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Plaza Pública

Las lenguas en el sistema constitucional

Juan-Ramón Capella
Publicada el 14/03/2018 a las 06:00 Actualizada el 13/03/2018 a las 19:40
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Vivimos en una lengua, y a veces en dos. La lengua es nuestra patria; ¿tenemos dos patrias si conversamos con nosotros mismos en dos lenguas? No podemos interiorizar órdenes sobre nuestra lengua o nuestras lenguas. ¿Es de veras necesario un derecho sobre las lenguas?

Salir de la oscura noche de la negación de los derechos hizo necesario hablar de la lengua en la Constitución. Pese a una entrada catastrófica —la sintaxis del artículo 3 de la Constitución, sintaxis cuyo único interés es haber dado lugar a una excelente reflexión de Rafael Sánchez Ferlosio—, el texto constitucional no dispuso mal. Se limitó a establecer la oficialidad del lenguaje y a imponer el deber de conocer el lenguaje oficializado.

Y así:

La lengua oficial del Estado es el castellano. Todos deben conocerlo, pero a nadie se le obliga a hablarlo ni a no hablarlo.

Se da por supuesto que las comunidades autónomas vasca, gallega y catalana tendrán lenguas cooficiales.

De modo que el derecho constitucional sobre las lenguas empieza y termina aparentemente en las lenguas elegidas por las instituciones públicas para comunicarse en sus propios ámbitos. Salvo por el deber de conocer el castellano (y el derecho de usarlo y de no usarlo) los ciudadanos parecen quedar al margen —a salvo— de esa legislación.

Nunca como respecto del lenguaje fue más cierta la afirmación de que el mejor Gobierno es el que gobierna menos. Para los gobernados, la lengua es como la religión o la irreligión: no se impone desde fuera, sino que se toma  de lo que la sociedad ofrece. Y ya puede decir misa el Gobierno.

Sin embargo, previsoramente, el Estatuto Catalán de 1931 sí había entrado a legislar —para reconocer derechos, no para imponer deberes— sobre los derechos lingüísticos de los ciudadanos. Su art. 2 decía: «Dentro del territorio catalán, los ciudadanos, cualquiera que sea su lengua materna, tendrán derecho a elegir el idioma oficial que prefieran en sus relaciones con los Tribunales, autoridades y funcionarios de todas clases, tanto de la Generalidad como de la República.» Y ese amable que prefieran —en cada caso— se estipula incluso antes de definir las lenguas oficiales: «El idioma catalán es, como el castellano, lengua oficial de Cataluña». A partir de aquí aquel Estatut establecía las modalidades de un bilingüismo bien temperado, sobre todo en el ámbito documental y judicial.

Se ha mencionado el precedente republicano porque al constitucionalismo lingüístico español actual le ha pillado el toro; o, más bien, le han pillado los correbous.

Pues, efectivamente, la represión franquista del catalán, el vasco y el gallego iba a ser objeto de reparación por las nuevas comunidades autónomas. En unas, lentamente, dada la ignorancia de la lengua cooficial entre la mayoría de la población, como en el País Vasco; en otras, aceleradamente, a paso de carga, con políticas lingüísticas activas: el caso de Cataluña. El nacionalismo gobernante de sus instituciones pretendió desde el principio lo que llamó la normalización del catalán.

Normalizar significaba convertir aquella lengua entonces socialmente minoritaria en vehículo de expresión lingüística habitual en Cataluña. La Generalitat instituyó medios de comunicación públicos pagados por todos pero que se expresaban exclusivamente en catalán; subvencionó a medios privados en esta lengua; estipuló niveles elevados de conocimiento del catalán previos a cualquier concurso a empleo público; creo centros de normalización lingüística en todas sus dependencias relevantes; e impuso, como si cualquier otra solución fuera simple franquismo, el franquismo al revés de la inmersión lingüística en la primera enseñanza.

[En consecuencia, nunca el catalán ha sido hablado por tantas personas; nunca sus reglas gramaticales han sido tan maduradas. Nunca como ahora ha producido una cultura literaria de tanto valor. Nunca ha habido una población tan instruida en esa lengua.]

Al margen de las instituciones catalanas subsistió durante algún tiempo la buena educacion en materia lingüística: todo el mundo procuraba adaptarse a usar la lengua de quien más dificultades de expresión tenía. Eso acabó viniéndose abajo con las polvos del nacionalismo y los lodos del independentismo. Que necesitaban algún concepto nuevo para legitimarse. Las sentencias del Tribunal Constitucional acabaron suministrando uno: el concepto de lengua propia.

