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Xi Jinping y el 'sueño chino'

Juan José Torres Núñez Publicada 25/11/2017 a las 06:00 Actualizada 24/11/2017 a las 20:34    
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Estamos acostumbrados a hablar del sueño americano, pero ahora China también tiene un sueño que consiste en “alcanzar el éxito del socialismo” y que “la revitalización nacional se haga realidad”, como señaló el presidente chino Xi Jinping en el XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh), celebrado el pasado octubre, en el que anunció una nueva era para su país.

Fue en 2013 cuando Jinping habló por primera vez del sueño chino, conectando a China con el mundo en una visión global, uniendo a todos los países por medio de una economía win-win [gana-gana], basada en tres pilares fundamentales: la paz, el desarrollo y la cooperación. Con esta economía todos los países ganan. Jinping vio claramente que ese sueño respondía a todas las aspiraciones de todos los países de la Tierra. Y pronunció una frase que representa el centro del sueño chino: “Nadie se puede quedar atrás”. Esta frase lo hace único y diferente. No podemos hablar de libertad cuando miles y miles de personas no tienen ni para comer. No podemos hablar de derechos humanos cuando tantas personas no tienen dónde vivir y tampoco pueden encontrar un trabajo digno, en una sociedad en donde unos cuantos se reparten la tarta y lo que les sobra se lo llevan a paraísos fiscales. Lo que hace al sueño chino diferente es que habla de un proyecto basado en la responsabilidad de compartir el desarrollo y las oportunidades con su gente y con todos los países del mundo. No se trata, pues, de que el ganador se lleve todo y los demás vivan en la miseria. Se necesita una distribución de la riqueza, algo que el neoliberalismo no está dispuesto a aceptar porque su sistema está basado en las ganancias ilimitadas de unos cuantos, a costa de la desigualdad y la pobreza de muchos. Por tanto, si no compartimos y redistribuimos la riqueza, no podemos hablar de una democracia del pueblo y para el pueblo.

La idea del sueño americano fue acuñada por primera vez en 1931 por el historiador James Truslow Adams cuando declaró que todos los ciudadanos podían lograr sus objetivos si, con igualdad de oportunidades y libertad, trabajaban duro y siempre con determinación. Según él, la prosperidad se consigue con habilidades y con esfuerzo. A Estados Unidos se le ha considerado la tierra de la abundancia y de las oportunidades. Por esta razón, cuando la señora Obama dio su discurso de despedida confesó que ella y su marido empezaron con poco dinero en América, pero “con mucho trabajo y una buena educación cualquier cosa es posible”. Y agregó: “Ese es el sueño americano”. Terminó diciendo que “si trabajamos duro y creemos en nosotros mismos, podemos ser todo lo que soñemos, a pesar de las limitaciones que encontremos”. Esta idea del sueño americano nació antes del año 1931. Cuando los europeos desembarcaron en la costa Este de América en 1624, llegaron con la esperanza de volver a empezar en un mundo nuevo, dejando atrás Europa con su intolerancia religiosa y su política de viejo mundo. Sin embargo, sabemos que el sueño americano no es lo que parece. F. Scott Fitzgerald se dio cuenta de esa falsedad cuando publicó en 1926 su famosa novela El gran Gatsby. En ella nos ofrece un lamento sobre la gran oportunidad perdida. El sueño de los europeos que buscaban en América la promesa del nuevo continente, al quedar atrapado en la corrupción y en la adquisición de bienes materiales, se convierte en una pesadilla, pues los que tienen mucho dinero no lo quieren compartir con los demás. Gatsby sólo puede conseguir su sueño de conquistar a Daisy con dinero. Y para conseguirlo tiene que hacerlo con una vida dedicada al gansterismo y al crimen. Todo eso por una mujer vacía y superficial. La esperanza de conseguir el sueño que nos habla la señora Obama es falsa porque esa esperanza no existe. El Sueño Americano puede convertirse en una “forma americana de morir”, como escribe Daniel Rodríguez Moya en el poema “La bestia”, un “tren de la muerte”, como se le llama, que recorre los países de América Latina hasta llegar a la frontera de los Estados Unidos. Los emigrantes, “agarrados al tren” buscan “un sueño dibujado como un mapa”. Pero para alcanzar “la promesa de un futuro mejor”, si es que lo consiguen, “tienen que bajar a todos los infiernos”.

