MEDIOAMBIENTE Y SALUD
El coste de los contaminantes eternos será del 10% del PIB europeo en 2050 si no se prohíben
Los contaminantes eternos, conocidos como PFAS, siguen empleándose cada día en millones de productos de consumo, aumentando su concentración en la naturaleza y engordando la factura de su futura limpieza. La Comisión Europea ha calculado por primera vez el coste de retirar estos elementos de la naturaleza en la Unión Europea y la horquilla va de los 330.000 millones de euros a los 1,7 billones de euros de aquí a 2050, en función de si se legisla a corto plazo para prohibirlos o si se continúan utilizando masivamente. La cifra más alta equivaldría al 9,4% del PIB anual del bloque.
Los PFAS son sustancias químicas sintéticas que contienen enlaces de carbono y flúor que se añaden a todo tipo de materiales para darles características especiales como resistencia al calor, impermeabilidad o dureza. El problema es que cuando estos químicos acaban en ríos, cultivos y acuíferos –o en el polvo de casa–, pueden permanecer allí durante décadas o siglos, contaminando durante generaciones el entorno.
La preocupación por estas sustancias ha crecido drásticamente en la última década y Bruselas valora prohibir de golpe la producción y el consumo de las casi 10.000 variantes de PFAS existentes. En su afán por abordar el problema, la Comisión acaba de calcular el coste de limpiar la naturaleza de estos residuos. El documento estima que en 2024 había en Europa 11.500 lugares contaminados por PFAS y que en 2020 se emitieron 11.600 toneladas de estos químicos al medio ambiente.
El análisis tiene en cuenta cuatro escenarios de aquí a 2050. El más pesimista –la contaminación por PFAS sigue creciendo al ritmo actual– estima que entre 2020 y 2050 su concentración en la naturaleza europea crecerá entre un 150% y un 175%, pasando de afectar del 8% del territorio al 10,5%. Diversos análisis confirman que en la actualidad el 100% de la población europea tiene PFAS en la sangre, pero diez millones de personas pasarían de tener concentraciones medias a elevadas en 2050 si la legislación no se endurece.
El daño económico que supondría ese contexto ascendería a 440.000 millones de euros durante las próximas tres décadas, principalmente por los costes sanitarios de la mortalidad y los tratamientos médicos que acarrearía entre la población, pero no sería el escenario más caro porque se asume que nadie se molestaría en limpiar las aguas continentales de esos tóxicos.
De peor a mejor, el análisis contempla además otros tres escenarios. Uno en el que se cumple actual Directiva de calidad de aguas de consumo humano, otro más optimista en el que se cumple la normativa de Estándares de Calidad Ambiental, y mejor de todos, en el que se prohíbe la producción y consumo de PFAS en la Unión Europea, una medida que se negocia ahora en Bruselas.
El escenario que costaría 1,7 billones de euros de aquí a 2050 es el intermedio, en el que se cumplen los Estándares de Calidad Ambiental, debido a que además de los costes sanitarios derivados de la toxicidad de los químicos, habría que depurar las reservas de agua de boca y las aguas residuales del continente, una operación que dispararía la factura.
La simulación más económica, paradójicamente, sería prohibir en los próximos años el uso total de PFAS en la Unión Europea. El coste de limpiar la naturaleza y el recibo sanitario sería durante las próximas tres décadas sería de apenas 330.000 millones de euros porque habría menos que limpiar y la concentración de ese cóctel en la sangre caería poco a poco hasta cero porque se expulsan por la orina y las heces.
Todos los escenarios calculados por Bruselas solo incluyen el coste sanitario de los cuatro PFAS más comunes en la naturaleza (PFOA, PFOS, PFHxS y PFNA), pero la industria emplea cientos más todos los días en menores cantidades. El PFOA y el PFOS ya están prohibidos por la Convención de Estocolmo —a la que está suscrita la Unión Europea—pero continúan presentes en el medioambiente porque tardan siglos en descomponerse, de manera que los europeos siguen expuestos a ellos. En 2023, la Unión Europea también prohibió el uso de PFHxS y el PFNA.
