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Los libros

Un jardín en la infancia

  • El poeta Ben Clark sabe con Proust que la mejor manera de perseguir al niño intermitente que se asoma a nuestro interior y a nuestra piel es reescribirlo
  • El poema "En este verso", uno de los recogidos en esta antología, empieza con una declaración de intenciones: "En este verso está mi juventud./ En ningún otro sitio"

Publicada el 15/05/2020 a las 06:00

Armisticio (2008-2018)
Ben Clark
Sloper
Palma de Mallorca
2019

En Contra Sainte-Beuve Proust declaraba buscar al "niño que juega en mí sobre las ruinas", un niño "intermitente" que debería escribir sus libros en su lugar. Ben Clark (1984), poeta muy reconocido (recibió premios como Hiperión, el Ojo Crítico y Loewe), joven de edad y maduro de voz, sabe con Proust que la mejor manera de perseguir al niño intermitente que se asoma a nuestro interior y a nuestra piel es reescribirlo, reconstruir una infancia (re)inventada, como la memoria, en los poemas. Armisticio abarca, según la indicación del propio autor, poemas publicados en los libros Memoría (Huacanamo, 2009), La mezcla confusa (U.P. José Hierro, 2011, VII Premio Nacional de Poesía Joven Félix Grande) y en distintos libros colectivos, revistas y fanzines entre 2008 y 2018.

La infancia es uno de los temas clave en Ben Clark y, de hecho, explícita o implícitamente, en cualquier escritor o escritora, porque en la infancia y en la adolescencia está todo, lo ocurrido y lo soñado, la realidad y el jardín de rosas eliotiano de Burnt Norton, el lugar donde confluyen los "otros ecos", de las posibilidades vitales que no escogimos o que no logramos alcanzar. El poema "En este verso" empieza con una declaración de intenciones: "En este verso está mi juventud./ En ningún otro sitio". Antes de que se acabe la infancia o la adolescencia ya las añoramos, las inventamos y las reinventamos, las revestimos de una nostalgia cuya intensidad es directamente proporcional a nuestra juventud. Ben Clark sabe que en el fondo lo que trabaja en sus poemas es el tiempo, "arena escurriéndose entre los dedos" ("Quisiera hablarte ahora de la orilla"). Queremos estar allí, en la orilla, agarrárnos a una infancia de mar, barcos y sol, una infancia real o deseada en sueños, una infancia surcada por los barcos: "Siempre cuento la historia de los barcos". Así empieza "El barco", donde un padre y un hijo recorren el tiempo, el pasado, el presente y el futuro, embarcados en un velero que funciona a la vez como referencia precisa y metáfora de vínculos íntimos, familiares, de todo lo hablado y todo lo que queda por decir.

En el magnífico poema "En el agua" aparece "un niño/ de verdad", "frágil/ y torpe", cuya indudable condición de niño es certificada por su apariencia de hombre viejo: "Nada más verlo,/ supe que era/ un niño de verdad:/ parecía un hombre/ viejo". La imagen es extraordinaria: en su aparente y muy trabajada sencillez se superponen como en un palimpsesto el "hombre/ viejo" y el niño o, si volvemos a Proust, el niño jugando sobre las ruinas de "un hombre/ viejo". ¿Qué ser misterioso, qué "pequeño personaje" (la expresión es de nuevo de Proust) habita este poema ? Alguien "frágil/ y torpe" (y todos somos desorientados, frágiles y torpes niños grandes) se mira "en el agua" y allí descubre el encuentro entre el potencial de ilusión y el aprendizaje del desengaño. Allí descubre que, como proclama el pájaro de Burnt Norton, "la especie humana/ no puede soportar mucha realidad".

En "Memoria de papel" vuelve a aparecer un niño, esta vez "un niño extranjero en todas partes", que contempla "las paredes cubiertas de papel" de la casa de su abuela en Inglaterra. El papel es metáfora de una vida íntima, familiar, y también cuerpo preciso de la escritura.

Los cuerpos amados son otro gran tema de la poesía de Ben Clark. Hay estupendos poemas de amor en Armisticio: "Con" ("Con la pura verdad y las mentiras,/ con todo lo que quise ser un día/ y con esto que soy hoy, te he querido"), "Poema de amor porque no sé escribirte otra cosa" o "No lo dudes" ("Pero por si dudaras todavía,/ diré que te he querido y que no sabes/ tantas cosas de mí como yo sé/ que sabemos los dos de nuestros cuerpos"). No hay ningún conocimiento más preciso que el de los cuerpos y el poeta lo sabe.

El texto que cierra Armisticio, "El verso perfecto" apunta a un tercer núcleo de significación importante en nuestro autor: la meditación sobre la palabra poética. Se trata de perseguir "un verso perfecto sobre un pájaro", un verso que sea como "el día, que ya extiende/ sus largas alas negras hacia el alba/ y que en cualquier momento/ puede echarse a volar".

Afirmaba antes que Ben Clark sabe que lo que trabaja en sus poemas es el tiempo. La frase puede leerse en sus dos acepciones: el poeta trabaja el tiempo como tema y el tiempo trabaja desde el interior de sus textos. Un tiempo-mar, un tiempo de conversaciones íntimas, familiares, amorosas o de veleros hacia nuestras zonas de luz o de penumbra. Al abrir Armisticio sueño con tener un barco para ir en busca de la niña que juega en mi particular jardín de rosas.

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Ioana Gruia es escritora y profesora de Literatura. Su último libro es El expediente Albertina (Edhasa, 2016).

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