El sueño americano es individual, el sueño chino es colectivo. Consiste en la realización de una renovación de la nación china y de un nuevo Renacimiento. En el discurso inaugural del XIX Congreso Nacional del PCCh Jinping se dirigió a su país y al mundo con un mensaje lleno de optimismo y de futuro, indicando la ruta que el pueblo chino debe seguir en los próximos 30 años. Así planifican los chinos, a largo plazo. Habló del gran papel que la ciencia y la innovación tienen que jugar para conseguir un desarrollo económico real. Jinping destacó la importancia de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), que ya había propuesto en 2013 y que ahora ya está integrada por 70 países. Manifestó que “el sueño del pueblo chino y los sueños de otros pueblos del mundo están ligados estrechamente”. Y China, puntualizó, trabajará por el “destino común para la humanidad, la paz y para una estabilidad duradera”. Estas palabras produjeron un momento apoteósico, pues fue como una epifanía que mostró la manifestación de la presencia de China en el mundo. El programa de la IFR ya está dando sus frutos en muchos países y China se compromete a trabajar conjuntamente en el comercio internacional y en las infraestructuras de una forma equitativa con el win-win, en donde todos ganan, ofreciendo la posibilidad de compartir el crecimiento económico. Con palabras de Helga Zepp, lo que el presidente Xi Jinping presentó fue una visión “optimista del futuro de la humanidad”. Esto nos recuerda al libro de Lyndon LaRouche Diálogos de civilizaciones: Los próximos 50 años de la Tierra (2004), en donde presenta con optimismo un plan “científicamente sensato para forjar el futuro”. Helga Zepp opina que la IFR “se ha convertido en la indetenible dinámica fundamental en el mundo”.

Los objetivos de la nueva era para el 2020 son “alcanzar una sociedad moderadamente próspera”. Jinping divide los siguientes 30 años en dos etapas de 15 años cada una. En la primera, del 2020 al 2035, China “alcanzará una modernización plena”. Y entre los años 2035 y 2050, China “se transformará en una gran sociedad en la que alcanzará nuevas cimas”. Para entonces, “el pueblo chino será próspero y la nación será fuerte, democrática, avanzada culturalmente, armónica y bella, y China ya será un miembro de la comunidad de naciones completamente activo”. Observamos, pues, que Jinping habla de una China democrática en la última etapa. Es decir, primero hay que acabar con la pobreza de un país de 1.382 millones de habitantes, en donde 700 millones ya han salido de la pobreza en un espacio de tiempo relativamente corto, y después, habla de democracia. ¿Qué preferirían los niños hambrientos de Yemen, que les lleven buenos bocadillos de queso y jamón o que les hablen de democracia mientras caen del cielo las bombas criminales de la guerra que están padeciendo?

Los detractores de Jinping, guiados por la propaganda de Wall Street y la City de Londres, utilizando información agresiva y falsa con la ayuda de los medios de comunicación como la BBC, la CNN, los diarios The Wall Street Journal, Washington Post, The Economist y The New York Times, entre otros, han tildado a Xi Jinping de “dictador”, de “un nuevo Mao”, de “un nuevo Stalin” y también de “un Gran Inquisidor”, envenenando así los medios de comunicación del mundo. ¿Se debe este comportamiento a que ven la posible bancarrota de sus derivados financieros? ¿Tienen miedo a que este sueño de toda la humanidad pueda crear un nuevo paradigma que permita a todo el planeta vivir con dignidad? China, con la Iniciativa de la Franja y la Ruta está tendiendo la mano a todos los países del mundo y está cerca de conseguir el sueño chino, que está basado en la paz. Sería muy importante para la humanidad que la Unión Europea también tuviera un sueño y no pensara tanto en la austeridad y en acercarse con la OTAN a las fronteras de Rusia, olvidando los derechos sociales, que como ha recordado Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, “acaban durmiendo el sueño de los justos en la Eurocámara o en el Consejo”. Actuemos todos para que la Unión Europea cambie la Ruta de la OTAN, que nos lleva a la guerra, por la Franja y la Ruta que nos llevan a la paz.
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Juan José Torres Núñez es socio de infoLibre
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