Argentina

Biblioteca Nacional de Argentina: ¿quién abandera la campaña contra Alberto Manguel?

El escritor Alberto Manguel.

Philippe Riès (Mediapart)

El 1 de julio, Alberto Manguel tomó posesión como director de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno (BNMM) de Buenos Aires. El regreso de Manguel, autor del bestseller mundial Una historia de la lectura, a su país natal, debería haber sido considerado como el regreso de un hijo pródigo, celebrado como todo un honor y una oportunidad para la institución. Sin embargo, es imposible ignorar la guerra que capitanean los peronistas, en cualquier circunstancia, contra cualquiera que tenga la osadía de cuestionar su derecho histórico a controlar el poder en Argentina, generalmente con resultados desastrosos. Nombrado el pasado mes de diciembre por el gobierno liberal de Mauricio Macri –éste elegido democráticamente por los argentinos para poner fin a 12 años de kirchnerismo (Néstor y después su viuda Cristina)– Alberto Manguel no ha tardado en ser víctima de una campaña hostil, orquestada, a nivel nacional e internacional, por su predecesor a la cabeza de la BNMM.

De este modo, el caso de la BNMM pronto ha traspasado fronteras, saltando Argentina a toda América Latina. Bien es verdad que el régimen populista de Cristina Kirchner no irrumpió directamente en la BNMM, tal y como hizo en las arcas del Banco Central. Tampoco la ha sometido a su control, como hizo con el Instituto Nacional de Estadística, para obligarle a camuflar los catastróficos resultados de su gestión. Simplemente alentó o toleró las derivas de todo tipo, con el objetivo de cuestionar la principal vocación de una biblioteca nacional: su equilibrio financiero, malversando fondos públicos para asuntos más que cuestionables. También es reveladora la tendencia de ciertos intelectuales que no han dudado en utilizar su pluma para unirse a esta campaña de desprestigio contra Alberto Manguel, sin contar con información seria y contrastada sobre el asunto.

Cristina Kirchner, como mala perdedora, rechazó trasmitir a su sucesor la banda y el bastón, símbolos del poder presidencial. El anterior director de la BNMM, Horario González, como mal perdedor, ha lanzado una campaña de acoso y derribo contra Alberto Manguel, al que acusó –incluso antes de ocupar su cargo y de planificar la gestión de la institución– de querer "desmantelarla". Dicha acusación ha derivado en una petición internacional, promovida por una parte de la diáspora intelectual y académica argentina, publicada, incluso, en el diario francés Le Monde.

Pese a todo, los firmantes podrían, por ejemplo, haberse interesado por la respuesta de Consuelo Gaitán, directora de la Biblioteca Nacional de Colombia, a la larga y violenta diatriba enviada por Horacio González al comité de dirección de ABINIA, la Asociación de Bibliotecas Nacionales de América Latina. Sobre este texto, escribe Gaitán, "lo primero que pensé fue en la enorme tragedia que estamos viviendo en Colombia en este momento, debido a que un expresidente [Alvaro Uribe] no se resigna a limitarse a serlo, poniendo en riesgo el mayor anhelo que tenemos todos los colombianos, la consolidación de la paz".

Sobre la caza de brujas contra Alberto Manguel, Gaitán recuerda que "probablemente, no hay mayor conocedor de la cultura escrita, del libro y de las bibliotecas en el hemisferio occidental que el nuevo director de la Biblioteca Nacional de tu país". Y proclama, además, "la inmensa alegría que le causó que Alberto Manguel hubiese aceptado dirigir la Biblioteca Nacional y el "honor" de pasar a ser "colega de un intelectual de su talla". Consuelo Gaitán precisa que ABINIA no debe tomar partido "sobre decisiones internas de un país, sobre el modelo de gobierno ("como si solamente hubiera uno absoluto y perfecto"), ni sobre "los 1.048 empleados" que deja tras de sí González, "por muy sorprendente que sea".

La BNMM de Horacio González: triplicó los empleos, pero precarios

El argumento principal de la campaña contra Alberto Manguel es su preocupación por el enorme número de empleados, descomunal en comparación con otras instituciones similares. La Biblioteca Nacional de Colombia, dirigida por Gaitán, un ejemplo en América Latina, condecorada por la Unesco (y nominada este año a los premios Princesa de Asturias), cuenta con 190 trabajadores. En este contexto, los que firman y protestan contra Alberto Manguel critican su decisión de despedir a 240 empleados, ignorando que en 2005, año en el que el Gobierno de Kirchner nombró a González director de la BNMM, la institución contaba con 306 asalariados.

