X

La buena información es más valiosa que nunca | Suscríbete a infoLibre por sólo 1 los primeros 15 días

Buscador de la Hemeroteca
Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Olvidaste tu contraseña?
infolibre Periodismo libre e independiente
Secciones
Prepublicación

'Vidas arrebatadas': el dolor de los huérfanos de ETA

Pepa Bueno
Publicada el 14/02/2021 a las 06:00

Hay cientos de historias como esta, y precisamente por eso la periodista Pepa Bueno se centra en una de ellas. En Vidas arrebatadas (Planeta), su primer libro, la directora del programa Hora 25 de Cadena Ser narra la pérdida de José Mari y Víctor Pino Fernández, hijos de José Pino Arriero y María del Carmen Fernández Muñoz y hermanos de Silvia Pino Fernández, asesinados en el atentado de ETA contra la casa cuartel de Zaragoza en diciembre de 1987. En este largo reportaje, la periodista rastrea las huellas que la violencia de la banda terrorista dejó en los supervivientes, pero también la relación de un acontecimiento tan íntimo como el duelo con el entorno político y social imprescindible para comprenderlo. 

En este extracto que publica infoLibre, parte del primer capítulo del libro, hablan en primera persona José Mari y Víctor, que ponen en pie sus recuerdos infantiles de aquella madrugada en la que perdieron a sus padres y a su hermana. 

_____

06.13 horas del 11 de diciembre de 1987

José Mari: Estaba en mi cama, soñando que jugaba al billar americano con otro que no sé quién era. Me acuerdo perfectamente de aquel sueño. Me tocaba a mí abrir las bolas y cuando le di a la blanca… ¡Bum! Sentí una enorme sacudida. Abrí los ojos y solo veía una nube de polvo, estaba oscuro, llovía en mi cara y había un olor muy intenso, muy penetrante, que entraba hasta los pulmones. Luego supe que era el olor del amonal, ese olor tan intenso a azufre y amoníaco, que se te queda pegado para toda la vida. Pero en aquel momento no tenía ni idea, todo era extraño, alucinante. No se veía nada, solo ese olor y el polvo, mucho polvo, y la lluvia empapándonos. Se escuchaba la sirena del cuartel sonando a toda leche: sonaba, sonaba, no paraba de sonar. Pero también escuchaba los chillidos de gente que lloraba, que daba alaridos o que pedía socorro.

Yo tenía trece años y tuve clarísimo que aquello era un atentado porque ya sabía que había gente que ponía bombas. No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando la nube de polvo empezó a disiparse, miré al frente y lo que vi era increíble, aterrador: no había nada, nuestra casa había desaparecido, la habitación de mis padres y la de mi hermana Silvia… ¡no estaban! Vivíamos en un tercer piso, pero todo se había caído y debajo solo había escombros. Di un respingo, me pegué al cabecero y miré a mi hermano Víctor, que tenía once años y compartía habitación conmigo. Su cama se había partido en dos, pero él seguía allí, justo en el trozo que seguía en pie, a mi lado. Le dije: «¡Quieto ahí!». Estábamos cada uno en nuestra cama —la mía entera, la suya solo un trozo—, suspendidos en el vacío, en apenas un metro de suelo, mojados y llenos de cascotes. Víctor parecía no entender nada y me preguntaba: «¿Qué ha pasado, José?». El piso de arriba tampoco existía, solo el cielo y la lluvia y el olor y las sirenas y los lamentos. Nosotros también gritábamos: «¡Mamá, mamá!». Y entonces yo lo escuché, yo escuché a nuestra madre que decía: «Hijos míos, no os mováis». Me llegó de debajo de los escombros… Y nosotros, al escucharla, gritábamos más fuerte: «¡Mamá, mamá!», pero ya no respondió.

Víctor: Sí, te he escuchado contar eso de mamá otras veces, pero yo no la oí. Y yo no tenía ni idea de ETA, ni de que había gente que ponía bombas; no tenía ni puta idea, era un niño que vivía con su familia. Punto. Solo recuerdo que me desperté y lo primero que vi es lo que quedaba de nuestra habitación… ¡Nada! Las luces de los bomberos y ruido por todos lados, las sirenas… Ese rato se me hizo mogollón de largo, muy largo. Es que apenas veías por la oscuridad, por el humo y aquel olor. ¿Y dónde cojones estoy? No sabía bien dónde estaba, tenía encima una de las maderas del armario, y veía a José con una pierna doblada y su cama como un tobogán que no sabía si iba para abajo o para arriba… Y él solo me gritaba: «¡Quieto ahí, quieto ahí, quieto ahí!».

