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Envidia de Atapuerca y otras cuevas luminosas

Publicada el 28/07/2021 a las 06:00

He cumplido uno de esos sueños alcanzables que, por culpa de esta velocidad sinsentido a la que nos hemos entregado los homo sapiens, había convertido –estúpidamente– en imposible. Por fin, visité las excavaciones de Atapuerca.

Los yacimientos de la sierra burgalesa, referente mundial, son ese fascinante lugar donde nuestra memoria remota está más viva que muchos de nosotros. Al timón, rumbo al conocimiento, tres capitanes: Arsuaga, Bermúdez de Castro y Carbonell, el A,B,C de un proyecto fascinante.

Los tres estudiosos, de reconocimiento internacional, codirigen el proyecto Atapuerca desde que en 1991 se jubilara el paleontólogo Emiliano Aguirre, aquel que apostó por estudiar a fondo la zona a partir del hallazgo de restos humanos en la Sima de los Huesos. Algún día, serán ellos quienes pasen el testigo a otros u otras, que continuarán marcando el camino desde la Trinchera de Ferrocarril. Ese trayecto por la investigación que va añadiendo eslabones valiosísimos a la cadena del saber, el que nos recuerda quiénes éramos para que entendamos, un poco mejor, quiénes somos…

En la Sima del Elefante, Cueva fantasma, Complejo Galería, Gran Dolina, Cueva Mayor y resto de yacimientos de la sierra, descansan los restos, los rastros, las huellas de quienes nos precedieron en el paso por el mundo. Y junto a ellos, en la búsqueda incesante de las piezas del puzle evolutivo, un equipo de especialistas en treinta disciplinas diferentes con algo poderoso en común: la pasión.

Porque es tan descarada como contagiosa la pasión que proyectan los profesionales y estudiosos a los que pude conocer, escuchar u observar. Desde Sara Alonso, la guía de la Fundación Atapuerca, que me acompañó en un paseo cautivador sobre el terreno, a Marcos Terradillos, profesor y científico divulgador de la universidad Isabel I, que me explicó, con meridiana claridad, algunos detalles de la Cueva Fantasma.

Desde Rodrigo de la Muñoza, educador MEH, que me presentó a Miguelón “en persona” –como parte de una explicación interesantísima en el Museo de la Evolución– hasta los tres sabios: Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell.

Y mientras yo caminaba por la Prehistoria, con los ojos como platos, a pie de yacimiento todo un equipazo de personas que pasan una parte importante de su verano excavando –gratis– bajo el sol, en el intento de rescatar para la humanidad los recuerdos de “los abuelos”, como llama Juan José Millás a nuestros antecesores de hace miles de años.

El motivo principal de mi visita era una invitación del periodista Antonio Mencía para charlar con el profesor Juan Luis Arsuaga sobre mi última novela. Qué mejor pareja de baile para conversar de Los sabores perdidos que aquel que se deja la vida en encontrar, en hallar, en recuperar nuestra memoria colectiva como especie y que además adora tanto como yo el placer de poner a prueba el gusto, ese sentido alojado en el hipocampo que ejerce sobre nosotros un enorme poder evocador.

Si la conversación con Arsuaga fue deliciosa –un lujo que me guardo para siempre en favoritos–, de aquel paseo por Burgos, tan intenso –dos días con apariencia de años– me traje algunos otros regalos de inmenso valor. Por ejemplo, conocer la catedral de Burgos, joya del gótico, que acaba de cumplir ocho siglos, a través de la mirada de otro apasionado, el guía oficial Santiago Paniego.

 

Y como postre de un recorrido cultural, científico y emocional inolvidable, pude probar los sabores de quien, atraído por el imán irresistible de Atapuerca, excava en los yacimientos de la cocina tradicional y evoluciona, con las tecnologías más avanzadas, en la construcción de su proyecto gastronómico presente y futuro. Otro apasionado, el cocinero Miguel Cobo.

Saben los lectores habituales que soy defensora apasionada de la pasión, motor del mundo. Y cuando ésta mueve a los seres humanos hacia el estudio, el trabajo, la creatividad, el conocimiento, la ciencia y la cultura, su influjo para dotar de sentido a la vida es formidable.

En días tan oscuros, tan confinados como andamos en asuntos que aportan poco a nuestra felicidad y con ese empeño de algunos en la involución humana, qué gustazo da encontrarse con homo sapiens apasionados que abren puertas para todos nosotros. ¡ Y qué envidia aquellos que viven la mayor parte de su día en cuevas mucho más luminosas que la superficie!

Nota de la autora: enlace a la charla completa con Juan Luis Arsuaga en el Museo de la Evolución Humana.
 

