Democracia pixelada

Cuatro conclusiones falsas sobre el 26M

Estoy viendo tantos titulares de ficción acuñando relatos interesados o aleatorios, que me parece importante rescatar algunos para repensarlos. Si usted sabe leer resultados electorales, quizá todo esto le parezcan obviedades. En ese caso, quizá este artículo no sea para usted.

1. Carmena ha perdido

Tantas veces lo hemos leído o escuchado, tanto se ha repetido, que al final casi parece verdad. Los más críticos de la gestión de Carmena están reiterando la idea de que ha perdido por su mala gestión, pero no es así. Carmena perdió las elecciones de 2015, cuando logró sumar apoyos para ser alcaldesa, aunque las ganó Esperanza Aguirre. Ahora, en 2019, las ha ganado por primera vez. Sin embargo, tanto Más Madrid como el PSOE pierden un concejal cada uno, que han resultado decisivos. Esto se debe a que la derecha, que entonces andaba desmovilizada, ha vuelto a sus niveles de movilización habituales, recuperando unos 70.000 votos que en 2015 no acudieron a la urna. Dicha recuperación se da en parte gracias a tener tres papeletas de derecha distintas, y a que el único partido que creció en votos en Madrid entre las generales de abril y las autonómicas de mayo ha sido el PP de Ayuso (86.000 nuevos votos).

Aun así, si Villacís no se arrimara de nuevo a Vox y siguiera el criterio de algunos líderes de su partido como Valls y Garicano, o si el PP cumpliera sus promesas para que gobierne la lista más votada, Carmena sería alcaldesa. Pero no, Carmena no ha perdido las elecciones en Madrid. Madrid ha perdido a Carmena, lo cual es una desgracia cuyas causas habrá que analizar con más detenimiento.

2. Que haya una nueva fuerza de izquierdas en Madrid es lo que ha matado a Podemos

Esto también se está repitiendo mucho, de hecho es la lectura que compartían Iglesias y Monedero en su aparición para valorar resultados. La mejor manera de desmentir tal falacia es ver cómo estaba Podemos antes y después de que apareciera Más Madrid, y ver también qué ha ocurrido en el resto de comunidades autónomas.

Hay tantos análisis que lo desmienten con datos, que no merece la pena entrar aquí en numerología, lo diré con rótulos: Unidas Podemos se había desmoronado ya en las generales hace un mes, y ha terminado de desplomarse ahora en todos los territorios y también en Europa. No resulta creíble que castellanos, extremeños, murcianos, canarios, ni todos los votantes al norte del Ebro elijan su papeleta en función de un partido llamado Más Madrid, que no se presenta en su ciudad ni en Europa, al cual la mayoría no conocen y al que no podían votar. Que el ruido generado por las divisiones sea uno de los factores desmotivantes nadie lo puede negar, pero achacar a ese único elemento regional toda una debacle nacional como es perder el 61% de tus representantes autonómicos (45% de los europeos, donde Más Madrid ni siquiera concurría), sin sugerir ningún otro factor (¿plebiscito por Galapagar? ni mencionarlo) demuestra el cinismo de tal “análisis”. Es echar balones fuera buscando un chivo expiatorio. Y creo que a ese relato le sale el tiro por la culata, porque con tal argumento se está proyectando la pujanza y el potencial estatal de esa izquierda que ha nacido en Madrid, que no ha hecho otra cosa que recuperar la fórmula original del primer Podemos. No, Más Madrid no ha matado a Unidas Podemos, más bien han coincidido el parto con la extremaunción. La única comunidad donde la izquierda del PSOE salva el batacazo es Madrid.