El ministro argentino de Cultura, Pablo Avelluto, ha destacado que de los 700 nuevos empleados, bajo diferentes estatus, contratados bajo la dirección de Horacio González, más de 500 fueron elegidos directamente por el entonces director, sin que se respetase el proceso de contratación de los funcionarios públicos. Por si fuese poco, el director saliente ordenó 142 contrataciones a dedo días antes de cesar en el cargo. Se trataba, manifiestamente, de una participación deliberada en la campaña de Cristina Kirchner, no sólo para identificar a los fieles o devolver los favores antes de ceder su puesto, sino también para complicar el panorama a su sucesor al frente del Estado.

Como escribe el ministro, "el desprecio por las carreras profesionales de la Administración pública ha alcanzado un nivel tal que sólo 15 personas forman parte de la plantilla permanente de la institución". 

Pero, evidentemente, reclutar a través de un concurso público a profesionales cualificados requiere transparencia y profesionalidad, aspectos que Horacio González ha ignorado. Personal de la institución coincide en señalar que se realizan contratos por intereses políticos, sindicales o familiares y cuyos beneficiarios ni siquiera se tomaban la molestia de trabajar o, incluso, de hacer acto de presencia. Contactado por Mediapart, el exdirector no ha respondido a nuestras preguntas.

Basten algunos ejemplos. El caso de Carolina P., que entre julio de 2015 y febrero de 2016 no acudió a su puesto de trabajo. La explicación de uno de sus compañeros: "Vive a 60 kilómetros. ¿Cómo va a venir todos los días?". Una hija y una hermana de Horacio González también se beneficiaron de estos contratos familiares, igual que la hija de un diputado del Parlamento Nacional, próximo al antiguo director de la institución. Los directores de los diferentes departamentos se han visto obligados a aceptar a empleados caídos del cielo para los que fue necesario "inventar" un puesto a la medida de su incompetencia. Familias al completo fueron reclutadas a través de las "listas sindicales". Para no caer en los excesos, Horacio González acordó para todo el personal reducir una hora a la semana su jornada de trabajo. Es lo que él calificó de "concepción del Estado [y de la Biblioteca Nacional] que se aleja de la estrechez de la eficacia".

¿La solución de Horacio González a las consecuencia de estos contratos discriminatorios de personas poco o nada cualificadas? La creación de colegios de formación en el seno de la BNMM. Como él mismo reivindica en una carta a sus antiguos compañeros de América Latina, "diferentes escuelas funcionaban en su interior: de bibliotecarios, de encuadernadores, posgrado de bibliotecología". Todas estas formaciones, sin embargo, ya se impartían en los institutos profesionales y en las universidades públicas de la República de Argentina. Por poner un ejemplo, la directora adjunta, Elsa Barber, del equipo técnico que Horacio González reclutó en 2007 según las reglas antes de terminar marginándola, es profesora de bibliología en la Universidad de Buenos Aires.

¿Una Biblioteca Nacional o una “Casa de la Cultura”… imparcial?

"La BNMM no es un colegio. Las personas que se contratan deben ser competentes y operacionales", se indigna el profesor José Buruca, filósofo e historiador de Arte y de Ciencias. Este intelectual de renombre internacional, que regresa a Argentina tras un año en el Instituto de Estudios Avanzados de Nantes, califica la situación como "caótica" tras los diez años de Horacio González al frente de la BNMM. "El catálogo sigue sin haberse concluido. La BNMM no cuenta con una base de datos pública accesible a través de internet. Ahora es imposible encontrar documentos que en los años 80 eran accesibles. Nadie puede decir cuántos libros hay en las estanterías. ¿Dos millones? Esta era la cifra antes de cambiar las instalaciones de la Biblioteca. Incluso el catálogo de publicaciones nacionales, que se obtiene de los depósitos legales, no se ha completado. Es un escándalo".

Según fuentes internas, si, a pesar de todo, la digitalización y el catálogo han avanzado, ha sido gracias al trabajo de la dirección técnica, con el apoyo de la directora adjunta, contra Horacio González.

Fue necesario esperar a 2010 para que la BNMM pusiese en marcha un sistema completo de gestión bibliotecaria (SIGB), que acabaría con la elección, contra la voluntad manifiesta de Horacio González, del software ALEPH (¿Homenaje al gran Jorge Luis Borges, ex director de la Biblioteca Nacional?), de origen israelí. Según una fuente interna, González no dejó de "minimizar todo lo que concernía al trabajo bibliológico realizado durante su mandato. El catálogo nunca existió, reconocía cualquier actividad pero nunca agradeció el inmenso trabajo que todo el personal hizo para llevar a cabo esta tarea prioritaria de toda Biblioteca Nacional". La misma fuente acusa al exdirector de poner obstáculos a los equipos técnicos, asignándoles otros trabajos en detrimento del desarrollo del catálogo.

