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MUY FAN DE...

Gallardón

Alberto Ruiz Gallardón, ha llegado el momento de decirte que soy muy fan. Esto viene de lejos, de aquellos tiempos en los que parecías el verso suelto progresista del Partido Popular. ¿Recuerdas? Éramos tan jóvenes y tan inocentes…

Ahora eres ministro de Justicia, nada menos, y sigues estando en el candelabro, día sí y día también. Nunca puedes pasar inadvertido. Alberto, tú llevas el estrellato en el ADN, si hasta has hecho un cameo en el cine con Garci, muy fan.

Te persigue la leyenda de sentirte el sucesor natural de Rajoy y antes de Aznar y no son pocos los que te visualizan soterrado, como la M-30, esperando el momento de salir a la superficie a la altura de Moncloa…

¿Te imaginas? Contigo al frente, España se sometería a una remodelación integral. ¡Con lo amigo que tú eres de reformar! Sólo te gana mi madre, que ha movido más tabiques en su piso de 90 metros, que Manolo y Benito en todas las temporadas de Manos a la obra

Acabo de leer en una entrevista en La Razón cómo defiendes a Mariano Rajoy y me he emocionado. No, no es la primera vez que aseguras que, si él se va, tú te vas. Que si él lo deja, tú lo dejas. ¡Que jamás de los jamases has pensado en sucederle al frente del partido, hombre por Dios! Ya lo dijiste en su día: “Cuando hay amor, está plenamente justificada la unión entre dos personas”. Tanta lealtad en el frío y descarnado mundo de la política, me pone tierna. Como dijo Joaquín Sabina: “Qué gallardín Gallardón”.

Pero hay mucha maldad en el mundo, ya sabes, y no faltan las malas lenguas que insisten en afirmar que, digas lo que digas, tú no cejas en el empeño de trepar y que, para ello, estás dispuesto a ir eliminando rivales molestos y molestas, a lo Mario Bross. Se ha llegado a publicar que, desde el entorno de Cospedal, te acusan de no haber impedido que la fiscalía solicitara la declaración ante el juez Ruz de la número dos, como queriendo decir que le has lanzado un golpe directo a la reina del diferido…

No hagas caso, no pierdas tiempo ni te distraigas con esos cotilleos, tú estás a otro nivel, eres un súper hombre con súper poderes, acostumbrado a luchar contra los elementos. Has conseguido que se apruebe la reforma del Poder Judicial en contra de todos los grupos parlamentarios, con un par. Y hasta te permitiste el lujo de faltar al debate final, que es como si Mercedes Milá se perdiera la última gala de Gran Hermano. También has logrado soliviantar a jueces de distintas asociaciones, magistrados, presidentes de audiencias provinciales y dicen que hasta al actual consejo. La renovación del CGPJ llegará en septiembre, como la vendimia, será por eso que algunos la esperan de tan mala uva…

Ah, lo olvidaba, y tú y tú y tú y solamente tú –cantaba Pablo Alborán– fuiste capaz de sacar a los jueces a la calle a protestar. Ellos, a los que hasta entonces sólo podíamos ver entrar y salir de los juzgados o subir y bajar, en bucle, las escaleras de la Audiencia Nacional, vociferando contra tus tasas en las aceras, como señoríasflauta, un puntazo.

Y qué decir de la polémica reforma del aborto –que continúa guardada en la nevera– y que ha provocado división en tu partido y un monumental cabreo de progresistas y ultra católicos. Oye, ni Aida Nízar consiguió tanto consenso.

Por el camino, dejas algunas perlas inolvidables. Como aquella tarde de primavera en la que dijiste que “la libertad de maternidad es lo que a las mujeres les hace auténticamente mujeres”. Desde entonces, te confieso, me miro al espejo sin saber qué soy, porque tener gato no vale para ser auténticamente mujer ¿no? Vaya por Dios…

En fin, Alberto, soy muy fan de ti, de tus tensiones no resueltas con Esperanza –hace falta valor para incordiar a la lideresa–, de tu simpatía irresistible en las distancias cortas y de tu capacidad actoral –qué listo Garci– para que, en algunos momentos, olvidáramos las sabias palabras de tu padre: "¿Conservador yo?, tenías que conocer a mi hijo Alberto. Ese sí que es de derechas".

Menudo diestro, dan ganas de gritarte “¡torero, torero!”. Aunque lo de largarte de tu anterior curro y dejarnos a Ana Botella, menuda faena. En fin, una mala tarde la tiene cualquiera.

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