3. La hipótesis de Errejón ha fracasado

También se ha escrito, aunque no haya como justificarlo. En España, el espacio a la izquierda del PSOE se ha contraído de media un 50,2% en votos (en escaños más, todavía) mientras que en Madrid se contrae cinco veces menos (10%) y logra de nuevo 27 escaños. Si atendemos al bloque progresista incluyendo al PSOE, prácticamente mantiene resultados en la Comunidad, dado que pierde sólo 669 votos respecto a 2015, con el 0,11% del escrutinio pendiente a día de hoy. Por tanto, no es eso lo que ha fallado. La izquierda madrileña ha aguantado mejor. El problema ha sido que el bloque de derechas recupera 150.000 votos en estas elecciones, no a pesar de sino gracias a su fragmentación.

Sin embargo, la única comparación relevante no es con 2015, que es la que hacen todos los análisis, también es importante comparar con el voto en las generales de abril. En este tiempo político acelerado, 2015 es ya prehistoria del actual paisaje electoral. Ni Galapagar, ni Vistalegre, ni Waterloo, ni El Ejido, eran aún enclaves destacados en la topografía política española poraquél entonces. El PSOE aún no había tenido gestora y Sánchez era un recién doctorado que se encontraba por sorpresa en la Secretaría General. Ha llovido demasiado y han rotado muchos personajes por el escenario en estos cuatro años.

Entre abril y mayo, el espacio a la izquierda del PSOE no sólo no se derrumba en Madrid como ha ocurrido en el resto de España, sino que ha crecido de un 16,2% a un 20,2%, cosechando 40.782 nuevos votos en esta comunidad. El bloque progresista crece también un 4%, y gracias a eso puede que veamos un gobierno con Gabilondo en vez de con Monasterio. Se podía contener el derrumbe con nuevos estilos y marcas, y era posible ensanchar con tres papeletas. Hipótesis confirmada. Madrid, qué bien resistes.

No, no ha fracasado la idea de que hay de nuevo un hueco creciente entre un PSOE que decepciona cada fin de mes y un Podemos en caída libre. Al revés, se ha verificado, mejor aún que en 2014. Pretender que Más Madrid ha restado voto a la izquierda es poner el carro delante de los bueyes: la cosa va al revés. Dado que la nueva dirección de Podemos decidió en Vistalegre-2 hablar como IU, moverse como IU y asimilarse a IU, ha terminado ocupando el lugar electoral de IU y obteniendo resultados similares a los de IU. No debería sorprender a nadie. Fue por esa deriva voluntaria que muchos fueron dimitiendo, desistiendo o siendo purgados. Y otros muchos aguantan sin demasiada ilusión. No hablo sólo de fundadores y dirigentes, hablo de inscritos en los círculos y sobre todo de votantes, que son los que al final deciden. Podemos seguir culpando a una persona, pero son millones las que han decidido castigar ese cambio de identidad. Insultar su inteligencia no hará que vuelvan.

4. Madrid cambia de signo debido al voto obrero

Otro cliché varias veces repetido es que Madrid habría cambiado de signo por el abandono de Carmena al cinturón sur como principal factor, porque el Ayuntamiento habría gobernado mirando sólo al centro. Como toda visión estereotípica, reduccionista, encierra un cierto núcleo de verdad y por eso desde el Ayuntamiento se ha hecho autocrítica en ese sentido. Pero, en primer lugar, una buena autocrítica debe también reconocer lo que sí se ha hecho por los barrios vulnerables del sur, que no es poco y jamás se hizo desde anteriores consistorios. Pudiera ser que no se haya comunicado bien. En segundo lugar, toca esperar a ver la relación entre renta y voto en estudios postelectorales, para evitar conclusiones reduccionistas apresuradas. También ha crecido la abstención en elecciones autonómicas y europeas, y tampoco la Comunidad de Madrid, gobernada por el PP, ha atendido mejor sus competencias en esos barrios. Sin embargo al PP le afectó menos la abstención. Sobre los factores que movilizan el voto obrero, no me parece acertado comprar automáticamente la visión de un discurso obrerista que sin embargo nunca consigue ese voto. Requiere mayor discusión.

