Miedo y asco en Davos

Semana grande en las cancillerías de medio mundo: los mandamases de lo público y lo privado se reúnen en Suiza, terruño de ensueño para capitales y fugados. El sarao lo organiza una ONG setentera; como la del padre Ángel, pero con posibles. Tiene su guasa: merienda-cena de plutócratas, pero "sin ánimo de lucro".

A la festichola ha acudido lo mejor de cada casa. Por ejemplo, Elon Musk, que ha asegurado que la IA está a punto de convertirse en el niño más listo de la humanidad. No es que desconfíe de los vaticinios de un fulano cuya fortuna depende de que nos traguemos sus predicciones, pero viendo para lo que sirve la dichosa inteligencia (deepfakes, canciones tontas y felicitaciones de navidad que ríete tú de las pesadillas de Cronenberg) lo mismo podríamos dedicar los esfuerzos de la humanidad a otra cosa.

También el mismísimo Donald Trump, quien parece haber perdido el interés por invadir Groenlandia gracias a los lametones (quiero decir ¡esfuerzos diplomáticos!) del tal Mark Rutte, abnegado palanganero del prócer gringo y secretario general de la OTAN en sus ratos libres. Que los países europeos hayan movilizado tropas hacia el terruño danés parece que nada tiene que ver, fíjate por dónde. ¿Los nuevos aranceles? Desvanecidos. La célebre "teoría del loco", fino invento geopolítico consistente en el digo Diego perpetuo.

Qué ganas de que los gringos tengan su propia guerra y nos dejen en paz

Pero no hay machada que aguante para siempre ni cuerpo que la resista (a la reina de Inglaterra le salió el mismito moratón en la mano que a Donald y no llegó al té de las cinco, ahí lo dejo): los canadienses (¡los canadienses!) han dicho basta. "Estamos en medio de una ruptura, no de una transición", ha dicho el primer ministro Carney. Según parece, los desmanes estadounidenses son tolerables siempre y cuando sucedan por debajo del paralelo treinta y ocho.

Para tranquilizar a las potencias otrora aliadas, el presidente pacificador ha presentado su plan de reconstrucción de Gaza. Resorts cimentados sobre cadáveres, qué buen gancho para los turistas. El power point lo ha apañado Jared, el yerno del Agente Naranja, porque a lo de ser cutres no les gana nadie. Renders al estilo Dubái, adosados en "nuevo Rafah" y la Franja d’Or, ciudad de vacaciones. "Estamos comprometidos a asegurar que Gaza esté desmilitarizada, adecuadamente gobernada y bellamente reconstruida", declaran desde la Casa Blanca. "Bellamente". Como si el genocidio no fuese bastante, ahora vienen la pintura dorada y las molduras neoclásicas.

Me pregunto qué clase de turista querría un adosadito en la manga del mar Muerto con vistas a la mayor carnicería de nuestro siglo, pero luego me acuerdo de la gente que veranea en Florida y se me pasa. Podríamos enviarles un pdf con el planillo de Eurovegas, por si les sirve. O regalarles Torrevieja, para que la trasladen piedra a piedra.

Al unísono, en la otra ribera del Atlántico, la policía migratoria creada por un descendiente de bávaros y escoceses ha detenido a un niño de cinco años y lo ha utilizado como carnaza para detener a sus padres. Mientras termino estas líneas, leo en el periódico que manifestantes han tomado el aeropuerto de Minneapolis. Qué ganas de que los gringos tengan su propia guerra y nos dejen en paz.

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