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Luces Rojas

La Iglesia de Franco

Publicada el 21/11/2018 a las 06:00 Actualizada el 20/11/2018 a las 21:46
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El 17 de abril de 1946 Francisco Franco envió una carta a Rigoberto Doménech y Valls, arzobispo de Zaragoza. El español "es el único Estado verdaderamente católico que hoy existe", le decía el Generalísimo, y por eso le "acechan" la masonería y el comunismo, "por su condición de católico y anticomunista".

No se trataba de una declaración aislada. Franco pudo comprobar muchas veces a lo largo y ancho de su dictadura lo útil que resultaba ese recurso al catolicismo. Gustaba mucho a los obispos, satisfechos con que los grandes problemas históricos de España hubieran acabado así, con el sueño cumplido de un Estado "verdaderamente católico", en pleno siglo XX y después de todas las guerras y revoluciones imaginables.

El nacionalcatolicismo, como antídoto perfecto frente a la República laica, el separatismo y las ideologías revolucionarias, tuvo un significado específico para burgueses y terratenientes, para los militares y para un amplio sector de pequeños propietarios rurales y clases medias urbanas. El nacionalcatolicismo resultó una ideología eficaz para la movilización de todos esos grupos que se propusieron desterrar los conflictos sociales y darles una solución quirúrgica. El nacionalcatolicismo, pensaban sus defensores, tenía raíces profundas y lejanas en la historia de España, en la época imperial de los Reyes Católicos, en la Edad de Oro y en la Contrarreforma. De la decadencia posterior eran causantes las diversas herejías extranjeras, el protestantismo, el liberalismo y el socialismo, a las que los malos españoles se habían agarrado. Desde Menéndez Pelayo a finales del siglo XIX hasta los apologetas católicos del orden y la autoridad de los años veinte, esa visión fue repetida en manuales escolares, publicaciones religiosas, cartas pastorales y sermones.

La jerarquía eclesiástica participó desde el principio, en marzo de 1943, en la farsa de las  Cortes franquistas y su presencia se hizo también bien visible en los altos cargos consultivos del Estado. El primado figuraría entre los tres miembros del Consejo del Reino y, junto a otro obispo, en el Consejo de Estado. Además, según la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado aprobada por las Cortes el 31 de mayo de 1947, el "Prelado de mayor jerarquía y antigüedad" formaría parte del Consejo de Regencia en caso de que la Jefatura del Estado quedara "vacante". Al prelado le acompañarían en ese Consejo de Regencia el presidente de las Cortes y el Capitán General en activo y de mayor antigüedad de los ejércitos de Tierra, Mar o Aire.

El catolicismo español salió triunfante y feliz de esa simbiosis e intercambio de favores que mantuvo con un régimen asesino, levantado sobre las cenizas de la República y la venganza sobre los vencidos. Ese aparato de poder político se mantuvo intacto, con la ayuda de los dirigentes católicos, de la jerarquía eclesiástica y del Opus Dei, pese a que sufrió importantes desafíos desde comienzos de los años sesenta.

Pero, pese a los cambios, la dictadura franquista mantuvo su identidad nacional católica hasta el final, la jerarquía y la mayoría de los eclesiásticos acompañaban con sus ceremonias a las autoridades públicas y tres obispos, nombrados personalmente por Franco, formaban parte del último acto de  las Cortes. El arzobispo Cantero Cuadrado, aquel combatiente de la guerra civil, siguió como miembro del Consejo de Estado y del Consejo del Reino hasta el último suspiro del Caudillo.
Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde murió bendecido por la Iglesia, sacralizado, rodeado de una aureola heroico-mesiánica que le equiparaba a los santos más grandes de la historia. El panegírico empezó en la Cruzada, arreció con fuerza en la posguerra y continuó hasta después de su muerte. Papas, nuncios apostólicos, obispos, curas, frailes, monjas y católicos de toda condición y sexo le rindieron pleitesía. Era el "enviado de Dios hecho Caudillo", "el sol", "el hijo todopoderoso", "el niño Jesús en el portal de Belén", y por saber, palabras de José María Pemán, sabía incluso "marchar bajo palio con paso marcial y exacto".

