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Luces Rojas

No. No lo llamen desobediencia civil

Publicada el 25/03/2019 a las 06:00 Actualizada el 24/03/2019 a las 14:27
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Entre los defensores de la causa secesionista en Cataluña, pero no sólo, se ha convertido en lugar común sostener la desobediencia como estrategia política e invocar en su apoyo la tradición de la desobediencia civil. No me ocuparé de la contradicción en que incurre el Govern de la Generalitat –cuya legitimidad de origen se basa indiscutiblemente en el refrendo democrático, libre y por cierto abrumador en Catalunya a la Constitución de 1978, es decir, al orden constitucional– cuando espolea a los ciudadanos a desobedecerla de facto, cuando les parezca bien, a ignorarla unilateralmente (“apreteu”).

Menos todavía, de esa flagrante violación del orden legítimo que se produce cuando un Govern desobedece las decisiones del órgano independiente propio del Estado de derecho en períodos electorales (la Junta Electoral Central), jugando al engaño con lazos y pancartas. Si la autoridad de la que emana el Derecho y encargada de hacerlo cumplir convierte aleatoriamente (según su arbitrio) la obediencia a sus normas en una opción, deja de tener capacidad de exigir obediencia: no puede existir un derecho genérico a la desobediencia sin que la noción de Derecho desaparezca. A mi juicio, pierde así la razón para exigir a su vez obediencia a los propios mandatos, a sus leyes. Simplemente, ese mensaje no es que sea irresponsable, es que no es serio.

Cuestión absolutamente distinta es la del «derecho a la desobediencia civil». Pero, por las razones que expondré, tampoco me parece justificada esta invocación que se hace desde el secesionismo de la noble tradición de la desobediencia civil. Añadiré que considero absolutamente impropio equiparar a algunos de los protagonistas del procés (políticos, como Mas, Junqueras, Rus o Turull  y representantes de la sociedad civil como Cuixart) con reconocidos representantes de la tradición de la desobediencia civil y de la lucha contra la discriminación en derechos humanos y fundamentales, una lista que va de Rosa Parks, M.L.King o Malcom X, a Gandhi o Mandela.

No me lo parece, sobre todo cuando, como trataré de mostrar, es discutible que todos esos nobles precedentes practicasen la desobediencia civil y no, más bien, el “derecho de resistencia” que, en su versión iusnaturalista, cabe remitir al alegato de Antígona. Por no hablar de la, a mi juicio, indebida apropiación de ese concepto cuando se recurre a analogías que, en mi opinión, son de todo punto impropias. Así, afirmaciones como, por ejemplo, ”está en nuestro ADN”, (sic) para sostener la peregrina tesis de que «el pueblo catalán» es pacífico por naturaleza, muy en la línea romántico/naturalista y absolutamente acientífica de Möser y Herder (los pueblos como plantas de la historia), de donde la criminalidad, la violencia, serían cosa de los no catalanes.

El mismo pueblo que según esta tradición épico-romántica, tiene como símbolo sagrado un himno que exhorta al «pacífico» bon colp de falç y entre sus iconos, los guerreros unas veces victoriosos (almogávares, el tambor el Bruch) otros, derrotados (Rafael Casanovas, Josep Moragues). Peor aún, se sostiene como meritoria una argumentación que supone una notable confusión de los órdenes normativos que ha costado siglos separar: la distinción entre lo que es pecado y lo que es delito, para entendernos. Así sucede cuando el Sr Junqueras y algunos otros utilizan la referencia a sus convicciones religiosas y morales o su afiliación a movimientos parroquiales, o a ONGs religiosas, como prueba –jurídica– de su inocencia, sin que nadie parezca alarmarse por esta versión de nacionalcatolicismo que parece impregnar a una parte de los militantes de la causa del procés, con el sagrado tótem de Montserrat de fondo. Por cierto, un tótem que ampara abusos sexuales, según hemos sabido, sin que hayamos escuchado condena o exigencia de responsabilidades por parte de Puigdmont, Torra o Artadi.

No. Sostengo que el hecho de recurrir a estrategias de movilización ciudadana, vinculadas a la historia de desobediencia civil, no constituye necesariamente desobediencia civil, sino que en muchas ocasiones –a mi juicio, en ésta– es otra cosa: rebeldía (que no rebelión en el sentido penal), o incluso revolución; eso sí, no violentas.

No basta con la no-violencia para que podamos hablar de desobediencia civil

El quid de la cuestión, a mi juicio, es que para hablar de desobediencia civil no basta que las actuaciones que la invocan tengan el rasgo de no violentas. Hace falta algo más. Y por eso creo que en las manifestaciones ciudadanas, pacíficas, organizadas por diferentes agentes de la opción secesionista falta un elemento clave de la noción de desobediencia civil, tal y como la entienden desde el padre del concepto moderno, H.D.Thoreau, hasta gentes como H.A. Bedau, B.Russell, H.Arendt, J.Rawls o J.Habermas.