A los firmantes franceses de la petición contra Alberto Manguel, José Burucua recomienda verificar sobre el terreno si es posible trabajar en dichas condiciones. "La misión esencial de una biblioteca es tener libros y ponerlos a disposición de los lectores. Si esta misión central se lleva a cabo, es posible añadir otras actividades, siempre en torno al libro, como ha hecho la BNF (Biblioteca Nacional de Francia)". Sin embargo, afirma que Horacio González ha trasformado la BNMM en "una especie de festival permanente", con conciertos, proyecciones cinematográficas, mítines políticos, lanzamientos de libros y diversos eventos de animación. En su respuesta general a las preguntas precisas y detalladas de Mediapart (el periodista que escribe esta líneas ha sido acusado de caer en "los prejuicios" o de ceder a las advertencias del nuevo Gobierno), el antiguo patrón de la BNLL revindica haber "concebido la Biblioteca como una institución histórico-cultural en condiciones de interrogar y movilizar a la cultura argentina, pasada y contemporánea". Para ello, "puso a disposición, de forma gratuita, el auditorio y las instalaciones de la institución para actividades que no tenían ninguna relación con su misión, a título gratuito, la BNMM se hacía cargo de todos los gastos (electricidad, limpieza, instalación y trasporte de los equipos de sonido, luz, personal técnico, seguridad, etc.)". En el caso de Carta Abierta, una iniciativa de los militantes intelectuales próximos al kirchnerismo, la "movilización" que reivindica Horacio González es, sobre todo, política e imparcial, por ello la necesidad de utilizar los recursos e instalaciones de la BNMM.

2,7 millones de pesos para los “pollos” de Crónica

Horacio González justifica la multiplicación del número de empleados por "la ampliación vertiginosa de nuevas funciones, la adquisición de tecnologías, de archivos, y la construcción de nuevos edificios". De hecho, durante el tiempo que permaneció en el cargo, la BNMM adquirió, por una sustancial suma, el fondo impreso y fotográfico, sin inventario ni clasificación de los archivos, del periódico Crónica, una publicación considerada "populista peronista". La BNMM asumió la obligación de clasificar y digitalizar los archivos de una empresa privada, de la que solo es depositaria. Así, la factura para la institución pública ascendió a 12,7 millones de pesos (760.000 euros), sin recibir ninguna contrapartida. Según fuentes internas de la BNMM, un centenar de personas se vieron afectadas por este trabajo, empleados que, por aquel entonces, trabajaban en el catálogo. En cuanto al varlo bibliográfico de los fondos del Crónica, es cuestionable.

La BNMM de Horacio González también puso en marcha, al igual que otras bibliotecas nacionales, una actividad editorial. Pero la edición consiste, también, en buscar un público. Publicar para ser leído, en definitiva. Este no fue el caso de las imitaciones de las revista argentinas de los años veinte, "un desastre financiero", según las mismas fuentes. Y cuando la BNMM se erigió en el Museo del Libro, Horacio González ignoró de nuevo el funcionamiento de los mercados públicos. El edificio fue concebido y pagado antes de la finalización de las obras. Se encontraron fugas de agua en el depósito de los manuscritos y en las salas de lectura, las instalaciones de calefacción y aire acondicionado son deficientes, la iluminación es de mala calidad.

En este complicado escenario, un elemento más de la herencia global del matrimonio Kirchner, lo más difícil es gestionar la dimensión social. ¿Cómo diferenciar, entre los centenares de contratos realizados por González, entre las personas competentes y trabajadoras, indispensables para el buen funcionamiento de la institución, y aquellos que en Argentina se apodan los gnocchis, puros productos del clientelismo que parasitan los fondos públicos?

Las mismas fuentes internas aseguran que entre las 240 personas despedidas, se encuentra un centenar que no merecía estar en el mismo saco. 131 empleados han vuelto a ser contratados, no precisamente los más cualificados, sino aquellos que forman parte de los sindicatos de la BNMM, la ATE (minoritario y virulento) y la UPCN (mayoritario y oportunista), que contaban con sus propias listas. El mejor procedimiento consistiría en ofrecer un contrato fijo, siguiendo las normas en vigor que rigen los empleos públicos (a través del concurso), a los 500 empleados cualificados que bastarían para asegurar el buen funcionamiento de la institución. Pero esto supondría entrar en un campo de minas político y sindical, como ya lo ha demostrado "el recibimiento" reservado por los sectores pro-kirchner a Alberto Manguel cuando inauguró el Salón del Libro en Buenos Aires el pasado mes de febrero.

El Gobierno de la institución supone un problema de cara al futuro. Sin un consejo de administración o de "fiduciarios", el director cuenta con todo el poder. Horacio González impuso un funcionamiento completamente vertical, todas las decisiones dependen de él. A decir verdad, y sin sorprendernos, el "caudillismo" siempre ha funcionado bien en los populismo, en gobiernos de "izquierdas" y de derechas.

