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'15M. El tiempo de las plazas': cuando las manifestaciones llegaron a los centros de salud

Julia Ramírez-Blanco
Publicada el 15/04/2021 a las 06:00

15M. Una combinación de números y letras que se ha quedado grabada en la historia como el 23F, el 11S o el 11M. Pero, como explica Julia Ramírez Blanco, doctora en Historia del Arte y profesora en la Universidad de Barcelona, el 15M no cabe en las costuras de una sola fecha o una sola definición. Su libro 15M. El tiempo de las plazas, que llega con el décimo aniversario de aquella oleada de militancia, analiza el tejido de manifestaciones, iniciativas, colectivos y partidos que integraron un movimiento plural que tuvo el apoyo de la inmensa mayoría de los españoles y que ha dejado huella en el imaginario colectivo. En este fragmento, la autora se detiene en el fenómenos de las mareas, incluida la dedicada a la defensa de la sanidad pública, la misma que hoy libra la batalla contra el coronavirus. El libro está publicado por la editorial Alianza y llega el 15 de abril a las librerías. 

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El 19 de junio de 2011, miles de personas salen a la calle por todo el Estado Español para protestar en contra del Pacto del Euro, según el cual los países europeos se comprometen a seguir unas mismas políticas económicas, que implican vincular trabajo y productividad, flexibilizar el mercado laboral y reducir el déficit público por debajo del 3%. En Europa, el acuerdo se presenta como una manera de paliar la grave crisis de deuda soberana que afecta a países como España. Sin embargo, el Pacto en la práctica supone reducción de salarios y recortes sociales para los Estados más pobres. En la manifestación de Madrid un pequeño grupo de personas disfrazadas de banqueros porta aros, e invitan a atravesarlos y "pasar por el aro". También hay una gran moneda de un Euro hecha de cartón, de color azul oscuro y con estrellas que enuncian distintos problemas sociales y ecológicos. Un gran chorizo, también de cartón, y de un color rojo vibrante, sobresale por encima de las cabezas de la multitud. Sus bracitos articulados están unidos por esposas, como un ladrón apresado. Un esténcil en su parte superior anuncia "chorizos sí, pero en rodajas".

Desde el primer paquete de medidas impuesto en 2010 por el Gobierno del PSOE, los recortes a los servicios públicos no habían hecho sino aumentar. Durante las vacaciones de agosto de 2011, PP y PSOE pactan una reforma de la Constitución que establece que, frente a cualquier otro tipo de gasto, lo primero a pagar sea la deuda pública.

En estos momentos trabajadores y usuarios del Estado del Bienestar han comenzado a organizar movilizaciones contra los recortes que tomarán el nombre de "mareas". La política y maestra Teresa Rodríguez se refiere a su conjunto como una "ola desprendida en aquel verano del 2011". La metáfora de la marea permite visualizar un arrastre, un oleaje que lleva todo consigo. Esta imagen atrae las intensidades románticas ligadas a la idea de Revolución como una potencia incontrolable. Sin embargo, también puede invocar la capacidad del agua para colarse por los resquicios. A la fuerza se suma la noción de omnipresencia.

Yendo más allá del marco conceptual de la lucha de clases y de la reivindicación de los derechos laborales, las mareas aúnan a quienes trabajan en los servicios del Estado del Bienestar y a los que los reciben: profesores, alumnos y padres en el caso de la marea verde por la educación. O médicos, pacientes y familiares en el de la marea blanca por la sanidad. Las mareas ponen el énfasis en proteger las estructuras de cuidado colectivo dentro de ámbitos como la salud, la educación o las prestaciones sociales. El sociólogo Emmanuel Rodríguez habla de que el conflicto se ha desplazado "de la 'producción' a la 'reproducción', [...] de la relación salarial a la vida en toda su amplitud". Desde México, el Subcomandante Marcos se pregunta si las mareas pueden constituirse como un "nuevo sindicalismo". Se trata en realidad de un movimiento híbrido, que recoge elementos del sindicalismo tradicional y de la horizontalidad propia del 15M.

En su libro De la dictadura a la democracia, el célebre politólogo Gene Sharp ya había recomendado el uso de colores como una de las herramientas para la revolución no violenta. La táctica para aunar a la multitud a través del uso de un color distintivo había sido empleada en diversas ocasiones por el movimiento antiglobalización. A partir de 2011 cada marea (salud, educación, agua o bibliotecas) representa un sector del Estado del Bienestar y emplea un color para definirse. Las siglas de partidos o sindicatos se han cambiado por el cromatismo, que funciona como el principal elemento de identificación colectiva.

Siguiendo un proceder propio del 15M, las mareas se organizan de manera asamblearia y descentralizada. En gran medida comparten un vocabulario y toda una serie de lemas que impugnan las narrativas oficiales de la crisis y denuncian las políticas de austeridad. Asimismo, se mantiene la identidad apartidista y la importancia del sentido comunitario entre activistas y las emociones compartidas como formas de cohesión interna. Más allá de las palabras de eslóganes o discursos, su universo simbólico pasa de manera fundamental por el empleo de elementos visuales como el uso del color.

