Europa busca soldados: Austria amplía la mili mientras otros países reactivan el reclutamiento

Un acto de juramento ante la bandera del personal de militares de tropa del ejército de tierra español.

Austria, uno de los países europeos que nunca llegó a abandonar el servicio militar obligatorio, quiere que sus jóvenes pasen más tiempo en el Ejército. El Gobierno de coalición formado por conservadores, socialdemócratas y liberales presentó el 27 de julio un proyecto para ampliar la prestación en tres meses, desde los seis actuales hasta un total de nueve. No obstante, los tres meses adicionales no se cumplirían de forma continuada, sino mediante un sistema de maniobras y ejercicios de reservista distribuidos durante los diez años posteriores al servicio inicial. La reforma se justifica por el deterioro de la seguridad europea y las amenazas derivadas de la invasión rusa de Ucrania, aunque también reabre el debate sobre la neutralidad histórica del país, según la información publicada por Mediapart.

El movimiento no supone exactamente la recuperación de la mili, porque en Austria nunca desapareció, pero muestra hasta qué punto el reclutamiento ha regresado a la agenda europea. Tras décadas profesionalizando sus ejércitos, los gobiernos vuelven a preguntarse cómo conseguir soldados suficientes para sostener una política de defensa cada vez más ambiciosa.

Ese debate avanza en paralelo al aumento del gasto militar. En 2025, la inversión en defensa de la Unión Europea alcanzó los 381.000 millones de euros, un 62,87% más que en 2020. España destinó alrededor de 34.000 millones a cumplir el objetivo del 2% del PIB acordado con la OTAN. Sin embargo, ese aumento no ha resuelto la dificultad para atraer y retener personal.

Voluntarios, salarios y sorteos

Alemania ha optado inicialmente por un sistema voluntario previsto para comenzar en 2026. Los jóvenes de 18 años deberán pronunciarse sobre su disposición a incorporarse a las Fuerzas Armadas y quienes respondan afirmativamente podrán realizar al menos seis meses de servicio. Aunque la obligatoriedad no forma parte del diseño inicial, la estructura permitiría ampliar el reclutamiento si no se alcanzan los objetivos previstos. En 2025, nueve de los 27 países de la Unión Europea contaban ya con algún tipo de prestación militar.

Bélgica ha recurrido directamente a los incentivos económicos. Su Ministerio de Defensa envió en noviembre de 2025 una carta a casi 150.000 jóvenes de 17 años para ofrecerles un año de servicio voluntario, remunerado con alrededor de 2.000 euros mensuales. En un contexto de precariedad y problemas de acceso a la vivienda, el Ejército aparece así como una salida laboral financiada por el rearme. Los gobiernos evitan imponer el servicio militar, pero utilizan incentivos para cubrir puestos que no consiguen llenar por las vías habituales.

Francia también debate la recuperación de alguna forma de prestación. Un estudio de YouGov situaba en el 69% el porcentaje de franceses favorables a recuperar el servicio, frente al 59% registrado en Alemania, el 49% en Italia y el 43% en Reino Unido.

Otros Estados han ido más lejos. Lituania recuperó la obligatoriedad en 2015 y exige nueve meses de servicio a hombres de entre 19 y 26 años. Letonia hizo lo mismo en 2024 con una prestación de doce meses para hombres de entre 18 y 27 años, seleccionados mediante sorteo.

Suecia reimplantó en 2017 un modelo mixto y selectivo. Cada año incorpora a una pequeña parte de los jóvenes que alcanzan la mayoría de edad, hombres y mujeres. No moviliza a toda una generación, sino que escoge a quienes reúnen las condiciones que necesitan las Fuerzas Armadas. El sistema sueco se ha convertido en una referencia para ampliar las reservas sin asumir el coste de una mili universal.

Dinamarca también recurre al sorteo; Finlandia y Estonia mantienen la obligación para los hombres, y Grecia y Chipre nunca abandonaron el servicio. La proximidad de los países bálticos y nórdicos a Rusia ayuda a explicar por qué el servicio militar tiene allí una aceptación difícilmente trasladable al resto del continente.

El coste de recuperar la mili

La recuperación del servicio obligatorio tampoco garantiza por sí misma una mejora de la capacidad militar. Formar grandes contingentes exigiría más cuarteles, instructores, alojamientos y equipos, además de la manutención de miles de reclutas. Unos pocos meses, además, pueden resultar insuficientes para manejar sistemas cada vez más complejos.

El coste económico constituye una de las principales barreras para recuperar la obligatoriedad universal. También existe un coste social: interrumpir los estudios o el inicio de la vida laboral de una generación. En otro análisis publicado por infoLibre, el militar retirado Jesús Núñez ponía en duda que sumar reclutas implicase necesariamente una mayor capacidad militar y señalaba que el desarrollo tecnológico empujaba hacia ejércitos más reducidos y especializados. 

España mantiene cerrada la puerta

España permanece, por ahora, al margen de esta corriente. PSOE y Sumar rechazan recuperar el servicio obligatorio y el PP tampoco ha defendido deshacer una de las decisiones del segundo Gobierno de José María Aznar, que suspendió la mili hace ahora justamente 25 años. Vox es el único partido que ha planteado expresamente su regreso.

La vuelta sería jurídicamente posible porque el servicio fue suspendido, no eliminado completamente. La Constitución mantiene ese derecho y el deber de defender España. Por su parte, la ley de la carrera militar contempla la figura del reservista obligatorio. La posibilidad legal, sin embargo, no elimina el rechazo social.

Según una encuesta de YouGov, un 42% de los españoles apoyaba algún periodo de servicio militar obligatorio, frente a un 52% que lo rechazaba. Entre los jóvenes de 18 a 24 años, los directamente afectados, el respaldo descendía al 34% y la oposición alcanzaba el 62%. La apoyaban el 69% de los votantes de Vox, el 49% de los del PP, el 35% de los del PSOE y el 24% de los de Sumar.

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La discusión española se concentra más en las carencias del modelo profesional. Las Fuerzas Armadas tienen 116.739 integrantes frente al objetivo de alcanzar una cifra que se encuadre en el intervalo entre 130.000 y 140.000. El presidente del Observatorio de la Vida Militar, Mariano Casado, calcula que faltan entre 15.000 y 23.000 efectivos de tropa y reclama mejores salarios, condiciones de vida y salidas profesionales para atraerlos y retenerlos.

La decisión de Austria confirma que el servicio militar ha dejado de ser únicamente un recuerdo europeo. En algunos países nunca desapareció; en otros ha regresado mediante sorteos o sistemas selectivos, y en Alemania, Bélgica o Francia reaparece bajo fórmulas voluntarias e incentivos económicos.

Europa todavía no ha restablecido el reclutamiento masivo que dominó el siglo XX, pero el rearme está trasladando el debate desde los presupuestos hasta la población. Después de multiplicar el gasto y acelerar la compra de armamento, los gobiernos se enfrentan ahora a la cuestión más incómoda de cualquier política militar: quién debe incorporarse a los ejércitos, en qué condiciones y qué parte de su vida tendrán que entregar los jóvenes para sostenerla.

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