Que el Ayuntamiento podría y debería haber hecho más por ampliar su base en el sur es un hecho innegable que comparto, y debemos analizarlo, aunque ha vuelto a ser la fuerza más votada en esos distritos. Ha habido mayor abstención en los barrios deprimidos, igual que ocurrió en Andalucía (un fenómeno muy frecuente) y eso sin duda es muy grave, no cabe echar balones fuera. Sin embargo, la interpretación de la “fuga de voto obrero”, no cunde por sus evidencias numéricas, que no son tales, sino más bien porque coincide con la crítica que hace de Más Madrid ese sector al que llaman la whiskizquierda, esa nueva nomenklatura que fetichiza la clase obrera en su prosa tanto como se distancia de ella en su práctica, y que ve la campaña de Más Madrid como un discurso para familias acomodadas supuestamente ajeno a las subjetividades obreras. Y esto es, en mi opinión, radicalmente erróneo. Sería peligroso comprar esa conclusión sin más.

La whiskizquierda nunca falla… ni aciertawhiskizquierda

Si esa hipótesis fuera cierta y determinante, no se entiende por qué en esos mismos barrios obreros antes ganaba el PP, o por qué IU tiene una estructura de voto de élites y no obrero, ni por qué Madrid en Pie tampoco logró resultados mejores en ese sur que algunos tratan cual reserva indígena del obrerismo, con mirada casi antropológica. Habrá quien pasa tan poco por barrios obreros que cree que en Vallecas se escucha sólo a Silvio y a Reincidentes, que allí no se ven las teleseries de Los Javis, los programas de Jorge Javier Vázquez, ni las películas de Almodóvar, algunas de las celebridades que han movilizado Errejón y Carmena, todas ellas récords de audiencia entre la clase obrera española. Una orientación de campaña muy criticada por esa izquierda.

El fetichismo operario pensará que en Carabanchel suena El Nega más que Operación Triunfo, o que, en tanto que reserva india auténtica, se ve Fort Apache más que Amar en tiempos revueltos o Cuéntame, que el problema es el exceso de glamour de los Javis y compañía. Esa whiskizquierda que comparte asados en la sierra y siente su tribuna tambalearse ante el nacimiento de una izquierda de nuevo cuño, cree que la imagen blandita de los Javis y Almodóvar, los besos, las sonrisas y las magdalenas han sido clave y han caído mal en Villaverde o en la Orcasitas obrera, que allí son más serios. El chaletaco no, eso ha debido caer genial, por eso no aparece en sus análisis.

Para ellos, Errejón es el principio y fin de las explicaciones, imán de todas las excusas, una especie de Yoko Ono que subsume todas las culpas. Y lo hará ad infinitum. Para qué revisar tu propia obsolescencia teniendo un tipo con gafas al que arrojar los piolets de ahora en adelante. Volvemos a la conspiración como cierre explicativo permanente, impenetrable.

Qué más da si Errejón triplica sus resultados aunque la Junta Electoral prohíba su cara en televisión y farolas, o que levante una campaña sin subvenciones. Será que las cloacas le apoyan, punto, suficiente análisis. No hagáis números, que eso es de yuppies encorbatados. Qué más da si en los círculos no queda nadie, si nuestra marca y nuestro líder se hunden en los sondeos, todos manipulados, qué más da cargar contra Carmena en la jornada de reflexión, o tener el voto más masculinizado de la historia de la democracia. Qué más da perder la comunidad en 2015 y la ciudad en 2019 con terribles consecuencias para millones de madrileños, mientras se apoyan candidaturas extraparlamentarias. Para la whiskizquierda, el problema es esa tontería de la transversalidad, es que ya no quedan hombres que hablen claro, el problema son las identidades eco-feministas y arcoíris que brotan por doquier para tapar la identidad de clase, la única identidad verdadera. Para qué revisarnos y cambiar la estrategia, mientras haya parroquia, hielo, bourbon y un púlpito. Y la marca personal siga tirando.

Ni liberales, ni de centro

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