Francia

Valls aprueba su plan de recortes con la abstención de 41 de sus diputados

François Hollande y el primer ministro francés, Manuel Valls, el pasado 28 de abril en París.

MATHIEU MAGNAUDEIX | ELLEN SALVI (MEDIAPART)

“El primer ministro llega al final del recreo”, comentó el martes por la mañana una diputada del PS en Twitter. Después de haber sufrido la más vehemente rebelión parlamentaria desde hace dos años, Manuel Valls contuvo la hemorragia y prosiguió con su plan económico basado en el recorte de 50.000 millones de euros, discutido por un centenar de parlamentarios y ligeramente modificado después de las críticas recibidas por los propios diputados del PS. Con 265 votos a favor y 232 en contra, una mayoría totalmente relativa, ya que 41 socialistas se abstuvieron, el plan saldrá adelante. “Han sido muchos…”, comentaron después de la votación, y es que el Partido Socialista esperaba 10 apoyos menos.

Como era de esperar, la derecha votó en contra –sólo el antiguo ministro de Nicolas Sarkozy Frédéric Lefebvre votó a favor– y tres diputados se abstuvieron (Jérôme Chartier, Arlette Grosskost y Fernand Siré). El grupo más numeroso de la UDI, formación de centro derecha, (17 de los 29 miembros) mantuvo su denominada posición de "abstención de estímulo".

Es la primera vez en dos años del quinquenio de François Hollande que tantos diputados del PS se han abstenido en la aprobación de un texto tan importante para el Gobierno. En octubre de 2012, 20 de los 297 diputados socialistas votaron en contra del Tratado Europeo y 9 se abstuvieron. En abril de 2013, la reforma del Código de Trabajo se aprobó gracias a una mayoría simple: 35 socialistas se abstuvieron, como gran parte de la UMP y la UDI, y 6 votaron en contra. 

Esta vez, todas las tendencias del PS han estado implicadas, y no sólo el ala derecha. Entre los votantes a favor del plan aparece Pierre-Alain Muet, vicepresidente del Comité de Finanzas; o Christian Paul y Jean-Marc Germain, poco acostumbrados a la disidencia. Otros refractarios son la antigua ministra Delphine Batho, la holandesa Philippe Nogues y Arnaud Leroy. El Frente de Izquierda, 12 ecologistas (de 17) y los tres diputados chevènimistas relacionados con el PS votaron en contra. A pesar de las concesiones, el contenido general del plan no ha cambiado”, justificó Barbara Pompili, copresidenta del grupo ecologista.

"Se escuchaba volar a las moscas"

El único consuelo para el Gobierno es que ningún miembro del PS votó en contra –tres de ellos cambiaron de opinión durante el día–. Hay que señalar que el Ejecutivo ha hecho todo lo posible por reducir el conflicto.

El martes por la mañana, durante la reunión de los diputados del PS, el primer ministro mostró sus músculos. “Fue extremadamente autoritario, se escuchaba volar a las moscas”, aseguró un diputado. Valls trató de “aplastar” mediáticamente a los socialistas más críticos. “Este es un momento decisivo. Ustedes deben asumir la responsabilidad de la mayoría”, remarcó.

En el hemiciclo, algunas horas más tarde, Valls continuó en la misma línea. “Este Gobierno no pide un voto en blanco, sólo para ver qué pasa, una pista, un mensaje. El resultado del voto condiciona tanto la legitimidad del Gobierno como su capacidad de gobernar en mayoría, y sobre todo la propia credibilidad de Francia”. Presión máxima. Frente a una mayoría dudosa, Valls defendió su plan de ahorro, “calibrado para garantizar el cumplimiento de nuestros compromisos, bien distribuido y justo”. “Quién quiere gobernar debe elegir”, aseguró resucitando el discurso de Pierre Mendès durante su investidura en 1953. “Prepara el futuro, no la austeridad”, apostilló. La perorata fue aplaudida cortésmente en las filas socialistas. Al final, unos cuarenta miembros evitaron levantarse o aplaudir.

