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Club de lectura

La puerta abierta

  • Piel de lobo, de Lara Moreno, muestra los agujeros negros y las grietas que se producen en las relaciones familiares a través de los silencios y denuncia sus consecuencias
  • Se trata de una novela generacional, la de aquellos que crecieron en los años noventa donde a menudo la figura del padre todavía estaba ausente en el cuidado de los hijos

Abril Gómez de Enterría Publicada 14/07/2017 a las 06:00 Actualizada 21/07/2017 a las 11:54    
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Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.
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En una de nuestras últimas sesiones en el club de lectura de la Casa del Libro de Gran Vía, en Madrid, tuvimos la oportunidad de comentar con Lara Moreno su segunda novela, Piel de lobo. Lara Moreno (Sevilla, 1978) es licenciada en periodismo y actualmente vive en Madrid, donde trabaja como editora e imparte talleres de escritura creativa. Es la editora invitada para elaborar el catálogo de Caballo de Troya de 2017, donde publicará seis títulos de los cuales ya están en las librerías La hija del comunista, de Aroa Moreno Durán; Hamaca, de Constanza Ternicier; Televisión, de María Cabrera y Animal doméstico, de Mario Hinojos. Lara ha participado en numerosas antologías de relatos, entre las que destacan Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual, Antología del microrrelato español (1906-2011). El cuarto género narrativo y la reciente Drogadictos. Es autora de los libros de relatos Casi todas las tijeras y Cuatro veces fuego, de los poemarios La herida costumbre y Después de la apnea y de la novela coral Por si se va la luz, por la que obtuvo el reconocimiento del público y la crítica y fue elegida por FNAC entre los autores revelación del año. Además, Lara es letrista y cuenta con diversas colaboraciones con cantautores como Paco Cifuentes (autor de Solo tramoamarte), Joaquín Calderón y Carlos Chaouen (autor de Canciones, poemas y otros textos).

  Piel de lobo construye el relato personal de las dos hermanas que la protagonizan, y lo hace a través de las heridas, la culpa y la responsabilidad. La novela muestra los agujeros negros y las grietas que se producen y mantienen en las relaciones familiares a través de los silencios, denuncia sus consecuencias; y lo hace combinando diversas voces narrativas, insertando los diálogos en la narración, utilizando un lenguaje con una gran carga poética y poniendo un gran énfasis en el ritmo del texto.

Llegados a este punto, aprovecho para recomendar a los lectores que si no han leído Piel de lobo se acerquen cuanto antes a su librería de confianza, consigan la novela y solo después de haberla leído hasta el final vuelvan sobre esta reseña y continúen leyendo. ¿Por qué? Porque inevitablemente voy a sacar a la luz uno de los temas fundamentales de la trama, que aparece casi al final del texto y explica en buena medida lo narrado.

Así, saltándome la norma básica que habrán seguido quienes han hablado públicamente de la novela, desvelo una parte de la trama dando por hecho que ya la habéis leído porque si bien el silencio, los problemas de comunicación, la pérdida y la soledad son temas ampliamente tratados en la literatura desde muy diferentes perspectivas, no ocurre lo mismo con otro de los temas centrales de la novela: los abusos sexuales en la infancia; violaciones que no son hechos aislados en nuestra sociedad, tal como tristemente podemos comprobar si echamos un vistazo a la prensa y, quizá, si observamos con atención nuestro propio entorno.

Cuando en el mes de diciembre hablábamos en nuestra tertulia del teatro que “te deja tocado" al salir de la sala de representación, sugerí a las participantes en la tertulia leer la obra de Andrew Bovell Cuando deje de llover, que tiene como uno de sus temas centrales la pederastia. En el ámbito de la ficción, pero en este caso basada en el caso real de Justin Berry, Jose Serralvo publicaba en 2015 la sobrecogedora novela El niño que se desnudó delante de una webcam. No menos desgarradores resultan los testimonios reales del escritor Olivier Ka en su cómic Por qué he matado a Pierre (premio Angoulême 2007) y del pianista James Rhodes en Instrumental. Memorias de música, medicina y locura. Leyendo estos textos podemos comprender lo necesario que resulta no solo romper el silencio ante el tabú de los delitos sexuales cometidos contra menores y que quienes los han sufrido elaboren su propio relato que les permita liberarse de buena parte de sus secuelas y de la culpa que reina entre todas ellas, sino también encontrar la manera de evitar que se sigan reproduciendo. Como bien dicen sus protagonistas al final de Piel de lobo: "y yo le digo por qué no me has llamado, y ella me responde, dejé la puerta abierta, solo tenías que entrar".