José Mari: Pegado al cabecero de la cama, oía las voces de los guardias, de los servicios de urgencias, de los rescatadores y también las de los otros chicos que vivían en el cuartel. Y vi correr entre los escombros a un compañero de juegos del cuartel, otro chaval que perdió allí a su padre, a su madre y a su hermana. Iba saltando por los escombros. Yo no sé cómo saldría de debajo de dos pisos. Corría pegando respingos sobre los cascotes, llamando a gritos a su madre y a su padre.

Víctor: No sé calcular cuánto tiempo estuvimos así, pero a mí me pareció mucho, hasta que por el lado derecho de lo que había sido nuestra habitación apareció, con mucho esfuerzo, un hombre, creo que era un bombero, y se llevó a José. Me quedé solo; debió de ser un minuto, pero a mí se me hizo eterno. No debía de pensar en nada, solo temblaba y miraba al vacío, hasta que otro bombero llegó a rescatarme y me llevó en brazos por las escaleras destrozadas, eso sí lo recuerdo. Todo se iba derrumbando a nuestras espaldas. Al salir le dijeron que no volviera a entrar por allí, que todo se caía. Ya fuera, me dejó en el suelo sobre los escombros. Íbamos descalzos, claro, y me hice un corte pequeño en el pie.

José Mari: Fuera había un paisaje de guerra: los autobuses oficiales destrozados y quemados, pura chatarra echando humo en medio del caos. El edificio seguía derrumbándose y la gente corría de un lado a otro… Empezaba a amanecer. Nos metieron en una ambulancia a los dos. Yo tenía una pierna rota; no lo sabía entonces, claro, pero al apoyar me di cuenta de que no podía caminar. Hicimos el trayecto al hospital en silencio, sin hablar, ni nos preguntamos por nuestros padres, ni por nuestra hermana, ni por lo que había pasado. Callados, como ausentes mientras se iba haciendo de día, solo se oía la sirena.

(...)

Víctor: Yo no tengo recuerdos de la noche anterior; tampoco me he puesto nunca a recordar, pero si me pongo ahora, si lo intento, nada, cero, como si no hubiera existido esa noche.

José Mari: Yo me acuerdo perfectamente de una cosa. Le pedí a papá las llaves del coche para ir a coger un balón que tenía que inflar, y tenía que hacerlo a esas horas porque un compañero me había dejado el pincho para inflarlo. Pero todo lo demás lo supongo. Supongo que cenaríamos los cinco si papá no tenía turno raro, supongo que estaríamos a vueltas con los deberes, para lo que siempre remoloneábamos, y que nos darían el beso de buenas noches, como siempre hacían. Y a dormir, esperando los planes del fin de semana porque era viernes. Era una noche cualquiera, 10 de diciembre…, un día cualquiera. Fíjate que, en algún momento de aquellas horas en el hospital, después de la bomba, me acordé del pincho para inflar el balón, pensé que ya no lo podría devolver a mi compañero y que quizás se enfadaría. Ya ves qué tontería, si lo habíamos perdido todo.

Víctor: Desde hace un tiempo le doy vueltas a una cosa: qué jóvenes eran mamá y papá cuando les pasó eso. Ahora nosotros tenemos más años que ellos aquel día.

José Mari: Cada vez que cumplo años lo pienso. Eran más jóvenes que nosotros ahora. Tenían treinta y nueve y cuarenta años.

Víctor: Ah, yo creí que tenían treinta y siete y treinta y nueve, no sé, como nunca he querido detenerme en los detalles… Más jóvenes que nosotros, de todas maneras. Silvia tenía siete, y tú y yo trece y once… Es que éramos unos críos, joder, y estábamos allí solos en aquel hospital, más asustados que la leche, flipando y sin que nadie nos dijera nada, y sin que apareciera nadie de la familia hasta el día siguiente.