Para que los actos de desobediencia constituyan desobediencia civil es necesario, sobre todo, que invoquen un fundamento de legitimidad comúnmente aceptado, porque su objetivo no es impugnar el marco jurídicopolítico de convivencia, sino muy al contrario, impugnar una norma, una decisión, una actuación política, jurídica, administrativa que se entiende no es conforme con las reglas de juego que todos hemos aceptado. Se trata de apelar a la mayoría para convencerla de que el acto o decisión impugnado debe ser revisado para restablecer las reglas de juego comunes. Por eso, para conseguirlo, se puede acudir incluso a la violación de leyes que no se discuten ni impugnan, que es lo que llamamos desobediencia civil indirecta, la más frecuente, la que practican aquellos que, para llamar la atención sobre la ilegitimidad de una decisión, se sientan ante un juzgado, o se niegan a pagar un impuesto que, de suyo, no impugnan.

Ahora, cuando tanto se habla del conflicto entre democracia y legalidad, entre democracia y Estado de Derecho, es necesario recordar que, en Estados constitucionales como los nuestros, donde los principios de legitimidad están incorporados directamente en la norma que establece las reglas de juego con las que hemos decidido organizarnos (o indirectamente: por ejemplo, por el reenvío a normas o criterios interpretativos del Derecho internacional), la desobediencia civil ya no apela a leyes naturales o divinas, sino a esas normas básicas que nos hemos dado a nosotros mismos como reglas de juego. Y eso, mal que pese a algunos, se llama Constitución.

El mandato de desobedecer

¿Eso quiere decir que no es nunca legítimo impugnar la Constitución? No, porque no cabe excluir la posibilidad de casos en los que el bloqueo político y la violación de derechos sean tan graves que contaminen de invalidez a la propia Constitución. Eso conduce a la rebeldía revolucionaria, al derecho de resistencia que, a su vez, como lo hicieron Gandhi o el segundo Mandela, que no consideraban legítimo el orden legal británico en India ni el régimen del apartheid en Sudáfrica, puede elegir la vía de la no-violencia. Pero en esos casos no es correcto hablar de desobediencia civil, pues ni Gandhi ni Mandela aspiraban a mantener las reglas de juego impuestas por los británicos o los afrikaners, sino a cambiarlas por completo, a sustituir un régimen evidentemente ilegítimo, por colonial, por antidemocrático, por otro, fruto de la libre decisión de los ciudadanos tratados como súbditos de un imperio ajeno.

Es posible e incluso legítimo (aun diría más, en algunos casos, obligado) impugnar unilateralmente la propia regla de juego, la Constitución: pero si y solo si se prueba que, en efecto, era antidemocrática (impuesta unilateralmente, como en los supuestos coloniales) o bien que ha devenido en la práctica en un orden ilegítimo, que mantiene graves violaciones de derechos humanos. Pero, pese a los esfuerzos de la retórica secesionista, ni la Constitución española de 1978 fue un ejercicio de dominio colonial sobre Catalunya, ni asistimos hoy en Catalunya y en España a una violación tan grave y generalizada de los derechos humanos que haya subvertido el orden constitucional, aunque, desde luego, hayamos vivido un retroceso preocupante en no pocas garantías de derechos en los últimos años, retroceso que debe ser denunciado y corregido y sus responsables deben rendir cuentas. Pero todos los indicadores internacionales siguen situando a España como una democracia constitucional, con indicadores incluso superiores a los de otros Estados de la UE, si se acude por ejemplo al número de condenas por el TEDH de Estrasburgo.

Quienes no aceptan el marco constitucional e invocan unilateralmente otros criterios de legitimidad diferentes de aquellos por los cuales hemos aceptado autoobligarnos la mayoría de los ciudadanos, a mi entender no deben hablar de desobediencia civil. La unilateralidad rompe con la civilidad y, una de dos: o es un abuso, o se pone abiertamente fuera de juego. En ambos casos, aunque se acuda a acciones propias de la tradición de la desobediencia civil, no se ejerce desobediencia civil, sino otra cosa. Es mejor para todos que así se diga y se defienda. Para no confundir, es decir, para estar de acuerdo y entendernos sobre a qué estamos jugando y qué nos estamos jugando.
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14 Comentarios
  • Domingo Sanz Domingo Sanz 27/03/19 17:12

