Periodismo

La extrema derecha recibió una atención mediática desproporcionada que pudo influir en las europeas

Foto de familia de dirigentes ultras europeos reunidos en Madrid en febrero del año pasado.

Había un patrón, pero nadie lo había medido de manera precisa. Hasta ahora. Durante la campaña de las elecciones al Parlamento Europeo de 2024, un nombre, un partido, una declaración de la extrema derecha aparecía en los titulares con una frecuencia que parecía exceder su peso electoral real. No era una impresión. Un estudio exhaustivo sobre la cobertura mediática en cinco países europeos acaba de confirmar lo que muchos intuían: la extrema derecha recibió una atención desproporcionada en los medios tradicionales, una ventaja estructural que puede haber inclinado la balanza en su favor.

La investigación, realizada por el Social Physics and Complexity Lab del Laboratório de Instrumentação e Física Experimental de Partículas de Lisboa, analizó cerca de 21.500 noticias únicas publicadas en Austria, Alemania, Irlanda, Polonia y Portugal durante los dos meses previos a la votación del 9 de junio. La conclusión es contundente: la extrema derecha acaparó más titulares que cualquier otra familia política, incluso en países donde su presencia electoral era marginal o inexistente.

Los investigadores, liderados por Joana Gonçalves-Sá, eligieron estos cinco países por sus contextos políticos diversos y sus diferentes trayectorias respecto a la extrema derecha. En las elecciones europeas de 2019, esta familia política tenía presencia mínima en Portugal e Irlanda, crecía rápidamente en Austria y Alemania, y estaba consolidada en Polonia. Ninguno de los cinco países tenía partidos de extrema derecha o extrema izquierda en el Gobierno durante el período electoral analizado.

La selección abarcó artículos de diversos orígenes, desde cadenas públicas hasta periódicos de élite y tabloides, garantizando una muestra representativa del panorama mediático de cada nación.

Los resultados son reveladores. En el conjunto de los cinco países, ponderados según su número de escaños en el Parlamento Europeo, la extrema derecha apareció en el 31% de todos los artículos analizados. Fue la familia política más mencionada, por delante de la derecha mayoritaria y muy por encima de las familias de izquierda y los verdes.

Pero la desproporción se hace más evidente al comparar esta visibilidad con los resultados electorales. En Austria, Alemania e Irlanda, la extrema derecha recibió una atención sistemáticamente superior a su representación en 2019, a las proyecciones de voto para 2024 y a sus resultados finales. La diferencia superaba en varios casos las desviaciones estándar respecto a la media, indicando que no se trataba de una variación casual sino de un patrón estructural.

El caso irlandés

El caso de Irlanda es particularmente llamativo. Allí, la extrema derecha carece de representación parlamentaria y su presencia electoral es marginal. Sin embargo, apareció en más de un tercio de todas las noticias analizadas sobre las elecciones europeas. ¿Cómo es posible? Porque los medios irlandeses dedicaron una cobertura significativa a partidos y líderes de extrema derecha de otros países europeos, normalizando su discurso y amplificando su mensaje más allá de las fronteras.

Polonia fue la única excepción a este patrón. Allí, la extrema derecha está bien establecida y, aunque apareció en el 40% de las noticias —la frecuencia absoluta más alta de los cinco países—, esta cifra era ligeramente inferior a su peso electoral real. Aun así, siguió siendo la familia política más mencionada en términos absolutos, con 1.526 apariciones.

El análisis temporal añade otra capa de preocupación. Durante los dos meses previos a la votación, las menciones a la extrema derecha no fueron constantes: aumentaron progresivamente. A partir del 13 de mayo, la extrema derecha se convirtió en la familia política más mencionada en Austria, Alemania y Polonia. Mientras tanto, las referencias a la derecha mayoritaria descendían y las menciones a partidos centristas y de izquierda se mantenían estables pero bajas.

Este crescendo es relevante porque la investigación electoral muestra que muchos votantes toman su decisión en las últimas semanas antes de la votación, precisamente cuando la influencia mediática puede ser determinante. El estudio cita trabajos que demuestran que incluso pequeñas variaciones en la exposición pueden afectar la intención de voto, especialmente entre los indecisos.

¿Se trataba de un fenómeno limitado a ciertos medios? La respuesta es no. El análisis por medios individuales revela que la sobrerrepresentación de la extrema derecha atravesaba líneas editoriales y tipos de audiencia. El 59% de los medios analizados mencionaba a la extrema derecha más que a cualquier otra familia política, incluyendo partidos que estaban en el Gobierno nacional.