José Mari: No. Llegaron ese mismo día. El abuelo, el padre de nuestra madre, llegó como a las seis de la tarde. Venía desde Talavera de la Reina, pero tampoco nos aclaró nada. Se acercó a mi cama y me dijo: «Papá está muy mal» y no mencionó ni a mamá ni a Silvia. Ni ese día ni nunca nos dijo que papá, mamá y nuestra hermana estaban muertos. ¡Nunca jamás! Ni una conversación para explicarnos lo que había pasado. A los cinco minutos de llegar el abuelo, entró un primo de nuestros padres que no conocíamos, o por lo menos no lo recordábamos. Nos dieron el alta médica y nos montaron en el coche de este primo y nos pusieron en viaje desde Zaragoza a Talavera, seiscientos kilómetros de los de entonces. A mí, como iba escayolado, me sentaron delante, en el asiento del copiloto. Mi abuelo y Víctor detrás. Solo recuerdo silencio y oscuridad. De vez en cuando se escuchaba llorar a mi hermano. Me dolía la pierna y también me echaría algún lloro, supongo. No recuerdo que nadie me consolara. Solo silencio y carretera.

Víctor: Y ya siempre el silencio, también entre nosotros dos. Crecimos sin hablar nada de esto. Nada, nada, ni una palabra, como si no hubiera pasado. Nos ha costado la hostia.

José Mari: De lo que pasó aquel día no hemos hablado tú y yo hasta hace tres años.

Víctor: Y cuando empezamos a hablar no éramos capaces de decir papá o mamá.

José Mari: Ni siquiera podíamos mirarnos mientras hablábamos.

Más contenidos sobre este tema




11 Comentarios
  • Antonio LCL Antonio LCL 15/02/21 15:51

    El periodismo conlleva un deber ineludible, no solo informar sobre la actualidad, sino sobre el pasado y su verdad, sobre todo la verdad, nunca la manipulación. Historia y periodismo han de trabajar juntos para consolidar la democracia.

    Responder

    Denunciar comentario

    1

    1

  • GRINGO GRINGO 14/02/21 20:02

    Qué pena que tanto y tanto periodista "progresista" no se hayan ocupado de los huérfanos de la República, y eso que ya no tendrían desde el 75 a la censura franquista vigilando.

    No se les habrá ocurrido, no habrán encontrado el momento de narrar el sufrimiento de los que todavía tienen a sus familiares en las cunetas.

    Nadie hizo nada, ni con gobiernos "socialistas" para indagar o reivindicar su derecho a reposar en un lugar elegido por sus familiares, no se merecerán "un recuerdo" o es que "aquello pasó hace muchos años"....

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 8 Respuestas

    1

    8

    • yosolo1 yosolo1 17/02/21 22:05

      Está claro, hay gente que se dice de izquierdas que es tan asesino como los asesinos de la derecha, pero claro los sacrosantos valores de la izquierda justifican los asesinatos, los de la derecha, no. No se puede ser de izquierdas si se justifican los asesinatos, sean estos causados por quienes sean.

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      0

    • Arkiloco Arkiloco 17/02/21 15:04

      Si dijera que me sorprendéis mentiría. Entiendo perfectamente la confluencia de ignorancias, sectarismo y prejuicios que os llevan a opinar asi. Y cómo habéis aceptado despanzurrar vuestra sesera y hasta decencia en el altar de la defensa fanática de un partido o de causas nada honestas. Al grano. Sobre la represión franquista y víctimas, por aquí y por allí y por todos los lados, hay tanta bibliografía que no la podrías leer en lo que os queda de vida. Haceros una pregunta para vuestra intimidad ¿cuántos habéis leido y cuando os surgió el interés sobre esto? Y todos esos libros no son de ayer sino que empezaron a escribirse ya en los inicios de la transición. Yo recuerdo hasta suplementos que venían con revistas. ¿Cuántos hay sobre las víctimas de ETA? Escasísimos y recientes como es lógico. Se escriben tras su desaparición y porque la reflexión sobre las víctimas ha sido posterior y a casi nadie le importaron antes. Los libros sobre víctimas no indagan en las "causas" ni tienen ese objetivo, tampoco los que tratan sobre las víctimas del franquismo. Para eso hay otros libros y muy abundantes también. Pero las causas son las causas de Jagoba o solo son "causas" las que considere Jagoba. No sólo hay libros sobre víctimas, hay algunos, pocos, justificadores y apologéticos de ETA. Y si no hay más es porque muchos de sus protagonistas son críticos con el pasado, con su propio pasado y con "las causas" que les hicieron creer en ETA. Incluido alguno de sus fundadores y militantes que reniegan de aquello y de que hubiera "causas" para matar. ¿Os interesa esto? Para nada. ¿Habéis leido algo? En absoluto. Ni ayer ni hoy. El objetivo es arrearle a Pepa Bueno y las víctimas, las del franquismo o las de ETA os importan un carajo. O eso dicen vuestras lecturas y que por lo que se deduce de los comentarios son igual a cero.




