir una red que permita al bloque plurinacional crecer en votos y conectar con el millón de indecisos que, por el momento, han depositado su confianza en la abstención.

Ha llegado el momento de hacer números y determinar la capacidad de conexión, persuasión y organización que tiene Sordo, descartado (o no) Pablo Bustinduy y congelada la “reflexión” que alentó Gabriel Rufián a lo largo de los últimos meses. Conviene recordar las recientes palabras de Oriol Junqueras una vez más: la esperanza puede ser abstracta, etérea o simpática pero tiene que ser, necesariamente, concreta. El que concreta gana. La posible confederación nacional deberá ser generosa o no será.

La advertencia sirve también para el entorno sindical de Sordo que promueve listas conjuntas del PSOE con otras fuerzas políticas en el Senado, la fallida Cámara Alta con vocación plurinacional que el Folio Magno previó durante la Santa Transición. La propuesta sindical emerge con tibieza y a paso lento y tiene, desde el punto de vista gramatical, un carácter intransitivo.

Busca antes disimular las debilidades propias que reforzar sus capacidades, obviando tres razones importantes por las que sería posible y razonable llegar a ese acuerdo: el Senado tiene poder para nombrar a cuatro miembros del Tribunal Constitucional, a otros cuatro del Consejo General del Poder Judicial y conserva en exclusiva su capacidad para intervenir en la política territorial a través del artículo 155. Un pacto así no puede caer en el nihilismo intransitivo al que condujo el anterior, firmado en 2000, por Almunia y Frutos y que sólo propició la mayoría absoluta de José María Aznar López.

Más interesante que un acuerdo al Senado es atisbar qué hará el espacio post-Sumar cuando haya que volcar sus votos en la hornacina de la democracia, si conviene o no gobernar o estar, simplemente, vigilantes, en el Parlamento. Si dentro o si fuera. En septiembre, la esperanza ha de tener ya sus números escritos y las razones por las que es útil esta alianza y esta estrategia, pasando definitivamente la página al desastre creado en el que ha desembocado la etapa de Yolanda Díaz.

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