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La Grieta

Joseph Campbell y el poder del mito

  • El escritor dedicó su vida a quitar las máscaras a los distintos héroes para dar con un mismo molde, con los mecanismos del mito
  • El poder del mito, un extenso diálogo entre él y el periodista Bill Moyers, revela cómo los arquetipos mitológicos, religiosos y psicológicos moldean la experiencia humana

Leticia Ybarra (La Grieta) Publicada 01/03/2017 a las 06:00 Actualizada 28/02/2017 a las 21:53    
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Atti Fondamentali, Educazione, Progetto 1, 1971. Collezioni MAXXI Architettura.

Atti Fondamentali, Educazione, Progetto 1, 1971. Collezioni MAXXI Architettura.

Fondo Superstudio

El hombre no debería estar al servicio de la sociedad, sino la sociedad al servicio del hombre. Cuando el hombre se pone al servicio de la sociedad, tienes un Estado monstruo


Las virtudes del pasado son los vicios del presente. Y mucho de lo que se creía que eran los vicios del pasado son las necesidades de hoy

Joseph Campbell


Podríamos pensar que a día de hoy los mitos constituyen una mera curiosidad, un objeto arqueológico que atrae la atención de un puñado de estudiosos y que adoptó esa condición de pieza de museo con la llegada de la ciencia moderna. Sin embargo, aunque sintamos que aquellos dioses de la antigüedad no tienen nada que ver con nosotros, seguimos empapados de su influencia. Por un lado, la variada tradición mitológica ha ido moldeando nuestra concepción de la realidad y, por tanto, nuestra interacción con esta. Por otro, los mitos siguen actualizándose camuflados bajo diversos envoltorios e influyendo en el inconsciente colectivo. Joseph Campbell dedicó su vida a quitar las máscaras a los distintos héroes para dar con un mismo molde, con los mecanismos del mito. El poder del mito, un extenso diálogo entre Campbell y el periodista Bill Moyers, revela cómo los temas y símbolos, los arquetipos mitológicos, religiosos y psicológicos moldean la experiencia humana.


Muchas culturas cuentan la historia de la creación, la de un nacimiento virginal o la de un salvador que viene, muere y renace. Es cierto que en su periodo de formación —como venía a evidenciar el famoso documental de corte conspiranoico, Zeitgest— las religiones tienden a beber unas de otras, sin embargo, hay ciertos patrones que se repiten en las mitologías de cada cultura aunque no hayan estado expuestas al contagio. Campbell se volcó en la búsqueda de estos elementos temáticos que se repiten en los mitos del mundo, de lo que Jung llamó ‘arquetipos’, imágenes simbólicas comunes en la psique humana. Lo que viene a decir que el hombre nace con cierto patrón de comportamiento o cierta manera de funcionar  sin la que no podrían haberse dado correspondencias tan detalladas en las distintas culturas. Todos nacemos con la misma idea subconsciente y básica de un modelo sobre que es un héroe o mentor, como se evidencia en la obra El héroe de las mil caras a través del estudio que hizo Campbell de los mitos a lo largo de la historia y el planeta, lo que además le llevaría a señalar la estructura común entre religión y mito y a concluir que todas las religiones contienen la misma verdad esencial.


Los mitos ayudan a explicarnos nuestras creencias e historia y nos sirven como modelos de comportamiento. Como decía Campbell, la mitología es un mapa interior de la experiencia dibujado por gente que lo ha recorrido. Es la experiencia de estar vivos. Los mitos se desarrollan a través de una misma fórmula: el héroe inicia su aventura desde el mundo de todos los días hacia una región de prodigios sobrenaturales, se enfrenta con fuerzas fabulosas y gana una victoria decisiva. Estos viajes tratan de la maduración del individuo, desde la entrada en la adolescencia hasta la decadencia del cuerpo y la muerte, y de cómo vincular la sociedad al mundo de la naturaleza y el cosmos. El ser humano necesita contarse historias para intentar ponerse de acuerdo con el mundo. La guerra de las galaxias, El Señor de los Anillos, La historia interminable o la serie Perdidos son ejemplos de mitologías actuales. La fantasía es útil para solucionar problemas reales de forma imaginativa y ofrecer una vía de escape y, sobretodo, para que la acción se desarrolle en un marco que no pueda ser identificado con una situación histórica específica y así elevarse a la categoría de principio, de poder abstracto, y no quedar atrapado como algo meramente circunstancial.
 

Debido al mito de la caída o el jardín del Edén, la religión judeocristiana condena la naturaleza en vez de establecer un acuerdo con ella
La mitología comenzaría con las reuniones de nuestros primeros antepasados en las que se contaban historias sobre los animales que mataban para comer y sobre el mundo sobrenatural al que estos parecían ir cuando morían. El animal era sagrado y la caza se
convirtió en un ritual de sacrificio. El arte (las pinturas en las paredes de las cavernas) y el lenguaje oral dieron forma al impulso que hoy llamamos religión. Al pasar de la caza a la agricultura, cambiaron los temas a los que recurría el hombre prehistórico para interpretar los misterios de la vida. Ahora la semilla ocupó el lugar como símbolo mágico: la planta moría, era enterrada y su semilla volvía a nacer. Este símbolo fue retomado por las grandes religiones del mundo como la revelación de la verdad eterna: que la vida proviene de la muerte.

