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'Nueva Socialdemocracia'

  • El economista y político Manuel Escudero escribe un ensayo en el que elabora un rearme ideológico y político del socialismo españo
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Publicada el 23/09/2021 a las 06:00

Acometer un rearme ideológico y político del socialismo español para así contribuir a consolidar un proyecto que apenas ha comenzado. Este es el objetivo de Manuel Escudero con su ensayo Nueva Socialdemocracia, editado por la Fundación Pablo Iglesias. El economista y político español vierte en el libro, cuya presentación en Madrid se celebra este jueves por la tarde, propuestas para una socialdemocracia renovada ante las nuevas condiciones del capitalismo en el siglo XXI. El ensayo se encuentra a caballo entre la teoría de la nueva socialdemocracia –terreno aún muy inexplorado– y la práctica de esa socialdemocracia todavía naciente en España. En infoLibre recogemos el capítulo 20 del ensayo.

Capítulo 20. Un decálogo para la nueva socialdemocracia

Lo que aquí se ha denominado nueva socialdemocracia no es un producto solamente de consumo doméstico, exclusivamente español, sino una respuesta de carácter más general a las nuevas condiciones del capitalismo del siglo XXI.

Me gustaría sugerir a título exclusivamente personal y de modo telegráfico los diez rasgos estratégicos que capturan lo fundamental de lo aquí expuesto acerca de la nueva socialdemocracia:

1. Tiene principios claros, que entroncan con las raíces del socialismo hace 140 años, con la lucha por reformas para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, con una adhesión radical a la democracia representativa, con los valores de igualdad, libertad y solidaridad, con el respeto a la libertad individual junto a la justicia social. A estos valores hemos añadido en 2017 el ecologismo y el feminismo.

2. Pusimos el dedo en la llaga al afirmar que, a pesar de la existencia de un Estado de bienestar, nuestra sociedad es cada día más desigual porque se está produciendo en términos de renta y de riqueza una polarización entre una minoría a la que las cosas le van muy bien, y una mayoría que se ha estancado o retrocedido. La lucha contra las desigualdades en renta y riqueza se ha convertido en un elemento central de la búsqueda de la justicia social en el proyecto político socialista.

3. La lucha por la igualdad tiene un ángulo específico desde una lente feminista, que ha pasado a ser una dimensión básica de la nueva socialdemocracia. Esta lucha abarca todas las esferas de la actividad pública y de la privada, desde las múltiples desigualdades en el trabajo, la brecha salarial, la promoción a puestos de responsabilidad en la esfera pública y en la empresa, la violencia de género o la trata de mujeres, hasta las actitudes e instituciones sociales que hay que desmontar.

4. La transición ecológica, y la transición digital se han de gobernar con sentido del bien común desde la nueva socialdemocracia, y en ellas se encierran las grandes transformaciones sociales y económicas que se han de producir en el siglo XXI. Junto a ellas existe otra transición demográfica de un calado transformador similar, en la que nos encontramos con la necesidad de nuevas políticas en pensiones e inmigración, cambios en la organización social respecto a la vejez, o la necesidad de un nuevo contrato social con la juventud.

5. En el nuevo proyecto socialdemócrata se debe destacar la gran transformación en curso de la estructura del poder financiero, donde los obstáculos al bien común provienen de los grandes fondos de inversión que comienzan a colonizar la economía productiva. Es imperativo contrarrestar desde la intervención pública el creciente poder de los fondos de inversión y de las grandes empresas tecnológicas. Para ello la alianza pública con la economía productiva y la lucha contra las concentraciones de poder en el mercado son determinantes.

6. La pandemia nos ha enseñado que se necesita un Estado más sólido y previsor. Deben terminarse los experimentos de privatización tanto de hospitales como de residencias: se necesita un sistema público que no se vea sistemáticamente esquilmado y empobrecido. La gestión de stocks de productos estratégicos sanitarios y la existencia de un mínimo de producción nacional o europea es obligada. Por otra parte, se debe avanzar en que existan nuevas prácticas internacionales para hacer posible que bienes como las vacunas o el clima sean considerados y tratados de modo efectivo como bienes públicos globales.

