Ceuta en la zona gris Ruth Ferrero-Turrión
A Isabel Díaz Ayuso le crecen los adversarios dentro del partido, quizá porque ella se los ha buscado: Feijóo, Cayetana y hasta el propio Aznar, que se ha alejado de ella porque ha encontrado en Ester Muñoz alguien que le sirve mucho mejor, sin necesidad de llevar colgado del brazo un testateferro como quien lleva un bolso Louis Vuitton a todas horas hasta para ir a descargar al baño.
El Madrid D.F., así, es hoy una ciudad multifacial, lo que no estaría mal si hubiese armonía entre todas sus caras. Hay el Madrid de Florentino Pérez, motor inmóvil que va a su aire, como el Madrid de Aznar, que es un rascacielos horizontal o vertical desde el que otea el mundo. También tenemos el Madrid de Feijóo, que es un mitin de derechas a favor de la prioridad nacional desde la calle Génova. Chamberí, El Viso, Serrano son el camping de Isabel y tenemos el reino de Rajoy que sabemos que no es de este mundo, pues se sitúa en esa cosa abstracta, etérea y ensimismada que es el Camino de Santiago. Sólo una mujer tan provinciana como Isabelita puede haber llegado a eso que Agustín de Foxá llamaba “la horda” sin renunciar a sus áticos ni sus faldas que ocupan las cuartillas publicadas por Marhuenda o Manso y que son la moda de este año aunque uno piense que no se las compra ella, porque los sueldos de Sol dan para poco.
Madrid D.F., ciudad bifronte, donde los líderes de la derecha se van a a la guerra civil, dispuestos a dispararse unos a otros, apostados desde la azotea de un ático en el corazón de Chamberí, sin importarles el barrio ni la Comunidad ni, mucho menos, los madrileños. Y es que Madrid hace sus políticos pero también los gasta. Y luego está Aznar que, un suponer, sigue en forma y se dedica al casting de mujeres en el poder. Primero colocó a Cayetana, que en gran entrevista al diario El País, quiere un ministerio sin necesidad de consultar ni pedir permiso a Feijóo; después llegó Isabelita, que quiere un ático junto a su mamá, por si se separa de una vez por todas de Alberto; y ahora tenemos a Ester, afilada como un bisturí, que quiere ser candidata a "lo que caiga".
Isabelita, desenchufada, ha caído en desgracia en este Madrid D.F. que es un titán Polifemo devorando a sus hijos
Ayuso vive sus últimos días huérfana de Aznar. Hay que remontarse a su viaje a Cancún para caer en ese parricidio que puso en “entredicho” los intereses de José María Aznar (y no sólo de Faes) en México. Por ahí no, dicen que dijo cuando Isabelita reivindicó a Hernán Cortés, en la Universidad de la Liberad de Ricardo Salinas Pliego, financiador de FAES y factótum de la derecha ultra y trumpista en México. Ayuso se asimiló a Trump, a sus psicosis, despertando la maldición de Malinche y la furia de Aznar. No conviene meter la mano en las cosas del comer y, menos aún, en las ideas.
Algo pasó en Cancún. Aquí hemos venido en rescatar la maldición de Malinche, aquella canción bandera escrita por el cantautor mexicano Gabino Palomares que denuncia la explotación humana y norteamericana de los pueblos indígenas latinoamericanos.
La maldición de Malinche llega a nuestros días, después de que el pueblo mexicano pusiera en evidencia el racismo y civismo que los indígenas sufrieron en sus propios países. Isabel llegó al México D.F. con el malinchismo norteamericano, invitada a los Premios Platino por Antonio Cosío Pando, una de las principales figuras del sector privado mexicano. El empresario hotelero (cuya firma gestiona complejos de lujo como Nizuc Resort & Spa) coordinó con otros empresarios este acercamiento para estrechar lazos entre el dinero latam y la Comunidad de Madrid. El mismo Cosío Pando es el propietario del emblemático teatro Frontón México donde se ha representado Malinche el Musical de Nacho Cano y que ha entrado en concurso de acreedores en España con una deuda de 6,2 millones de euros, de los cuales dos se deben a Sandra Ortega, hija de Amancio, fundador de Inditex, algo más de otro millón a Ifema, y algo menos de un tercio a Estrella Galicia.
La maldición de Malinche nos entrega otro musical. Isabelita, desenchufada, ha caído en desgracia en este Madrid D.F. que es un titán Polifemo devorando a sus hijos. Feijóo no ha pedido todavía explicaciones por lo sucedido en la compra del ático que destapó el diario El País la semana pasada. Teme acabar como Pablo Casado. Y mientras tanto, Miguel Ángel Rodríguez se ha desmarcado de su jefa. No te aferres, MAR, no te aferres, vengo cantando estos días. Pero ese, querido y desocupado lector, es otro musical.
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