Con la noción de lengua propia se define a la lengua oficial no castellana como propia de un territorio o de una entidad histórica. Y por ello se la convierte en preferente. La cooficialidad de las lenguas no se anula: simplemente queda en segundo plano. Claro que a costa de una monstruosidad conceptual.

Y es que si las personas tienen una lengua, y la hablan, y si las instituciones pueden establecer jurídicamente una lengua de comunicación, y emplearla, lo cierto es que ni los territorios ni las entidades históricas hablan.

El Tribunal Constitucional, viéndoselas día sí y día también con las exigencias lingüístico-nacionalistas de la Generalitat de Catalunya, acabó dando el gran salto al abismo: salir del plano de la lengua oficial al ideológico plano histórico-lingüístico. Decir que la lengua propia de Cataluña es el catalán es equivalente a decir que la religión propia de Cataluña es la católica. Ambas cosas parecen verdad. Pero no lo son. Porque no es Cataluña la que tiene o no tiene religión o lengua: son los catalanes. Algunos catalanes profesan el catolicismo; otros, no. Algunos catalanes consideran que su lengua propia o materna es el catalán: otros, quizá la mayoría, no. La mayoría tiene una cualquiera de las lenguas o las dos. Pero la Cataluña, como cuestión de hecho, no habla. No puede tener lengua, propia o impropia. Sin embargo ese pseudoconcepto se convirtió jurídicamente en operativo. En operativo para constituir el espacio ideológico-cultural de la independencia de Cataluña.

Hay que salir de este mal paso con naturalidad. Las lenguas son de las personas. Que no las usen contra ellas. Desgraciadamente lo hizo el franquismo y ahora juega con ellas el nacionalismo independentista.
________________

Juan-Ramón Capella, catedrático emérito de Filosofía del Derecho, publicó como editor, en 2003, 'Las sombras del sistema constitucional español'.
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8 Comentarios
  • Mascarat Mascarat 14/03/18 17:48

    El catedrático olvida que tanto en las Islas Baleares como en el País Valenciano se hablan variantes del catalán con estatus de cooficialidad. En ambos territorios el nacionalismo español (PP, C's y algun Psoe) se ha empeñado, se empeña y se empeñará en hacer desaparecer cualquier cosa que no sea su sacrosanto castellano. 

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  • Grobledam Grobledam 14/03/18 12:19

    Brillante y elocuente en su saber el profesor Capellán.
    Gracias, a todos nos enriquece y aclara conceptos este artículo que merecería mayor extensión y referencias bibliográficas del autor.
    Por mi parte me pongo a ello.

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    • Grobledam Grobledam 14/03/18 12:33

      Perdón, es Capella; no Capellán. Cosas del corrector y del defecto de no releer lo escrito.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 14/03/18 09:49

    Muy bien, muy brillante el diagnóstico. El pronóstico es, sin duda, muy grave. Y lo peor es que falta el tratamiento. Esperaba una propuesta más concreta de un catedrático de derecho. De hecho, esperaba alguna propuesta. Porque, por lo que parece, con la ley en la mano es imposible ni siquiera con el 155 garantizar el cumplimiento de las sentencias judiciales contra la política lingüística de la Generalidad y hasta preguntar a los padres en un formulario en qué idioma quieren que adoctrinen (perdón, que instruyan) a sus hijos. Si, estando en vigor el 155, parece que no se puede hacer ni eso, lo de "hay que salir de este mal paso con naturalidad" con el que acaba el artículo parece más bien una ironía rayana en el sarcasmo. ¿Cómo, señor Capella, cómo se sale de este mal paso, sea con naturalidad o forzadamente?

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  • phentium phentium 14/03/18 08:12

    El problema linguistico no es mas que una consecuencia mas del nazionalismo.

    Fueron una serie de pseudo periodistas y pseudo-historiadores, algunos de ellos bastante resentidos con Catalunya, los que con la excusa de que el castellano estaba "amenazado" en Catalunya (absolutamente falso) iniciaron esta guerra de lenguas alla por 1997. Solo hay que repasar hemerotecas de ciertos medios muy afines a la extrema derecha y a la iglesia.

    Hasta ese momento, en Catalunya convivian armonicamente ambas lenguas y los que somos bilingues, aun hoy tenemos una prueba de la riqueza que supone el dominio y la inmersion en ambas: uno ve una pelicula en TV y al cabo de pocas horas es incapaz de recordar con seguridad si estaba doblada en Castellano o en catalan. Esa es la prueba del 9 de que ninguna de las dos corre ningun tipo de peligro.

    Aqui quien corre peligro es el sentido comun de los ciudadanos que prestan atencion a la turba de periodistas -por no llamarles panfleteros- que tanto en un sentido como en otro utilizan las lenguas para azuzar a unos contra otros, bien sea por propia conviccion o por encargo.