Los investigadores clasificaron los medios según dos criterios: popularidad y volumen de producción (número de noticias publicadas). El resultado fue consistente en todos los cuadrantes. En los medios menos populares con baja producción, la extrema derecha era dominante en el 62,5% de los casos. En los medios más populares con alta producción —aquellos con mayor capacidad de influencia—, el porcentaje era del 50%, igualado solo por la derecha mayoritaria.

Medios progresistas

Incluso medios tradicionalmente alineados con el centroizquierda mostraron este patrón. The Guardian dedicó el 45% de sus menciones a entidades de extrema derecha, Der Spiegel el 35%. Esto apunta, según los autores del estudio, a un problema estructural más que a un sesgo ideológico consciente de ciertas cabeceras.

La investigación no se diseñó para establecer causalidad, pero ofrece hipótesis fundadas sobre las causas de este desequilibrio. Una posibilidad es que los medios tradicionales hayan adoptado la lógica de atención de las redes sociales, priorizando el contenido que genera clics y compartidos. El estilo comunicativo de la extrema derecha —directo, emocional, orientado al conflicto— encaja particularmente bien con estas dinámicas de visibilidad.

Otra explicación no excluyente es el intento de algunos medios de demostrar pluralismo o contrarrestar acusaciones de sesgo ideológico. En un contexto de erosión de la confianza en los medios y de acusaciones de censura por parte de líderes populistas, algunos editores pueden estar sobrecompensando, amplificando involuntariamente la voz de quienes los acusan de silenciarlos.

El estudio no analizó el tono de la cobertura —si era positiva, negativa o neutral—, pero cita investigación previa que demuestra que incluso la cobertura negativa puede beneficiar a los partidos de extrema derecha. El efecto "no hay mala publicidad" está documentado: la cobertura crítica aumenta el reconocimiento y puede generar compromiso, especialmente cuando se percibe como un ataque de las élites mediáticas.

La visibilidad mediática no es un recurso neutral. La literatura académica citada en el estudio muestra que la frecuencia con que aparece un partido en los medios contribuye a las percepciones de viabilidad e importancia entre los votantes. Para que los ciudadanos consideren a un partido como opción viable, deben no solo conocer su existencia, sino encontrarlo con suficiente frecuencia como para formarse una comprensión mínima de sus posiciones.

Investigaciones específicas sobre partidos antiinmigración en Bélgica, Alemania y Países Bajos demuestran que estos ganaron tanto visibilidad como éxito electoral cuando los medios aumentaron la cobertura de temas como migración e identidad cultural; temas que estos partidos acaparan en el debate público. Estudios en el Reino Unido sobre UKIP, un partido marginal en un sistema mayoritario, encontraron que incluso la cobertura predominantemente negativa benefició al partido.

Todo suma

El efecto trasciende fronteras. La investigación sobre difusión transnacional muestra que las actitudes políticas domésticas pueden polarizarse tras el éxito electoral de partidos extranjeros, con los medios nacionales actuando como canal clave de transmisión. La cobertura de actores radicales extranjeros afecta las percepciones sobre su prevalencia doméstica y moldea creencias normativas sobre el movimiento en general.

Desde las elecciones de junio, la tendencia ha continuado. En Austria, la extrema derecha obtuvo el primer lugar en las elecciones legislativas nacionales. En Portugal, quedó en segundo lugar. En Alemania, Alternative für Deutschland (AfD) se consolidó como la fuerza más votada en los estados orientales. La convergencia en la cobertura mediática, atravesando países y contextos políticos, puede reflejar transformaciones más profundas en el ecosistema informativo digital.

Los medios tradicionales operan ahora bajo la misma lógica de atención que las plataformas sociales, priorizando métricas de compromiso como clics y compartidos. En este contexto, apunta la investigación, las decisiones editoriales que responden a analíticas de audiencia probablemente amplificarán el discurso que genera más atención. Un círculo vicioso donde la provocación obtiene visibilidad, y la visibilidad genera más provocación.

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Las afirmaciones de censura sistemática por parte de partidos de extrema derecha —y de una preferencia mediática hacia la extrema izquierda— resultan difíciles de sostener ante estos datos. Al contrario, estos hallazgos muestran que tales actores están entre los más visibles del panorama mediático europeo.

El estudio concluye con una llamada a la reflexión sobre pluralismo, responsabilidad editorial y cómo debería monitorizarse y regularse la distribución de atención mediática en la era digital. La visibilidad es poder. Y cuando esa visibilidad se distribuye de forma sistemáticamente asimétrica, las consecuencias para la competencia democrática son profundas.

Mientras tanto, los datos están sobre la mesa: la extrema derecha disfrutó de una ventaja mediática estructural en las elecciones europeas de 2024. Una ventaja invisible para muchos, pero medible, significativa y potencialmente decisiva.

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