Periodismo

Qué está en juego cuando los medios normalizan que los políticos solo respondan ante periodistas afines

Pedro Sánchez, Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo.

Las ruedas de prensa con preguntas ilimitadas —y repreguntas— ya son una rareza en España. Pero es que, además, las comparecencias ante periodistas en las que los líderes del PSOE, el PP y Vox —Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal— se someten a responder a los medios se cuentan cada año con los dedos de una mano. Y a veces sobran dedos.

Los equipos de comunicación de los grandes partidos —los pequeños suelen ser otra historia, porque están mucho más necesitados de presencia mediática— llevan tiempo asumiendo como prioritaria la tarea de mantener a sus máximos dirigentes fuera del alcance de la prensa en general, y de los periodistas de televisiones, diarios y radios que consideran no afines, en particular.

En lo que va de legislatura, Sánchez, Feijóo y Abascal no solo han ofrecido contadas ruedas de prensa en las que los periodistas tienen oportunidad de preguntarles sobre temas de actualidad, sino que tampoco han concedido entrevistas a medios que sus directores de comunicación no consideran afines. La idea es simple: someter a sus líderes exclusivamente a cuestionarios supuestamente previsibles, que pueden hasta cierto punto controlar, y evitar así las preguntas incómodas.

No encontraréis entrevistas de Pedro Sánchez en El Mundo, elconfidencial.com o Abc. Tampoco de Feijóo en eldiario.es o infoLibre —este periódico las ha solicitado, sin éxito, desde 2022—. Sí se han publicado a la inversa. Lo mismo sucede con Abascal, que tampoco se expone a ser entrevistado por medios que considera hostiles, entre los que incluye algunos de la derecha como Abc o El Mundo. Sí acude, cuando le llaman, a programas de Antena 3 y Telecinco.

Este comportamiento no siempre fue la norma. Hace algunos años, los dirigentes de los diferentes partidos se sometían no solo a ruedas de prensa con cierta frecuencia, sino que concedían entrevistas a medios de diferente orientación editorial. Hasta el punto de que no hacerlo representaba un estigma. Y tenía un coste ante la opinión pública.

Hoy eso ya no sucede. Los políticos, pero también los medios, han normalizado una situación que no solo deteriora el ecosistema mediático español, sino que condiciona el ejercicio del derecho a la información de los ciudadanos.

Una “anomalía”

Todos los representantes de organizaciones de periodistas consultados por infoLibre están de acuerdo en que esta situación representa, como mínimo, una “anomalía”.

Los dirigentes políticos, recuerda Joan Maria Morro, decano del Col·legi de Periodistes de Catalunya (CPC), “tienen la obligación de pasar cuentas y de dirigirse a toda la sociedad. No es sano ni deseable que sólo concedan entrevistas a medios o a periodistas que son afines a sus creencias. Para garantizar la máxima pluralidad, las entrevistas deberían realizarse en todo tipo de medios, públicos y privados, de audiencia estatal o autonómica”.

En su opinión, no hay duda de que este comportamiento afecta al derecho de los ciudadanos a recibir la máxima información de los líderes políticos y dirigentes institucionales. Algo que solo se “garantiza si hay entrevistas y comparecencias en las cuales todos los periodistas de todos los medios pueden realizar las preguntas libremente”.

En algunos casos, añade, se convocan comparecencias sin preguntas invocando como excusa situaciones extraordinarias o de emergencia, cuando “lo saludable e idóneo es que, incluyendo esos casos, los periodistas puedan realizar preguntas para saber qué está pasando, por qué está pasando y qué consecuencias tiene para la sociedad”.

La presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), María Rey, no cree que estemos ante un fenómeno nuevo. “Quizás con el tiempo se está haciendo más acuciante un problema que ya existía o que se está disimulando menos a la hora de elegir las preferencias de los gobiernos”, pero en su opinión “siempre ha sido así”.

“Los mismos políticos en los mismos medios”

Lo que en realidad está pasando, explica, es que nos encontramos en un momento de polarización en el que se hace mucho más evidente que hay medios y periodistas que nunca tienen acceso a determinados personajes públicos para conseguir una entrevista y plantear sus preguntas en profundidad, y que “cada vez vemos a los mismos políticos en los mismos medios”.

“Esto no solo le pasa al Gobierno central”, puntualiza. “También pasa a los gobiernos autonómicos. Es una actitud que busca la comodidad y el confort de los poderes y eso me preocupa porque me parece que algo hacemos mal de los dos lados. Si los poderes buscan solo a sus periodistas afines y hay medios que transmiten la sensación de que ‘aquí vas a estar cómodo y en mí puedes confiar, que no te haré ninguna pregunta incómoda’, entonces lo estamos haciendo mal”.

En todo caso, la representante de los periodistas que operan en la capital añade que le “preocupa muchísimo más” que “no haya pluralidad a la hora de plantear preguntas en las ruedas de prensa”. En eso, sostiene, “no se puede ser absolutamente nada tolerante. Ni consejos de ministros, ni consejos de Gobierno, ni ningún tipo de rueda de prensa posterior a reuniones institucionales puede delimitar el acceso de un grupo variado y plural de periodistas”.

“Ya sé que siempre van a dar la palabra prioritariamente a determinados corresponsales políticos, pero eso no es malo en sí mismo. Eso quiere decir que esos corresponsales políticos son personas que han ganado relevancia y pueden tener ese trato privilegiado de ser los primeros en preguntar. Pasa aquí y pasa en todos los países del mundo. Pero a partir de ahí, en el turno de preguntas siempre tiene que haber medios más pequeños, más discrepantes, más críticos. Hay periodistas que llevan años yendo al Consejo de Ministros”, afirma con rotundidad, “sin poder levantar la mano y que les den el turno de palabra. Eso sí que me parece grave y absolutamente denunciable. Todos sabemos perfectamente a quién le dan la palabra y a quién no. Y ante eso hay que rebelarse”.