    Inaceptable el invento de condiciones por parte de Javier de Lucas para no calificar como "desobediencia civil" lo que es, conceptualmente, "desobediencia civil". "Desobediencia": "desobedecer" las leyes establecidas o las órdenes del que manda. "Civil": protagonizada por civiles, o ciudadanos. Ejemplo: los insumisos que a finales de los años 80 del siglo XX se negaron a cumplir el Servicio Militar Obligatorio, una ley perfectamente democrática. Los primeros insumisos pagaron su desobediencia civil con la cárcel. Su lucha pacífica, poco más de una década después, libró a millones de españoles de tocar las armas por obligación. Los independentistas también conseguirán su objetivo, porque hay muchos que se obstinan, como Javier de Lucas, en negar la simple realidad y sentarse a negociar a partir de su reconocimiento. Una pena. Mientras, España se debilita internacionalmente. México, senadores franceses, etc...

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  • Hammurabi Hammurabi 27/03/19 06:55

    Deprimente!!!!!!

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  • bidebi bidebi 25/03/19 16:27

    2.2
    El mitin y la entrevista a Pablo Iglesias el pasado sábado nos mostraba la realidad española y la realidad de un régimen podrido que viene durando cuarenta años, con la ayuda interesada de artículos como este. Y con la ayuda de “periodistas” siervos del régimen como este articulista. El enemigo de la democracia, para estos periodistas y para estos articulistas, son los que se permiten cuestionar el régimen y denunciarlo. No es la falsa democracia, son los que la denuncian. Se vio muy bien en la entrevista en la Sexta en la que los “periodistas” actuaban como fiscales al servicio de los poderosos y no como periodistas democráticos. Pues el articulista algo parecido.
    Con los intereses creados en cuarenta años de dictadura y cuarenta años de sucesión, con todas las instituciones del estado infectadas de ideología franquista propia o heredada, con el periodismo en manos del capital especulador, con los poderes fácticos heredados del fascismo, etc., ¿se puede tener confianza en que las mayorías sociales Podemos cambiar España desde un proceso constituyente democrático?. A mi me parece desde hace tiempo que la verdadera crisis del movimiento Podemos no es de organización interna si no que es de creencias en las posibilidades del cambio real.
    Quizás, me temo pero no quisiera, el problema es que se empieza a desinflar el globo de la esperanza. Catalunya podía, todavía puede, ser una esperanza para empezar a derribar el régimen podrido pero la izquierda española tiene demasiado miedo a lo constituido.
    Este artículo lo que intenta es afianzar los cimientos podridos del 78 y BLANQUEAR a los que sostenían entonces los sables debajo de la mesa. Una vergüenza.

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    • luzin luzin 25/03/19 19:51

      Lo más parecido al franquismo se vive en el País Vasco y Cataluña, donde los nacionalistas gobiernan con mano férrea con el objetivo de crear sus "estructuras nacionales".Control de la lengua, de la enseñanza, de la cultura, de los medios de comunicación, de la Universidad, ... y represión económica e incluso física sobre los discrepantes...

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  • bidebi bidebi 25/03/19 16:26

    SÍ. Sí le llamamos desobediencia civil legítima, de las instituciones y de una gran parte del pueblo catalán, porque es lo que es. Por mucho que a base de mucha retórica y citas para parecer culto nos quiera convencer el articulista. (¿Lo de los Lucas que caen fatal en su españolismo será casualidad o formarán una estirpe?).
    Como bien relata el compañero RFJ, el devenir de lo que se llama régimen del 78, su constitución y su corrupción sistémica hacen risible apelar a la constitución española como “aquello que nos hemos dotado”. Es un auténtico insulto a la inteligencia y un desprecio a los lectores críticos. Por eso solo el artículo es un libelo. Propio de aquellos que viven de lo que intentan proteger ante cualquier amenaza como les supone la valiente desobediencia civil de muchos catalanes. Protegiendo la constitución de los sables y en consecuencia protegiendo/DEFENDIENDO a los mismos sables. Esa es la cuestión y la motivación de estos artículos, proteger el estatus quo podrido denigrando a a aquellos que osen cuestionarlo. Proteger lo que evidentemente está en descomposición y ellos mismos lo saben.

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    • luzin luzin 25/03/19 19:48

      Lectores críticos? sobre todos los que defendéis a los nazi-onanistas ¿Es la ley de transitoriedad más avanzada que la C78? Al contrario, es regresiva y represiva. Sobre todo lo sería para aquellos que se opusieran a la "voluntad del pueblo" encarnada en sus grandes adalides, inútiles y vergonzantes, como Puigdemont y Torra (Ya vemos como se despachan con los que consideran traidores). De hecho los jueces los iba a controlar ese gran hombre ... Ah... y después de la secesión el derecho a decidir terminantemente prohibido ... en su lenguaje: se prohibe la desobediencia civil ....