Canonistas, benedictinos, dominicos y otros eclesiásticos pidieron después de su muerte "la instrucción de la Causa de Canonización de Francisco Franco". José María García Lahiguera, arzobispo de Valencia en 1975, había dirigido los ejercicios espirituales a Franco y a su esposa en 1949 y 1953, un honor que también tuvieron el beato José María Escrivá de Balaguer y Aniceto Castro Albarrán, aquel canónigo de Salamanca que ya en 1934 publicara  El derecho a la rebeldía.  García Lahiguera en la homilía del funeral celebrado por Franco en Valencia resumió sus tres principales virtudes: "Ser hombre de fe; entregado a obras de caridad, en favor de todos, pues a todos amaba; hombre de humildad".

Hombre de fe, de caridad y de humildad. Así era Franco, "Caudillo de España por la Gracia de Dios", según la inscripción que llevaban todas las monedas acuñadas desde 1946.

La Iglesia y el Caudillo caminaron asidos de la mano durante cuatro décadas. Franco necesitó el apoyo y la bendición de la Iglesia católica para llevar a buen término una guerra de exterminio y pasar por enviado de Dios. La Iglesia ganó con esa guerra una paz "duradera y consoladora", plena de felicidad, satisfacciones y privilegios. La religión sirvió a Franco de refugio de su tiranía y crueldad. La Iglesia le dio la máscara perfecta.

Por eso parece tan extraño, en una sociedad democrática, y a la vez tan lógico, dada esa herencia, que la Iglesia católica vea “inevitable” el entierro de Franco en la Almudena, darle cobijo como “cristiano y bautizado”, y que el Vaticano respalde al arzobispado de Madrid en ese tema.  Es una ocasión excelente para que la Iglesia, sin necesidad de tener que revisar ese pasado, rompa el cordón umbilical más de cuarenta años después del fin de la dictadura.

Ya honró a sus miles de mártires con ceremonias de beatificación. Si el cuerpo de Franco acaba en la catedral de Madrid, contribuirá a mantener viva la memoria de los vencedores de la guerra civil y a seguir humillando a los familiares de las decenas de miles de asesinados por los franquistas, quienes todavía no han encontrado la reparación moral ni el reconocimiento jurídico y político después de tantos años de vergonzosa marginación.
______

Julián Casanova es miembro del Institute for Advanced Study de Princeton.
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19 Comentarios
  • leandro leandro 08/12/18 21:06

    Unos cuantos deberían leer el artículo para recordar , que la memoria desaparece fácilmente cuando se quiere .

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  • Draco Draco 05/12/18 02:14

    Denuncia ya del concordato....estado laico....ibi a la iglesia....anulacion de las inmatriculaciones....si quieren profesores de religion catolica en sus colegios que los paguen ellos....religion no computable como asignatura para becas y para nada....vuelta de la filosofia y los valores humanos a la educacion

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  • Joselito Joselito 21/11/18 18:41

    Ruptura total de la forma de relaciones actuales entre el Estado y la Iglesia Católica ¡YA!. Basta de ayudas, prebendas y demás privilegios a una iglesia que contribuyó a la derrota de la República, albergando hasta hoy en su interior lo más podrido y reaccionario del clero español. ¿No es España un Estado laico? ¡Pues eso!

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  • El chipionero El chipionero 21/11/18 17:30

    La Iglesia está implicada hasta el tuétano en el golpe fascista a la Republica española. A Franco hay que juzgarlo, (como se ha hecho con Hitler y Mussolini), junto con la Iglesia Católica, expropiarle todas las iglesias y catedrales y convertirlas en bibliotecas, todas las tierras que posee y repartirlas a los campesinos. El que quiera religión que se la pague íntegramente. El Estado no debe de subvencionar los sentimientos arcaicos que una persona pueda tener. La Iglesia ya tuvo mucho poder en España e hizo un daño enorme a la Humanidad.

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  • senenoa senenoa 21/11/18 12:27

    Señor Casanova, esperar que la Iglesia Católica Española desista de sus costumbres consuetudinarias y reniegue de sus privilegios es pedirle peras al tamarindo; en este país no lo hará nunca, al menos por las buenas.
    Agámoslo pues nosotros, por las bravas. Anulemos los Acuerdos Iglesia-Estado, que paguen el IBI, el IVA y demás impuestos, quitémosle las múltiples exenciones y las amplísimas subvenciones (Hasta 11.000 millones) y, por descontado, eliminemos la asignatura de religión del currículo de la enseñanza pública.