En cuanto a la elección del escenario, continúan la ampliación de los espacios de la reivindicación, que penetran otros lugares de la vida cotidiana: bibliotecas, hospitales o colegios.

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2. Marea blanca por la sanidad

Las primeras movilizaciones específicas en defensa de la sanidad pública habían tenido lugar en junio de 2011 en Barcelona, tras una protesta delante de la casa de Artur Mas, entonces presidente de la Generalitat de Catalunya con el partido Convergencia y Unión. En octubre el PP de la Comunidad de Madrid liderado por Esperanza Aguirre presenta el llamado "Plan de Sostenibilidad del Sistema Sanitario", un proyecto de privatización de seis hospitales públicos y 27 centros de salud que además implica transformar el gran hospital de la Princesa en un centro especializado para mayores. Canalizando la indignación, el día 18 de noviembre de 2011 se convoca la primera gran manifestación con el lema "La sanidad pública no se vende, se defiende".

Privatización generalizada

La protesta se va a expandir cuando el PP anuncia drásticos recortes en sanidad y educación en mayo de 2012, que implican 7.267 millones menos para sanidad además de establecer el copago farmacéutico según el nivel de renta. El rol que en la Marea Verde habían tenido las camisetas, ahora lo toman las batas blancas de los profesionales de la medicina.

El movimiento va a elegir también el nombre de "marea" para ponerse en relación con las otras reivindicaciones. De nuevo, buscan situarse más allá de las ideologías y de hecho la Marea Blanca implica a sectores muy variados de la sociedad. A los médicos, se suman enfermeros, celadores, pacientes o familiares. Como sucedía con la Marea Verde, la comunidad ligada a esta faceta del Estado del Bienestar abarca al práctico conjunto de la población. El cuidado colectivo de la salud es un argumento inapelable.

Dentro de la organización de estos colectivos heterogéneos, resultan fundamentales las asociaciones vecinales32, a las que se suman, de nuevo, sindicatos y nuevas asociaciones y plataformas, como el movimiento de desobediencia de profesionales sanitarios llamado "YO SÍ SANIDAD UNIVERSAL", surgido en contra del Real Decreto que implica la exclusión del sistema sanitario de las personas sin papeles. Buscando crear un organismo unitario de coordinación, crean la Mesa de defensa de la sanidad pública de Madrid que, sin embargo, no logra incluir todos los grupos activistas. Se dan otros intentos, como Encuentro de Plataformas, Confluir Sanidad o Plataformas de Hospitales.

En noviembre de 2012 se produce una oleada de encierros en los centros de salud de Madrid. Los hospitales aparecen inundados de pancartas y carteles, en una alteración espacial inédita que añade al entorno médico las capas conceptuales de la movilización.

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De la consulta a la victoria

Siguiendo la estela de las Mareas Azul y Verde, la Marea Blanca plantea una Consulta ciudadana por la sanidad pública en la Comunidad de Madrid entre el 5 y el 10 de mayo de 2013. Implicando a unos 200 colectivos, en 103 municipios se movilizan unos 2.000 fedatarios y 20.000 voluntarios. El periodista Juanlu Sánchez destaca el trabajo que esto implica: "los organizadores tuvieron que registrar oficialmente ante la Delegación de Gobierno cada mesa, cada lugar, cada persona encargada de registrar firmas en cada pueblo". Votan más de un mi- llón de personas, o uno de cada seis habitantes, posicionándose en un 99,4 en contra de la privatización40.

A las manifestaciones, concentraciones, encierros y vigilias se suma el trabajo de investigación y la labor jurídica. Esta última determina en última instancia el éxito: a través de una sentencia del 11 de septiembre de 2013, que después se ratifica el 9 de enero de 2014, se produce la derrota del plan propuesto por la Comunidad de Madrid. El documento legal alega un carácter "irreversible" y "perjuicios irreparables" para gran parte de la población y para la situación laboral de los traba- jadores. Se frena así la privatización de los nueve hospitales y 27 centros sanitarios. La Marea Blanca lo ha logrado.

 

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1 Comentarios
  • Isabelle006# Isabelle006# 15/04/21 18:41

    Fue emocionante, recuerdo todas esas mareas de colores, una de las que más me impactó fue la marea blanca, mis amistades que trabajaban/siguen trabajando en la Sanidad Pública estuvieron implicadas en esas manifestaciones, concentraciones, encierros y vigilias, algunas de ellas en el Hospital de la Princesa, cerca de mi casa, estábamos aterrorizados por que Aguirre se saliera con la suya desmantelar un hospital donde el trabajo de investigación era su máxima, como otros muchos. Todos y todas médicos, investigadores, enfermeras, enfermeros, personal auxiliar, celadores, personal administrativo se sumaron a estas concentraciones. Me ha gustado mucho el artículo, por descontado que leeré su libro, yo también estuve ahí apoyando, colaborando, me siento orgullosa por ello. Gracias

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