      Responder

      Denunciar comentario

      Ocultar 4 Respuestas

      0

      2

      • EAJ49radio EAJ49radio 18/02/21 16:36

        Insisto Arkiloco, el 11-M fue también un atentado terrorista

        Responder

        Denunciar comentario

        Ocultar 1 Respuestas

        0

        0

        • Arkiloco Arkiloco 18/02/21 19:16

          Como no se explique mejor no sé de que me habla, que tiene que ver con mi comentario y a quienes me dirigía por su equiparación improcedente a mi entender entre las víctimas del franquismo y las de ETA y lo que dice alguno sobre "causas".

          Responder

          Denunciar comentario

          0

          0

      • yosolo1 yosolo1 17/02/21 22:11

        será a usted. Las víctimas me interesaron desde que dirigí una oficina de víctimas en el año 2000, desde que conocí la realidad de las víctimas, y sobre todo a hijos de víctimas, que también son víctimas como Crisitina Iglesias, a Maite Pagaza, etc etc, y reflexioné sobre el verdadero origen de la violencia, y mi posición hasta entonces, uf, desde ese momento si ya era un verso suelto ante izquierda militante, pasé claramente a ser un "facha", de pasado de izquierdas, ecologista (me muevo en bici y tengo huerto orgánico), milito en ong, etc etc, pero si cambias los axiomas supremacistas, uf, entonces eres un fascista. Ese es el problema de la izquierda dogmática española, no permite la libertad de pensamiento, y la de acción parece que tampoco, sólo ve estos defectos en la derecha, pero en su casa, nada de nada.

        Responder

        Denunciar comentario

        Ocultar 1 Respuestas

        0

        0

        • Arkiloco Arkiloco 18/02/21 09:09

          yosolo ¿no te has observado a quien respondía y a quienes dirigía mis comentarios? Parece evidente que no le contestaba ni me dirígía a usted. Le felicito por su preocupación, reflexiónes y el uso habitual de la bici pero tiene que atinar un poco más en la lectura de estas conversaciones.

          Responder

          Denunciar comentario

          0

          0

    • jagoba jagoba 16/02/21 15:45

      Están siendo muy oportunistas primo
      Es el año del cine ETA, y por lo que se ve la literatura.
      Bien, escribe sobre ETA, sobre sus victimas. Y aclara porqué gente sana amantes del trabajo, de algunos txikitos y ser amigos de sus amigos, se dedican a disparar. Hay que buscar las causas, no ser una aprovechategui.
      Los amos, Gringo, los amos ordenan, y periodistas "objetivas" escriben.
      Ya casi acierto con todas las letras. Así que me voy a dar un paseo por la bodega, para el finde.
      Arrtsaldeon y buena semana.

      Responder

      Denunciar comentario

      Ocultar 1 Respuestas

      1

      1

      • yosolo1 yosolo1 17/02/21 22:03

        Las causas del asesinato solo está en la vileza de quien lo utiliza como arma política. No se rompa el cerebro, si lo tiene, los asesinatos de ETA son injustificables, salvo para asesinos en potencia como ellos, claro.

        Responder

        Denunciar comentario

        0

        0

  • yosolo1 yosolo1 14/02/21 17:59

    Por aquí hay mucho pro supremacsimo que no le gustará un ápice ningún argumento que cuestione la esencia revolucionaria de esos asesinos por la libertad.

    Responder

    Denunciar comentario

    5

    0

 
Opinión