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  • Galias Galias 21/11/18 12:19

    Todos los comentarios al magnífico artículo son acertadísimos. Pero por ser un poco original y abundar en ellos, me parece que lo de la "purificación por el dolor" reflejado en el martírio que San Lorenzo, que dice ArkosUrsus, es ampliable. Siempre me ha extrañado que los obispos, curas y religiosos- la Iglesia- haya escogido la cruz y la lla lleve en su pecho como el símbolo de adhesión a su líder religioso. Desde ese símbolo es imposible desear el bienestar de la humanidad. Como manteniendo la confesión en privado, a la que acuden sobre todo mujeres, como el acto más humillante que se puede hacer a una persona humana, arrodillada ante otra, confesando sus privados pecados.

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  • Larry2 Larry2 21/11/18 12:07

    Estupendo artículo. Seguimos igual, la iglesia no reconocerá nunca su apoyo incondicional a Franco. Mas vale que cada vez le quedan menos fieles. Lo de sacar a Franco del valle de los caidos, es fácil de solucionar, que la familia no lo quiere, pues incinerar o fosa común. Y si la familia lo quiere pues que lo entierren donde quieran, pero por supuesto sería para la iglesia ya una verguenza dejar enterrar en la Almudena. En este tema no puede entrar la iglesia a decidir, el gobierno, y punto. Pero ya vemos que hay dudas, y no hay hechos reales, de mientras dandoles fuerza y propaganda a la extrema derecha, y los nostálgicos que vayan a las iglesias a rezar. Siempre he creido en las personas, y nunca en las instituciones, pero la iglesia siempre ha dejado mucho que desear. agur.

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  • bidebi bidebi 21/11/18 11:55

    Como bien dice el profesor Navarro en este artículo :
    https://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2018/11/19/la-iglesia-catolica-espanola-y-el-general-franco/
    dentro de las grandes mentiras que nos han trasmitido sobre el golpe militar fascista del 36, sobre el eufemismo de una “guerra civil” cuando fue una guerra del fascismo internacional contra la mayoría del pueblo español o la mentira de la transición modélica cuando era un pacto cobarde con el fascismo, quedaría la mentira de una iglesia putativa romana que “colaboró” en el golpe y colaboró en cuarenta años de dictadura tremenda. De colaboración sí, pero no es suficiente para determinar su papel en la historia reciente de España. La verdad es que la putativa era parte INTEGRANTE del golpe, fue parte integrante de la dictadura y sigue siendo parte integrante de lo que con candor algunos llaman democracia. De tal manera que era, y sigue siendo, una parte integrante del fascismo completamente necesario para justificar sus crímenes.
    La putativa romana es de las organizaciones mas sanguinarias que hayan existido en su larga historia. Es responsable de la involución cultural y es responsable de crímenes contra la humanidad. Por eso es llamativo que pidamos juicio y responsabilidades al franquismo y sin embargo no pidamos las mismas responsabilidades a la putativa por ser parte integrante del fascismo español.
    En esto que algunos interesados llaman democracia sigue existiendo un concordato medieval con el Vaticano y en consecuencia los españoles han tenido que sufrir la vergüenza de ver a su vicepresidenta viajando a la sede papal para pedir autorización en la exhumación de la momia y concordar dónde se le entierra. Los españoles han venido perdiendo parte de su dignidad con el nuevo régimen controlado por el fascismo, pero también siguen perdiendo dignidad colaborando en los negocios de la secta romana y rindiendo pleitesía a uno de los elementos integrantes del franquismo.
    Los gobiernos democráticos de España siguen temiendo al fascismo que gobierna desde la sombra y siguen teniendo mucho miedo a la putativa romana. Prueba del nueve de que el franquismo sigue vigente en España.

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  • Aserejé Aserejé 21/11/18 11:23

    Estupendo artículo, que expone certeramente la cobertura, "legitimacion" y apoyo que dio la iglesia catolica al cruel fascismo español de Paca la Culona.

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  • jositochema jositochema 21/11/18 10:43

    Hola.
    La iglesia de Franco, la policia de Franco, los partidos de Franco, los jueces de Franco, los militares de Franco, los medios de comunicación de Franco, las finanzas de Franco, los bancos de Franco, los monumentos de Franco, las calles y plazas de Franco y sus adláteres..... después de 80 años largos del golpe de Estado fascista.
    Que cada un@ saque sus conclusiones.
    Gracias.

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    • Capgrossos Capgrossos 22/11/18 01:58

      Atado y bien atado.

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