Al hilo de esto, aprovecho para recomendar dos libros infantiles: ¡Mi cuerpo es mío!, un álbum ilustrado para la prevención de los abusos en la infancia, y Cuéntamelo todo, un divertido y abierto compendio de respuestas para niños y niñas a partir de 5 o 6 años (basado en preguntas reales); así como la novela juvenil Palabras envenenadas, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil de 2011.

En el encuentro que mantuvimos, tras reflexionar sobre la oportunidad que ofrecen los clubes de lectura a los autores, Lara nos explicó cómo había sido el proceso de escritura de Piel de lobo y dimos paso a una interesante tertulia en torno a la novela, su forma y su fondo.

La novela tiene una clara intención de denuncia de un asunto de triste actualidad, tema central que sin embargo la autora no quiso plantear desde el principio y prefirió convertirlo en un tema secundario en el relato, de forma que éste fuera desgranando poco a poco la consecuente denuncia de la naturalidad de la violencia y de la falta de respuesta a la misma, de los tabúes en la comunicación con los padres en temas fundamentales —amor, sexo, violencia...— y de la hipocresía de la sociedad. Así, Lara nos explicó que, a diferencia de sus creaciones anteriores, empezó a escribir Piel de lobo sabiendo cómo quería que terminara la novela y fue construyendo el relato en base a este final, para llegar a él. A medida que avanza el relato, las dos voces narrativas —una tercera persona subjetiva y los recuerdos de infancia de Sofía, una de sus protagonistas— van expresando lo que se ve, nos van dando pistas sutiles sobre lo que desconocemos y que se desvelará en un grito desgarrador al final de la novela. Esto explica la desorientación que manifestaron haber experimentado algunas lectoras al comenzar la novela, cuando trataban de encontrar el tema de la misma y se preguntaban si el relato profundizaría más adelante en alguna de las cuestiones planteadas desde el principio: la maternidad, las relaciones de pareja, la falta de comunicación... Es el resultado de un intento consciente de la autora de no escribir un relato que gire en torno al tema principal, sino que poco a poco nos vaya acercando él mientras nos muestra sus antecedentes y sus consecuencias.

Hablamos de la estructura de la novela y de los cambios en las voces narrativas, de la magistral integración de las conversaciones en la narración, de la fuerza de todos sus capítulos y especialmente del último —que Lara escribió de un tirón y donde casi sin darse cuenta dio con la frase definitiva que le hizo dar la obra por concluida— y de la dificultad de dar con el título adecuado. Hablamos sobre la construcción de los personajes, los tipos que representan —bien definidos, realistas y cercanos— que van tomando forma al tiempo que avanza la historia y con los que podemos sentirnos identificados o identificar a personas de nuestro entorno. Hablamos también del estilo narrativo de Lara Moreno, de su capacidad para describir situaciones y ambientes y de la importancia del ritmo en su narración, que tiene un fuerte componente poético. Además, la autora compartió con las lectoras algunos de los consejos que le dieron quienes leyeron la novela antes de ser publicada, y explicó las razones por las que en ocasiones hizo en parte oídos sordos y tomó la decisión de mantener algunos capítulos o escenas que le permitieran abordar todo aquello que quería transmitir.

A lo largo del encuentro tuvimos la oportunidad de reflexionar y debatir sobre distintos asuntos que están presentes en nuestra vida cotidiana, pero también sobre otras cuestiones que por no estar en nuestro día a día a veces pasamos por alto. Así, a partir de los personajes y las situaciones que plantea la novela, fueron surgiendo reflexiones en torno a la maternidad y la paternidad, las relaciones familiares y de pareja, la sexualidad, la infancia, las preocupaciones modernas, la violencia, los problemas de comunicación, etc. Paso a resumir algunas de estas reflexiones.