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  • Juanjo Seoane Juanjo Seoane 25/03/19 15:00

    Te sentaría bien leer lo que dijo e hizo Gandhi

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  • La Navaja de Occam La Navaja de Occam 25/03/19 14:57

    Debería Ud. "tratar de demostrar", "mostrar"no requiere ningún esfuerzo lógico como Ud. mismo muestra.
    P.S. En qué óptica ha comprado Ud. sus gafas, percibe Ud. una realidad muy peculiar, llena de lagunas que componen un paisaje fantasioso.

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  • luzin luzin 25/03/19 13:39

    A la "desobediencia gubernamental" siempre se le llamo golpe de estado ... estos están inventando un nuevo lenguaje para sus tropelías ... y por supuesto, la clave radica en afirmar que España es una dictadura y que reprime y explota al "gran pueblo" catalán ... es su única justificación, lo del supremacismo y la xenofobía, aunque lo tienen muy interiorizado, no les vale, aunque en su torpeza infinita lo vienen proclamando a los cuatro vientos desde hace más de un siglo ... y la pena es que la pretendida izquierda desnortada les compre el discurso ...

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  • RFJ RFJ 25/03/19 11:01

    Le voy a hablar del marco juridico de esa España en la que usted vive (y que tanto parece gustarle). 
    España jamas ROMPIO con la dictadura franquista. España JAMAS juzgo ni condeno a los fascistas que dieron el golpe de estado de 1936, impusieron una dictadura NAZIonalcatolica de 40 años, practicaron un genocidio de mas de 200.000 seres humanos yvrearon 255 campos de concentracion. Los FRANQUISTAS SIGUIERON infultrados en la judicatura, el ejercito, la policia la guardia civil y la politica y en el sector financiero y empresarial. Hoy los hijos y nietos de esos FASCISTAS CRIMINALES SIGUEN PRESENTES en TODOS los poderes facticos del Estado. Hablar de la putrefacta constitucion del 78 como d la constitucion “que nos hemos dado” es UNA BURDA PATRAÑA. Esa constitucion fue elaborada con la supervision e imposiciones de los FASCISTAS de la dictadura, que IMPUSIERON a los CORRUPTOS y LADRONES Borbones como Jefe de Estado sucesor de Franco a titulo de Rey.  Hoy por hoy la voluntad de la familia del fascista golpista y genocida Franco SIGUE TENIENDO mas fuerza que la voluntad mayoritaria del Congreso de los Diputados de desenterrar algenocida Franco del Valle los Caidos. España JAMAS expropio ni DEVOLVIO a sus LEGITIMOS propietarios los patrimonios de empresarios no kes y banqueros FRUTO DEL SAQUEO posterior al golpe de estado de 1936 durante los cuarenta años de dictadura. Cuando medite sobre estos aspectos, quiza comprenda, que al PACIFICO movimiento independentista catalan le asisten sobrados motivos en el ejercicio de si DESOBEDIENCIA CIVIL ante este putrefacto Regimen borbonico del 78 de herencia franquista, regimen que ya estaba podrido en su origen, pues se basa en la iMPUNIDAD del fascismo golpista NAZIonalcatolico que le precedio y que lo dejo todo atado y bien atado en salvaguarda de los intereses de aquellos fascistas. Pues bien, gracias a la decidida y valiente reivindicacion independentista catalana, a la impugnacion  MASIVA de miles de estudiantes en docenas de universidades publicas de la monarquia Borbonica heredera de Franco, esas podridas  ataduras estan, por fin, empezando a reventar.

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    • phentium phentium 25/03/19 22:05

      Considerese usted ovacionado. Por mi parte, claro. Porque pululan algunos por aqui que le van a tachar de sacrilego, traidor, anticristo y cualquier calificativo peyorativo que se le pueda ocurrir.

      Saludos.

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  • BASTE BASTE 25/03/19 09:04

    Habría que examinar, con más detenimiento, el concepto "colonia" y desde frentes distintos que incluyan a colonizados y no solo a colonizadores.Desde ese punto se puede extender los razonamientos expudestos desde Ghandi,Mandela o Bolívar (siempre olvidado y no mencionado) a los modernos responsables de las independencias de este último siglo.Cuando se apliquen todos estos temas,el comentario dejará de ser de parte.

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  • AntonioMD AntonioMD 25/03/19 08:53

    Muy buena columna, en mi opinión, muy bien argumentada y muy necesaria para aclarar no pocas confusiones. Enhorabuena y gracias al autor.

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    • jorgeplaza jorgeplaza 25/03/19 12:50

      Me sumo al aplauso. Excelente artículo, muy bien argumentado. Felicidades al autor.

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