España también tiene, pero menos
Aunque el coste de limpiar la naturaleza de contaminantes eternos no está desagregado por países, está demostrado que los del sur, entre ellos España, tienen una concentración menor de químicos eternos que los del norte de Europa (Noruega y Suecia) y Europa occidental (Francia y Alemania) por la menor concentración de fábricas que los utilizan. Un estudio de 2023 en adolescentes mostró que en los países del sur tenían de media 0,7 microgramos por litro (µg/L) de sangre de PFOA, frente a 1,12 y 1,13 µg/L en el norte de Europa y Europa occidental, respectivamente. Diferencias similares se encontraron en otros PFAS estudiados.
El principal motivo de la difusión de estas sustancias al medioambiente son los vertidos de aguas residuales industriales, el humo que sale de sus chimeneas y el uso de pesticidas en la agricultura. No obstante, aunque en España no haya concentraciones tan altas de PFAS, están en todas partes. Forman parte de objetos cotidianos como ropa técnica a pesticidas, cosméticos, pinturas, juguetes, extintores o muebles. Pueden encontrarse también en todas las cocinas: en sartenes antiadherentes, en envases de comida rápida o en el papel de horno.
Koldo García, experto en pesticidas de Ecologistas en Acción, ha participado en numerosos análisis de PFAS en España, y afirma que se han detectado en diferentes análisis, tanto de agua como de cultivos y peces. Este mismo jueves, la organización Pesticides Action Network (PAN Europe) ha publicado un análisis de manzanas cultivadas en Europa, entre ellas cinco muestras de España, y tres de ellas contenían PFAS. "No nos consta que haya depósitos de PFAS en España, pero haber tiene que haberlos porque los hemos encontrado en el agua de grifo", señala el experto.
Un factor común a todos los PFAS es que son persistentes o muy persistentes en la naturaleza y no se degradan en siglos, y muchos de ellos son también "tóxicos, bioacumulativos, carcinógenos, mutágenos o tóxicos para la reproducción y, por lo tanto, presentan riesgos para la salud humana y el medio ambiente a través de la exposición", según se lee en el informe la Comisión Europea. Los humanos se exponen a ellos a través del agua de grifo y embotellada, los alimentos, el aire, el contacto con productos diarios que los tienen o en el trabajo, en profesiones como la construcción.
El estudio, que revisa toda la literatura científica reciente sobre los PFAS, recoge todas las evidencias de su impacto en la salud. Se relacionan con infecciones respiratorias, enfermedades autoinmunes de la tiroides, problemas hepáticos, bajo recuento de espermatozoides, riesgos maternos/neonatales (hipertensión, disminución del crecimiento fetal, bajo peso al nacer). De manera menos fiable, también se relaciona con la diabetes.
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Además, los PFAS tienen un altísimo coste para la naturaleza. Se ha demostrado que afectan a la reproducción, el comportamiento y la salud de todos los seres vivos, incluidos mamíferos, peces y plantas. El problema es que su estudio es extremadamente complejo. Los PFAS están poco explorados y su estudio habitual se basa en análisis de seres vivos individuales en entornos controlados, de manera que es difícil conocer realmente su impacto en ecosistemas reales.
El coste económico de estas sustancias ya había sido aproximado en otros análisis, como un estudio de 2025 de The Forever Pollution Project, un proyecto europeo de monitorización de PFAS, que estimó una factura incluso superior: 95.000 millones de euros al año durante dos décadas, casi dos billones de euros. Otra investigación, publicada en 2024 en la prestigiosa revista Science of The Total Environment calculó que eliminar cada año la misma cantidad de PFAS que se emiten al medioambiente en todo el planeta superaría en coste al PIB global (más de 100 billones de dólares).
El informe de la Comisión, publicado este jueves, también contiene una buena noticia. Las prohibiciones de los últimos 20 años de los PFAS más comunes (PFOA y PFOS) provocaron que entre 2001 y 2007 disminuyera su concertación en sangre en Europa un 23% y un 22%, aunque aumentó la de otros contaminantes ternos que los sustituyeron.