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Muros sin Fronteras

El lobo se compra Caperucita

El nuevo dueño del 'Washington Post' anuncia cambios en el diario

Los periódicos cuentan hechos que merecen ser conocidos; a través de las noticias (todo aquello relevante que se desconoce o alguien desea ocultar) y los reportajes, un modo algo más literario de trasladar al lector al lugar de la noticia. También existen crónicas, entrevistas y análisis. ¡Y fotografías!

La crisis ha vaciado los periódicos de reportajes porque son caros. No hay dinero ni paciencia para los esfuerzos de largo alcance, las investigaciones concienzudas, las apuestas arriesgadas, los temas y las fotos propias. Si la tendencia sigue decreciente acabarán por desaparecer las noticias

Se reemplaza información por simulación. No hay crisis en todos los continentes, no es un problema global

The Washington Post es un símbolo mayúsculo de esta hecatombe, como lo es también la revista Newsweek. El Post fue el periódico que tumbó a Richard Nixon, el presidente que mintió y manipuló para conservar el poder y lo perdió. En su redacción crecieron Bob Woodward y Carl Bernstein, los padres reconocidos del caso Watergate, una cumbre en el periodismo de investigación, aunque deban compartir el mérito con el director del diario Ben Bradlee y la propietaria Katharine Graham.

The Washington Post, esa vieja institución, es ahora un periódico que lucha por no desaparecer.

Acabar en manos de Jeff Bezos, director ejecutivo de Amazon por 250 millones de dólares, no parece un seguro de vida. Amazon es un negocio, no una propuesta cultural.

La redacción del Post celebró su venta a Bezos como la muerte de un época; la Bolsa, como un beneficio a corto plazo. Son síntomas de culturas diferentes.

No es la primera vez que el Post se encuentra al borde de la desaparición Post. Antes de llegar a la propiedad la familia de Katharine Graham estuvo en quiebra. Pero ahora el ambiente es diferente: allá fuera, el aire es irrespirable; parece tener más que ver con el final de los dinosaurios que con una crisis publicitaria pasajera.

Hace poco, The New York Times vendió The Boston Globe, otra institución del buen periodismo, por 70 millones de dólares. El Times lo había comprado en 1993 por 1.100 millones, el precio más caro pagado jamás por un periódico en EEUU.

El Times parece haber hecho un negocio ruinoso con su aventura bostonianaTimes. Los nuevos dueños del Globe son los mismos del Liverpool y de los Red Sox: el New England Media Group. Tampoco parecen tener el perfil de los grandes, como Joseph Pulitzer, el enemigo de William Randolph Hearst, el hombre sin alma ni conciencia, el padre del periodismo sensacionalista.

David Simon era reportero del The Baltimore Sun antes de convertirse en guionista estrella y productor de The Wire y Treme. Tiene una visión muy certera de lo que está pasando. Se lo contó a Pedro Alzaga en una entrevista que sigue vigente tres años después.

Son los medios tradicionales de comunicación los que se han suicidado al reemplazar el valor de dar noticias por el del recorte y el beneficio. En periódicos en crisis se planea como salida de emergencia el cobro en Internet. Para cobrar habría que mejorar la calidad de lo que ya es gratis. Calidad equivale a gasto, a paciencia, a talento.

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Mueren medios, nacen medios. Es la ley de la evolución que estudió Charles Darwin: sobreviven los que se saben adaptar, no los más fuertes ni los más inteligentes. Por no hablar de infoLibre, uno de los medios recién nacidos que trata de conservar la esencia de este trabajo y dar muchas noticias, pondré varios ejemplos de excelente periodismo nacido en Internet: Politico, Slate, Daily Beast, El Faro, Puercoespín. Y otros nativos de papel: XXI, The New Yorker, The Atlantic, The Economist

¿Qué se ha hecho mal? ¿Qué puede ser salvado? The Guardian recoge algunas ideas en este texto.

The Washington Post será un símbolo del desastre, pero cada periodista que resiste y hace bien su trabajo es un símbolo de los dos valores que van a sobrevivir: la honestidad y la calidad.

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