Disfraces sin fiesta
¿Puede un gigantón de más de dos metros y medio de altura transmitir sensación de desamparo? Puede. Basta con imaginar el calor que debe dar ese disfraz para que, al menos a mí, me posea irremediablemente un sentimiento de compasión hacia quien lo lleva.
El de la imagen estaba apostado en la plaza del Comercio de Lisboa, a la espera de que alguien se animara a hacerse una foto con él a cambio de algo de dinero. En la mayoría de los casos, la cantidad suele depender de la generosidad de quien decide hacérsela y, por lo que pude observar, yo diría que no sale a cuenta.
Me he preguntado si esa compasión que me provoca tiene que ver con cierto paternalismo clasista que, en realidad, oculta la consideración de ese trabajo como menos digno que otros igualmente sacrificados pero que no precisan del aditamento grotesco del disfraz. Creo que no es eso.
Mi problema es que pienso en los niños. No en los que se acercan para fotografiarse con él, sino en los hijos de la persona disfrazada, si es que se puede permitir tenerlos. Para explicarlo brevemente, permítanme que lo exprese con un microrrelato que, por triste, nunca quise escribir pero cuyo recuerdo regresa siempre cuando veo uno de estos disfraces:
El perro ilustrado
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“A los seis años, Reinaldito Salazar lo entendió todo y pasó del orgullo de ser hijo de Spiderman a la vergüenza de ser pobre. No pudo escapar a su destino. Ni tampoco sus descendientes. Con el tiempo los Salazar han constituido una dinastía de Spidermans que se traspasan el reino de un chaflán”.
La verdad es que podría haber imaginado un final mejor y que el chico progresara hasta llega a ser Rocky, la mascota del equipo de la NBA Denver Nuggets, que tiene un sueldo de 625.000 dólares. Pero también es cierto que podría haber empeorado el desenlace y que acabara siendo Txurdin, la mascota de la Real Sociedad. No hay dinero en el mundo que compense ponerte eso.
*Miguel Sánchez-Romero Guerrero es guionista y productor ejecutivo de televisión. Dirigió, entre otros proyectos, el programa 'El Intermedio' durante diez años.