Los débiles y buenos "progresistas" contra los malvados "liberales"

Justamente, Horacio González y aquellos que le apoyan, en Argentina y a nivel internacional, tratan de convertir el caso de la BNMM en una parábola sobre el enfrentamiento entre los buenos progresistas (ellos) y los malvados conservadores o, pero aún, los "liberales". Cierto, si conducir a un país hacia la inflación galopante y al borde la fatalidad, es ser de "izquierdas", entonces el matrimonio Kirchner puede autoproclamarse de tal forma. ¿O, quizás, el rigor en la gestión del dinero público, el profesionalismo, el respeto de la misión principal de la institución, son principios de "derechas"? La prensa argentina toma partido en esta guerra en función de sus inclinaciones ideológicas, los medios de oposición a los Kirchner apoyan a Manguel, las publicaciones peronistas lo critican.

La realidad es mucho más simple. Hombre de izquierdas cuando está en Argentina, Horacio Tarcus, director del CeDinCi, el Centro de Estudios de la Cultura de Izquierdas, ligado a la Universidad de San Martin. Director adjunto de la BNMM durante los dos primeros años del mandato de González, salió de la institución por su desacuerdo con la perversión de las misiones de la BNMM, como relata José Burucua, y como confirman fuentes internas. En lo que concierne a materia bibliológica (o "bibliotecológica", el discutible neologismo utilizado en la petición publicada por Le Monde), al desarrollo del catálogo, al acceso a través de Internet, al apoyo a los investigadores y estudiantes, el CeDinCi es todo lo que la Biblioteca Nacional no ha conseguido ser en los 12 años de los Kirchner en el poder.

Acusar a Alberto Manguel de apoyar un "capitalismo salvaje" es, simplemente, ridículo. Entrevistado por el diario portugués Publico, él juzgaba "inmundo" el Gobierno conservador de Canadá, su país de adopción. En sus violentos ataques contra Manguel, González le ha calificado, entre otras lindezas, de "gran señor", de "don Juan de las bibliotecas", de un Ulises que se hace esperar (ya que Manguel decidió acabar su curso como profesor en la Universidad de Princeton y Columbia antes de ocupar su nuevo cargo), llegándole a comparar, en una alusión pintoresca a Hamlet, "con su querido Shakespeare", al personaje de Fortinbras que reina sobre un campo de cadáveres. ¡Ni más ni menos! Haber sido, como Horacio González, un combatiente contra la dictadura militar, haberlo pagado en su silla (de tortura) y con el exilio (en Brasil), soportando, a día de hoy, las consecuencias físicas (insuficiencias renales graves), no autorizan todo, como le recordó Consuelo Gaitan.

"¿Qué proyecto abandera?", se interrogan a propósito de Manguel los firmantes. "¿La continuidad institucional de la Biblioteca o su desmantelamiento?". "¿La continuidad de la gestión de Horacio González?". Es sobre la reconstrucción de la BNMM sobre lo que se debe discutir… Incluyendo el plano financiero, el análisis de las cuentas ha puesto de manifiesto un agujero de 19 millones de pesos. Según una personalidad de la cultura que reside en París y que habló con Manguel sobre este reto, el autor de La Biblioteca de noche y de una veintena de obras consagradas a la lectura, desea poner sus ideas en práctica. Especialmente, convertir la BNMM en una auténtica biblioteca nacional, trabajando con las instituciones de las diferentes provincias. Llevando los libros y la cultura a los barrios más desfavorecidos, incluyendo los barrios marginales. Para los bibliólogos internacionales, para los centenares de miles de lectores de Alberto Manguel en el mundo, no encontramos ante una buena noticia, en el inicio de una experiencia apasionante.

Una autora extranjera, residente en Francia, gran lectora de Manguel, indignada por el contenido de la petición publicada en Le Monde, me puso sobre la pista del caso BNMM. Todavía en Estados Unidos al inicio de esta investigación, Alberto Manguel, que tiene la doble nacionalidad canadiense y argentina, no ha querido manifestarse. Lo hará públicamente en los próximos días en Buenos Aires. La situación revelada en esta investigación, de varias semanas me ha llevado a pensar en cómo el matrimonio Kirchner (especialmente Cristina, responsable de la degradación de la situación en el país) ha tratado a otras instituciones, más próximas a sus intereses habituales. Pero las instituciones de un país civilizado, ya sean políticas, económicas, sociales o culturales, son los pilares de un régimen democrático y de una sociedad avanzada. Es necesario tratarlas con respeto, ayudar a su evolución con prudencia, respetarlas en su vocación.

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