Jean-Jacques Urvoas, próximo a Valls, acostumbra a calificar a los socialistas díscolos como“yihadistas” que “andan por ahí con un cinturón de explosivos”. El nuevo ministro de Relaciones con el Parlamento, Jean-Marie Le Guen, persigue a los críticos, quienes se multiplican cada día. Sin embargo, no parece muy eficaz en su tarea: “¡Me llamó, la llamada duró 45 minutos, y habló 44!”, “Le Guen es el candidato que va de puerta en puerta, entonces piensas: Uff, menos mal que ya ha pasado, casi vote por él”, comentan. A cada uno, el ministro, en todo caso, le ha pasado su mensaje: sin un “si” masivo, existe la amenaza de una crisis del régimen o de la disolución de la Asamblea Nacional.

Rechazo a Hollande

El responsable de las elecciones en el PS, Christophe Borgel, también se atasca. Del mismo modo que Yves Colmou, consejero especial de Manuel Valls, es un gran conocedor de los cargos electos locales. “Meten una presión terrible”, aseguró un parlamentario. “Cuanto más me calientan, más ganas tengo de votar en contra”, farfulló Pascal Cherki (del ala izquierda). Para convencer a los parlamentarios, Borgel les cuenta un chiste: “Debemos apoyar a Valls, es el único capaz de hacer frente a François Hollande”. La prueba, de paso, del gran rechazo que suscita el jefe de Estado en la mayoría.

Durante casi un mes, un centenar de miembros descontentos (pertenecientes a ala izquierda y próximos a Arnaud Montebourg) han tratado de rebajar el plan de austeridad. Inicialmente hostil, el Gobierno terminó por reducir sutilmente los lastres que afectan a los trabajadores con menos ingresos y no reducirá las pensiones de menos de 1.200 euros al mes. Sin embargo, no se ha alterado la cifra de 50.000 milllones escrita en la pizarra. Por lo que no ha sido suficiente para calmar a los amotinados. “La cuestión de fondo es política. Las concesiones del primer ministro son simbólicas. Esta política nos pone contra la pared, no es buena para el país, ni siquiera lo es electoralmente”, afirma Mathieu Hanotin, próximo al presidente de la Asamblea Nacional, Claude Bartolone.

“Ha habido avances, pero son ridículos. No es ni el momento, ni la cantidad adecuada”, apunta Nathalie Chananne, del ala izquierda. “Me abstengo por aquellos franceses que quieren que la izquierda les proteja y tome decisiones justas. Esto no es un voto de confianza, pero es un mensaje de alerta”, explica Christian Paul. “Este voto es una buena señal teniendo en cuentas las presiones”, se felicita Laurent Baumel, una de las organizadoras de la revuelta y cercana a Dominique Strauss-Kahn. “El resultado habría sido mejor sin tanta dramatización”, añade.

Hace tres semanas, once socialistas se abstuvieron en la votación de confianza de Manuel Valls., la primera vez que sucede durante la V República. En tres semanas, 30 socialistas han optado por la abstención. “Este no es más que el comienzo de la historia. Ahora habrá que negociar con la mayoría cada voto”, asegura un cargo socialista. En lo que respecta a los textos más importantes, las mayorías absolutas parecen pertenecer al pasado.

En junio, una parte del Pacto de Responsabilidad será examinado por los diputados. Los empresarios pagarán 30.000 millones de euros menos de impuestos en tres años y, a cambio, se comprometen a aumentar sus plantillas, según el llamado ese pacto, anunciado a finales del año pasado por Hollande e interpretado como un giro económico a la derecha.“Nos aseguraremos de que las bajas previstas sean equilibradas con otras contrapartidas”, promete Christian Paul. Manuel Valls no ha acabado con su mayoría, que parece haber comenzado a degustar su libertad de palabra. Incluso su libertad de voto.

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Traducción de Irene Casado Sánchez

Irene Casado Sánchez

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