Las primeras diosas surgieron a raíz de las actividades agrícolas: la mujer humana da a luz igual que la tierra da nacimiento a las plantas, mujer y tierra están emparentadas. En el mundo agrícola de la antigua Mesopotamia, en el Nilo egipcio y en los primitivos sistemas agrícolas la diosa es la forma mítica dominante. En Babilonia, antes del dios Marduk estaba la Diosa Madre de Todo. Cuestiones de azar podrían haber mantenido a la mujer en una situación similar a la del hombre o por encima de este. Sin embargo, las invasiones trajeron consigo dioses guerreros. Los pueblos semíticos invadieron el mundo de los sistemas de la Diosa Madre y las mitologías de orientación masculina se volvieron predominantes. A día de hoy seguimos luchando por deshacernos de este lastre.

Debido al mito de la caída o el jardín del Edén, la religión judeocristiana condena la naturaleza en vez de establecer un acuerdo con ella. Esto ha traído consecuencias tan distantes como la masacre de los pueblos indígenas o la destrucción de los bosques. "Dios está separado de la naturaleza, y la naturaleza está condenada por dios. Está en el Génesis: nacimos para ser los amos del mundo". Tenemos profundamente enraizada la idea de que la naturaleza está a nuestro servicio. En cambio, hasta que los absorbimos o aniquilamos, la mayoría de pueblos cultivadores vivían en armonía con el medio. Cuando el gobierno de EEUU intentó comprar tierras  a El Jefe Seattle, este contestó con lo siguiente:
 

La idea nos extraña. Si no somos los dueños de la frescura del aire o del brillo de las aguas, ¿cómo podríais comprarlos? (…) El hombre no tejió la trama de la vida, es apenas una hebra en ella. Todo lo que le haga a la trama se lo hace a sí mismo.

 

Los problemas de la religión surgen cuando esta se atasca en sus propias metáforas y las interpreta como hechos. "Si piensas que la metáfora constituye por sí misma la referencia, sería como ir a un restaurante, pedir la carta, ver la palabra chuleta escrita ahí y empezar a comerse la carta", señalaba Campbell. Por otro lado, las religiones tienen que liberarse de su forma tribal para concordar con la vida de ahora. Y esto no está ocurriendo. Es ridículo seguir las normas de miles de años de antigüedad que recogen los libros sagrados sobre qué ropa usar o cómo comportarse con los demás. Además, para este mundo tan hiperconectado sería urgente una mitología planetaria pero, a excepción del budismo, el resto de religiones son excluyentes. Los diez mandamientos dicen: "No matarás", pero también se dice en La Biblia: "Ve a Canaán y mata a todos los que se encuentren allí".

Aunque los conflictos de carácter religioso estén a la orden del día, en Occidente ha habido una evidente limpieza general de creencias. Actualmente nos quedan algunos rituales mitológicos como el matrimonio, el juramento de un juez o la entrada en el ejército, donde uno no actúa como individuo sino como agente de algo que trasciende su propia persona, pero no contamos con un sistema mitológico sólido que nos sirva de guía. Entonces, ¿por qué sustituimos este vacío que siempre hemos intentado llenar? ¿Por estrellas de Hollywood? Puede sonar tonto, pero actualmente se tiende a confundir héroes con personajes famosos. Por si las moscas, uno de los muchos rasgos que les diferencia es que el famoso actúa pensando en su propio beneficio y el héroe en el de la sociedad.

Joseph Campbell señalaba la necesidad de una mitología en la vida humana, la necesidad de contar con unas pautas para esto de vivir. Y curiosamente encontró en los artistas a los nuevos creadores de mitos. Comparó a los chamanes con los actuales poetas. Él mismo se instruyó leyendo a Mann y Joyce, escritores que aplicaron temas mitológicos básicos a la interpretación de los problemas y visiones de los jóvenes en el mundo moderno. La función de los artistas sería la de la mitologización del ambiente y el mundo. Campbell insistió en llevar a cabo una búsqueda de héroes a través de la lectura, ya que, al haber perdido un referente sólido, los jóvenes se crean como pueden su propia moralidad, una suerte de mitología personal que corre el peligro de adoptar referencias poco adecuadas y de chocar de frente con las leyes o etapas en las que, a falta de consenso y pautas, no han sido formalmente iniciados.

Lee este artículo en La Grieta.

*Leticia Ybarra es cofundadora y editora de Letras en La Grieta.
 
La grieta
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2 Comentarios
  • Fernando GC Fernando GC 12/03/17 21:53

    Descubrí a Joseph Campbell y su extensa obra hace más de 25 años. Desde entonces, le considero uno de los pensadores más atractivos para entender el mundo en el que vivimos y toda su complejidad. Desgraciadamente, es un autor conocido solo por minorías, ya que la lectura de sus libros requiere una buena cultura general y capacidad para trasladar al entorno de cada cual lo que en ellos se refiere. Una sociedad culta podría derribar muchas de las barreras que hoy existen y que modulan sus comportamientos, si la obra de Campbell fuese objeto de más comentarios y debates. Por eso, artículos como el presente, de Leticia Ybarra son de agradecer.

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  • Damas Damas 01/03/17 20:14

    Interesante. Por destacar algo, me quedo con: "Los problemas de la religión surgen cuando esta se atasca en sus propias metáforas y las interpreta como hechos. "Si piensas que la metáfora constituye por sí misma la referencia, sería como ir a un restaurante, pedir la carta, ver la palabra chuleta escrita ahí y empezar a comerse la carta", señalaba Campbell"

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