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9 Comentarios
  • J. U. J. U. 29/07/21 00:37

    Te quiero, como Burgalés me pongo rojo leyéndote, yo también muy fan de arsuaga y de tu vitalismo

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  • Smuack Smuack 28/07/21 10:42

    Qué maravilla, qué afortunada! Ni me imagino la emoción que se debe sentir al penetrar en "catedrales" de la memoria como Atapuerca o Altamira.

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    • Harry Treleaven Harry Treleaven 28/07/21 17:29

      Smuack:
      Si quiere realizar un viaje (a cielo abierto) de cuarenta siglos hacia atrás puede hacerlo con muchísimas facilidades en el parque arqueolóxico da arte rupestre Campo Lameiro, en Galicia. A pocos kilómetros de la ciudad de Pontevedra.
      Probablemente sentirá una pasión no muy distinta a la referida por Raquel.
      Salud para la gente decente.

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      • Smuack Smuack 29/07/21 09:33

        ¡Muchísimas gracias! Tomo buena nota de su sugerencia para un próximo viaje a Galicia, que me apetece muchísimo. No me lo perderé :)

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  • gualdo gualdo 27/07/21 22:55

    Qué suerte Raquel! Sales además muy favorecida con casco y mascarilla a juego! Soy muy aficionado a  la paleontología, me encantaría visitar Atapuerca y Altamira. Qué hay que hacer? Escribir una buena novela? Yo lo que hago es escribir artículos sobre el vapor de agua y el hidroxilo y otras moléculas en galaxias cercanas y muy lejanas, lo que admito que no resulta tan apasionante para el gran público, pero podría servir de excusilla para una visita a Atapuerca? Además quiero hablar con Arsuaga seriamente; una vez le pregunté al final de una conferencia de divulgación si no creía que el sapiens había exterminado a los nean, y no me respondió claramente… además me gustaría criticarle por ciertas respuestas que dio durante un programa de Ana Pastor en la Sexta. En fin, que si además de la evolución de los homos quieres saber acerca de la evolución de las galaxias y sus agujeros negros supermasivos y del universo como un todo, no tienes más que enviarme un guasap, que este Madrid está aburridísimo y no sé a quién darle la brasa… (protesto enérgicamente por los conciertos de jazz en los jardines del real, ni una puñetera entrada, todas agotadas desde el primer día, me perdí a Moises Sanchez!)  Hablando de novelas, acabo de terminar Principes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, de Irving… necesito otra!! Una buena novela para que mi alma, como decía Dostoyevski en Siberia -y yo me siento en la siberia madrileña, no muera! Cuál me aconsejáis?

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    • Mersé Mersé 29/07/21 10:03

      Yo té aconsejo Él asesinato de Pitágoras y la Hermandad, de Marcos Chicot. Yo voy a empezar con otra obra suya: Él asesinato de Sócrates y después él asesinato de Platón.
      Espero que esta etapa tan enriquecedora de la historia pueda ser de tu interés.
      Un saludo,
      Mercedes

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    • MIglesias MIglesias 28/07/21 08:00

      No son exactamente novela, pero si te gusta investigar galaxias desconocidas te recomiendo los que estoy leyendo ahora: una pequeña joya literaria del s. XIII "El beso de Dios Midrás de la Muerte de Moisés" en edición bilingüe hebreo-español y comentarios de Olga Ruiz Morell y Miguel Pérez Fernández, editorial evd, la rebelióm de Moisés ante el desígnio divino que le impide contemplar su obra después de toda una vida dedicada a complacerle y "La tinaja de cristal: Cinismo, Desnudez y Transparencia" de Ignacio Pajón Leyra, Apeiron Ediciones, sobre la figura de Diógenes y la idea de transparencia en la filosofía cínica.
      Cuando quieras puedes contarnos sobre galaxias, gases, agujeros negros y rayos C brillando en la oscuridad en la puerta de Tannhaüser, mucho más interesante que Ayuso y adláteres, donde va a parar...

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      • gualdo gualdo 28/07/21 23:32

        Gracias! Lo de Moisés me resulta demasiado lejano, estos días estoy más por historias de ficción con algunos de cuyos personajes pueda de uno u otro modo compartir algo, y reírme si es posible. Agradezco en cualquier caso las sugerencias, quien sabe si para más adelante. Raquel disculpa si mi comentario te pareció inoportuno, un saludo.

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        • MIglesias MIglesias 29/07/21 01:14

          Para ficción la historia de un tronco que vivió 120 años, se enfrentó a un imperio armado con un cayado, separó las aguas del mar, hablaba con zarzas ardientes (¡ojo! que la zarza le contestaba) y condujo a un pueblo durante cuarenta años por el desierto sin más intendencia que la comida que caía del cielo. Además hay crítica al autoritarismo, revolucion, traición... ni A.C. Clarke imaginaría una historia tan completa.

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