    Hasta que España no asuma que las lenguas cooficiales son tan españolas como el castellano esto no se arreglará. España deberia haber aprendido que es tarea imposible imponer Castilla al resto del pais. Esta actitud junto con el fervor religioso es loq ue le ha hecho descomponerse desde el primer momento de su creacion cuyo mayor descredito es el afan de independizarse de todo aquel que tiene la minima posibilidad de hacerlo.

    La secesion de Catalunya no es nada mas que la continuacion del proceso de disgregacion por el que España perdio Flandes, Napoles, Cerdeña, Filipinas, Cuba, toda america latina, Portugal y ya mas recientemente Sahara y Guinea. Si España no cambia sus planteamientos Catalunya sera la siguiente......mas tarde o mas temprano.

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    • Grobledam Grobledam 14/03/18 12:30

      Efectivamente. Cataluña será la siguiente en separarse....de Europa.
      O si lo prefiere, de la Unión Europea.
      Mira que se lo han explicado y en diversos idiomas.
      Están ustedes y sus propuestas secesionistas fuera de tiempo y lugar. Fuera de la historia. Claro que si se la inventan.

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    • ArktosUrsus ArktosUrsus 14/03/18 09:05

      Estoy un poco cansado de la visión idílica que los nacionalistas catalanes plantean de sí mismos. Como en cualquier nacionalismo (incluido el español) hay cafres. Y como cualquier nacionalismo es excluyente: se define la conciencia nacional por exclusión. Sólo son de mi nación los que han nacido en ella o quienes, tras arduas pruebas, acreditan que quieren serlo. La visión miope es lo que realmente le está haciendo daño a Cataluña. No voy a hablar de varios sucesos lingüísticamente desagradables que en mis muchos años de vacaciones y trabajos en Barcelona he sufrido (antes, mucho antes de 1.997). En general me encontré con el mismo tipo de personas que en el resto de España y casi del mundo (hay algún país donde las cosas son algo distintas) gente normal, algún imbécil y muchos confundidos. Quizá sería bueno preguntarse por qué quien defiende el derecho a la autodeterminación (de Catalunya) se negaron en 2014 a reconocérselo (con los votos de CiU y su entonces amiguito del alma PP) a kurdos, palestinos y saharauis. Cada vez que abren la boca, y créame que lo siento, suena a trapicheo, a mercachifles fenicios tratando de conseguir algo económicamente más favorables. No sé lo que les ha robado Espanya pero sé bastante de lo que les han robado Millet, Montull y los Pujol. Nazionalismo es cualquier nazionalismo, da igual quién lo enarbole y qué bandera ice. La xenofobia es consecuencia directa del nacionalismo. Si no hubiera naciones no habría extranjeros. Y sin extranjeros (qué palabra tan fea, recomiendo la canción "no me llames extranjero") no habría xenofobia. La cortedad de vista sólo alcanza a la frontera. Y así nos va a uno y otro lado de la raya. Ficticia por cierto.

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  • Gabrielon Gabrielon 14/03/18 02:53

    Muy sensato me parece este artículo, aunque no entiendo lo de poner las consecuencias de la política lingüística catalana entre paréntesis. Y quiero añadir un matiz: las lenguas, independientemente de quienes las hablan, son acervo cultural: son riqueza para todos, porque atesoran una forma de ver la vida, de enfrentarse a la realidad. Como una obra de arte, como unos restos arqueológicos, pero a lo bestia. Salvar lenguas como el catalán de la decadencia era una obligación moral.
    Otra cosa es que, efectivamente, la lengua las hablan las personas: el catalán no es más de Cataluña que el castellano, como el arroz con leche no es más valenciano que asturiano porque un ingrediente venga de aquí o de allí.

    Mi duda final es: ¿hay suficiente gente en Cataluña que comprenda y respete ambas vertientes del asunto: el valor inestimable de la lengua catalana, el imperativo moral de defenderla, y el hecho de que el castellano sea tan "de allí" como lo son sus hablantes (los que son de allí)?

    Yo no soy catalán ni vivo en Cataluña. Sé que hay gente para la que esta dicotomía aparente no existe en la práctica. Sé que otros no lo ven así. Pero no sé cómo se distribuyen estos grupos, ni si son lo suficientemente permeables entre sí. Lo que sí sé, como castellano, es que en mi tierra no se valora debidamente la lengua catalana, ...o la vasca, o la gallega. Nos creemos que el valor de una lengua está solo en el número de hablantes. Y es una pena, porque eso nos empobrece, y no hay legislación que lo pueda cambiar.

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