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Desde la tramoya

Entrismo y fuga

“Desde dentro de sus filas, entre los luchadores de la clase obrera, surgirán las fuerzas del marxismo revolucionario. Fuera de las organizaciones de masas no se creará nada que pueda resistir la fuerza del tiempo”.Ted Grant

UPyD ha sido liquidada por un abandono masivo de dirigentes, que encuentran más expectativas en Ciudadanos. Izquierda Unida agoniza después de que algunos de sus militantes y hermanos en la fe fundaran Podemos, con apariencia mucho más joven y prometedora. El mismo Podemos trata de contener la protesta tras un resultado electoral en Andalucía peor del que algunos esperaban.

El PSOE resiste ante las amenazas más o menos explícitas de disgusto o ruptura por parte de líderes destacados, con ganas de disputarle el liderazgo al secretario general. Lo mismo pasa en el PP, en el que se ha abierto una brecha, que nunca cicatrizó del todo, entre los halcones aznaristas defensores de una estrategia más contundente, orgullosa y agresiva; y las palomas de Rajoy, que creen que es mejor aguantar, y esperar a que la recuperación económica relaje al personal y dé sus frutos. Y en CiU está latente la posible separación entre la C y la U, menos visible cuando los datos de encuesta son favorables a la coalición, y más patente cuando son malos.

Los trotskistas entendieron bien la importancia de la unidad y la disciplina interna, y se bautizó como “entrismo” la táctica que adoptaron para penetrar en los partidos de la izquierda socialdemócrata y reformista para lograr en ellos una masa crítica de militantes que obligara a medio plazo a la adopción de los principios revolucionarios. Es la misma idea que vemos en cualquier otra sociedad viva. Un león no practica el entrismo con una cebra: se la come. Entrismo es la táctica del virus que entra en el cuerpo de una vaca para multiplicarse dentro e imponerse sobre ella, a menos que un veterinario administre un antibiótico y lo impida a tiempo.

Podemos de hecho entender los partidos políticos como seres vivos, pues eso es lo que son. Seres vivos muy particulares, por lo demás. Por supuesto, también se puede asumir que un partido político es una organización bienintencionada, que articula intereses sociales legítimos y expresa ideologías más o menos inspiradoras. Yo no dudo de que en la inmensa mayoría de los militantes en cualquier organización política hay altruismo, poesía y buena voluntad. Pero sería estúpido negar la existencia en ellos y de manera simultánea de pulsiones mucho más prosaicas, como la lucha por el poder, la supervivencia personal y la mera competición.

Cualquiera que haya trabajado en un partido o para un partido, nota desde el primer momento la fuerza de esas presiones: la percepción de sus miembros sobre quién manda o quién quiere mandar, qué apoyos internos tiene, cuándo conviene asentir o es menos arriesgado discrepar, y en qué momento el deterioro de la organización es tal que conviene fugarse y buscar lugares con mejor futuro.

Pocas veces las fugas son consecuencia solo o fundamentalmente de diferencias ideológicas. Más a menudo obedecen a ambiciones personales. Casi nunca se produce el disenso y la huida en masa cuando las cosas van bien para el partido. Un cuerpo débil es mucho más proclive a las enfermedades víricas y contagiosas que uno fuerte. Un cuerpo débil, por el contrario, pierde energía a chorros a poco que bajan las defensas. Igualito que en los partidos.

A todos estos efectos, no nos engañemos, son todas las organizaciones políticas iguales. Claro que las hay más o menos disciplinadas, más o menos participativas, más o menos transparentes, más o menos limpias… Pero las fuerzas instintivas de la lucha por la supervivencia, la competición y el deseo de dominio, están siempre presentes en ellas, porque precisamente para eso existen los partidos: para canalizarlas.

A veces con procedimientos pacíficos, en forma de debates de guante blanco, resoluciones de congresos o manifiestos programáticos. Pero otras muchas veces, cuando los cuerpos están más débiles y son menos abundantes los recursos a repartir (como los votos o las fuentes de financiación), entonces se desatan las fuerzas más agresivas, y aparecen las camarillas, las corrientes críticas, los ataques al adversario más o menos chulescos, el entrismo y la fuga.

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