7. La recuperación económica y la reconstrucción social después de la pandemia debería perseguir tres objetivos: en primer lugar, generar el máximo de empleo, en segundo lugar, mejorar, con un profundo sentido reformador, aquello que no funcionaba bien antes de la COVID, y en tercer lugar reconstruir en cinco dimensiones fundamentales: la lucha contra las desigualdades, la construcción de una nueva economía ecológica y digitalizada, la integración territorial y la igualdad entre mujeres y hombres. En el terreno de la puesta en marcha de los planes de recuperación también la pandemia nos ha enseñado cosas importantes: el espíritu federal de coordinación entre el nivel central y el autonómico es una necesidad inapelable. Así mismo en los momentos más duros de la pandemia las Administraciones locales han estado en el frente de la batalla, cuidando de los que viven solos y aislados, facilitando los suministros urgentes de equipos de protección y acudiendo subsidiariamente al rescate de empresas. Parte de la arquitectura organizativa que se está necesitando ya y que aumentará en importancia, va a ser la colaboración entre la Administración central, las autonómicas y las locales, cada uno desde sus competencias y coordinados en torno a proyectos compartidos.

8. Hasta la crisis financiera de 2008, la globalización se consideraba acríticamente como un proceso beneficioso per se. Pero la crisis en sí misma, así como la evidencia de ganadores y perdedores en el proceso de globalización, hacen ver que hoy se necesita que la globalización, para ser beneficiosa deba ser gobernada. La nueva socialdemocracia debería defender una nueva versión de la globalización. Un elemento indispensable debería ser un discurso económico que se enriquezca con el de la inclusividad y el de la sostenibilidad.

9. La nueva versión de la globalización se ha de sustentar en la necesidad de un comercio abierto pero también debe avanzar en hacer posible una nueva generación de acuerdos comerciales y de inversiones internacionales que combinen la apertura internacional con la defensa de los trabajadores, las compensaciones a los grupos que puedan salir perjudicados, la reciprocidad en el avance en la lucha contra el cambio climático y contra la corrupción y los sobornos, así como la necesidad de un nuevo tribunal Multilateral de Litigios y Apelación público y permanente. 

10. La pandemia ha enseñado las costuras del tejido económico y social de la mayoría de los países en vías de desarrollo y emergentes, incluso aquellos que ya son considerados como países de renta media o media alta. Se necesita una nueva concepción del desarrollo, un “New Deal for Development” donde la resiliencia a partir de sistemas públicos de protección social y de los esfuerzos domésticos para construirlos en términos de progresividad fiscal, se vean correspondidos con un acceso mejor a la financiación, las inversiones y nuevas formas de tratamiento de la deuda.

Esto que es relevante en América Latina o el Sureste asiático se hace particularmente urgente para África. Los problemas del desarrollo no son problemas remotos, o sectoriales o para especialistas. Son problemas que afectan a millones que viven a las puertas de nuestra sociedad. Aunque sea por un egoísmo ilustrado, debiéramos comenzar a tomar estos problemas como propios.

Pero sin duda estamos al comienzo de un camino que no será ni corto ni fácil.

Estos valores y esta senda, en términos como los planteados o similares, debería servir para que la posibilidad de una nueva socialdemocracia se abra camino en todas las latitudes: desde el resto de países europeos, pasando por los países de tradición anglosajona, las regiones de las Américas, o las tierras del Sudeste asiático y África.

El momento para iniciar ese camino es ahora, cuando hasta el propio discurso de la gobernanza global comienza a abrirse a unas perspectivas nuevas, lejos ya de las viejas y caducadas recetas neoliberales.

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