Ante la pregunta sobre el personaje del padre de las protagonistas, Lara explicó que se trata de una novela generacional, la de aquellos que crecieron en los años noventa donde a menudo la figura del padre —rígido, autoritario, despótico en la educación— todavía estaba prácticamente ausente en el cuidado de los hijos, especialmente en lo relativo a los aspectos emocionales. Esta figura contrasta con el personaje de Julio, que representa un nuevo modelo de paternidad, que se implica en la educación y cuyas acciones a lo largo del relato no representan un abandono del hijo que tiene en común con Sofía, sino un punto y final a la relación de pareja. Reflexionamos también en torno al personaje de Sofía en su rol de madre, un personaje que lejos de mostrarnos una imagen idealizada nos plantea los miedos y las exigencias a las que se ve sometida y que trata de superar en el día a día, en ocasiones poniendo el punto de control en el lugar equivocado. Hablamos de los aspectos positivos y negativos de la maternidad desde la experiencia de nuestras lectoras, de cómo abordarla, del tratamiento actual del embarazo como si prácticamente fuera una enfermedad —con restricciones y controles impensables hace tan solo unas décadas— y del vértigo que produce la crianza y la responsabilidad sobre el desarrollo de ese niño o niña que se verá determinado en buena medida en estos primeros años de vida. Al hilo de esto último, hablamos de dos experiencias extremas en cuanto a la responsabilidad que entraña la crianza, la de dos madres (una real y otra imaginada) que deben decidir el destino de sus hijos: la historia de Marina Tsvietáieva relatada en sus Confesiones —y citada en la novela— y la de la protagonista de la película La decisión de Sophie. Finalmente, coincidimos en la necesidad de reflexionar en torno a las obligaciones que asumimos —que a menudo son tales que exceden nuestra capacidad— y de relativizar la importancia de las tareas a las que hemos de enfrentarnos en nuestro día a día; lecturas que a menudo hacemos a toro pasado pero que no por ello deben perseguirnos en forma de culpa.

Otro tema que tratamos fue la sexualidad de las mujeres, a partir del cual reflexionamos en torno a la ausencia o pérdida de la sexualidad y cómo ésta es a menudo, en palabras de la autora, un termómetro de cómo está funcionando la pareja. Hablamos también del tabú de la sexualidad y, especialmente, de la masturbación en las mujeres; así como de las experiencias de intercambio de parejas que se relatan en la novela, hecho con el que la autora pretende hacer hincapié en el esfuerzo contemporáneo de hacer que una relación perdure al tratar de buscar soluciones a la desidia, la rutina o el aburrimiento. Así, reflexionamos sobre cómo han cambiado los tiempos y, si bien ahora parece que no queremos ser desgraciados durante toda la vida —como sucedía en ocasiones en el pasado—, nos hemos ido al extremo opuesto en el que parece que nos autoexigimos ser felices todo el tiempo.

Además, hablamos de diversas emociones que manifiestan las protagonistas, entre las que destacan la soledad y el sentimiento de culpa dirigido tanto a uno mismo como a la relación que mantenemos con personas de nuestro entorno próximo. Hablamos también de la indefensión aprendida que se genera en quienes son víctimas de cualquier tipo de violencia y no han encontrado soluciones tras pedir ayuda —verdadero drama del tema principal de la novela—. Y, para terminar, reflexionamos en torno al papel de la infancia, puesto que los niños son el centro de la vida en las relaciones familiares y están siempre presentes; pero, tal como decía Lara, a menudo no les damos voz para que se expresen.

Tras la tertulia, después de compartir reflexiones interesantes con las lectoras, Lara nos recomendó tres libros: La hija del comunista, de Aroa Moreno Durán; El nadador en el mar secreto, de William Kotzwinkle y Manual para mujeres de la limpieza, de Lucia Berlin. No quedan excusas para no leer.

 
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