Sonia Vizoso, vicedecana del Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia (CPXG), no tiene dudas. Negar entrevistas a medios no afines “es una clara erosión democrática”, pero también “una consecuencia del descrédito que sufre la profesión periodística”. Ese descrédito, explica, es un problema del que se está sirviendo “la ola reaccionaria que sacude el mundo para crecer, pero desgraciadamente lleva tiempo siendo alimentado también por los intereses cortoplacistas de los partidos democráticos”.

Mensajes prefabricados

En esa misma línea, denuncia, “se reducen las comparecencias con preguntas y cada vez se envían más comunicaciones unidireccionales como vídeos o audios”.

Esta práctica, efectivamente, es cada vez más frecuente. Los medios, en particular televisiones y radios, pero también algunos digitales, emiten después esos audios o vídeos sin rotular o explicar, en la mayoría de los casos, que son contenidos suministrados directamente por los partidos, no el producto de la exposición de los dirigentes políticos a las preguntas de los periodistas.

En opinión de Vizoso, “para que se cumpla el derecho a la información, los dirigentes políticos tienen la obligación de someterse al escrutinio de los periodistas y de los medios de comunicación, sin adjetivos”. Es una obligación con la ciudadanía que lee, escucha o ve esos medios. “Y quienes no lo hacen, ya sea por comodidad, cobardía o falta de consistencia en su discurso, actúan igual que un algoritmo sesgado, promoviendo la polarización y la desinformación”, denuncia.

Lorena Mejías, decana del Colegio Profesional de Periodistas de Andalucía (CPPA), sostiene que el hecho de que los principales líderes políticos solo concedan entrevistas a medios afines para evitar las preguntas incómodas “define la altura o la calidad de los dirigentes políticos que existen hoy en día”.

“Me preocupa la capacidad que tienen los dirigentes políticos a la hora de enfrentarse a preguntas que les pueden resultar incómodas, porque eso también implica cómo pueden enfrentarse a situaciones incómodas a la hora de ejercer en un momento dado un gobierno”.

“Comprar medios de comunicación”

Aunque deberían tener la capacidad de “responder ante las adversidades”, “creo que hoy en día no están acostumbrados a eso. Están acostumbrados a, entre comillas, comprar medios de comunicación, a que solo les hagan preguntas que les resultan cómodas, incluso en muchas ocasiones preguntas pactadas, a no someterse a las preguntas”.

Frente a este diagnóstico compartido, la pregunta más incómoda de contestar es por qué los periodistas no responden colectivamente. Las voces consultadas por infoLibre apuntan en una misma dirección, aunque con matices distintos.

Hace unos años, sobre todo entre 2011 y 2013, parecía haber fraguado un movimiento que denunciaba al menos las convocatorias sin preguntas y proponía un boicot activo. Pero no se consolidó. La falta de unanimidad en la respuesta fue la causa.

Por eso, recuerda el decano del colegio catalán de periodistas, las protestas “deberían ser unánimes por parte de todos los periodistas y todos los medios”. “Debería haber una actuación conjunta cuando se coarta el derecho a entrevistar y acceder a los dirigentes políticos”, subraya Morro.

Para Mejías, la explicación de la falta de respuesta del gremio es estructural y tiene que ver con la precariedad que atraviesa la profesión. “Una persona que está temiendo continuamente perder su puesto de trabajo no es capaz de enfrentarse ni a su empresa ni, por supuesto, al político”.

Un servicio público esencial

A eso se suma, en su opinión, un olvido colectivo sobre la naturaleza de los medios: “Todo el mundo ha olvidado que las empresas de comunicación son, sobre todo, empresas que desarrollan servicios públicos. Y pensar que los medios de comunicación no son eso es un error y es el motivo por el que nos encontramos en la situación en la que nos encontramos ahora”.

El resultado no es indignación, sino resignación: “Los periodistas no es que estén hartos ni que haya desazón. Se trata de que nos hemos acostumbrado”. Y lo dice con humor y un punto de sarcasmo: “Me río yo de la precariedad que dicen los médicos que tienen, comparada con la que tienen los periodistas. Y estamos nosotros en la calle cubriendo las protestas de los médicos y de todos los trabajadores y no somos capaces de reunirnos y de organizarnos”.

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Vizoso, por su parte, añade una dimensión que cierra el círculo: “Somos una profesión encerrada en una paradoja, ya que nuestros problemas como gremio están invisibilizados en los medios en los que trabajamos”. Eso, dice, “ha coartado siempre nuestra capacidad de movilización para reclamar mejores condiciones laborales y profesionales, vitales no solo para nosotros sino también para la salud democrática”.

Sin embargo, la vicedecana gallega no renuncia a señalar una salida. Aunque los periodistas “estamos debilitados, es crucial que nos defendamos. Y en este caso concreto, quizás deberíamos buscar la complicidad de nuestras empresas, sea cual sea su línea editorial, para empezar a destapar a aquellos que no se someten a nuestro escrutinio. Al menos, para sembrar una reprobación social que desaliente esa estrategia entre los asesores políticos”.

Y concluye con una distinción que resume el problema en una frase: “Periodismo crítico es una redundancia. Lo otro, cuando hablamos de partidos y dirigentes, se llama comunicación política”.

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