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Nuestros delitos playeros

Españoles, ha llegado la hora de hacer autocrítica.

Admito que la práctica de este término esdrújulo suena excéntrica y hasta herética, pero venga, va, atrevámonos, hagamos por una vez eso que no suelen hacer nuestros políticos, démosles ejemplo y corrijamos en nosotros esa falta de juicio sobre los actos propios que nos hace tan fans de ellos.

Estimado lector, déjeme que le pregunte al oído: ¿Se ha orinado alguna vez en el mar? ¿Y en la arena? ¿En la arena escribió su nombre y luego usted lo borró… con el método micción?

No me he levantado escatológica, es que llevo varios días dándole vueltas a las prohibiciones playeras que han retornado a la actualidad informativa, noticias estacionales que regresan a nuestras vidas cada verano, como el albaricoque.

Una de estas prohibiciones, seguramente la que más invita al click –será por ello que casi todos los medios que han informado sobre este asunto la han elegido para titular–, es la del uso del mar como Water Closet.

El ayuntamiento de San Pedro del Pinatar ha prohibido al paisanaje depositar sus aguas menores en el mar o en sus playas. A partir del 18 de julio, la micción acuática y arenera estarán penadas con multas de 750 euros.

Al leer esta noticia me han surgido varias dudas:

Micción arenera: ¿Acaso los humanos tenemos algo de felino y el territorio arenoso nos invita, instintivamente, a deshacernos allí de nuestros líquidos más personales? Dicho de otra forma, ¿hay gente que hace eso en la arena de la playa? ¡Es como para mear y no echar gota!

Micción acuática: ¿Cómo van a comprobar los agentes que los bañistas están aprovechando su estancia dentro del agua para dejar allí la suya propia, mezclada con sales minerales y urea en la proporción adecuada? ¿Les multará la autoridad con conocimiento de causa, o les sancionará “por la cara”… por la cara de satisfacción que pongan al liberarse de la retención, mientras son mecidos por el oleaje?

Este acto sancionable, los políticos, a los que tanto criticamos, no lo practican, al menos no en su calidad de representantes públicos. Ellos, como mucho, se mean en su programa electoral, en nuestras quejas o en la reprobación parlamentaria, pero orinar en la playa, a la vista de todos, no se ha visto que lo hagan.

“Se prohíben los juegos de pelota, palas y ejercicios en las zonas y aguas de baño que puedan molestar al resto de usuarios” añade la normativa municipal. Y esto, nuestros representantes, tampoco lo hacen.

Ellos, en todo caso, nos molestan con sus juegos de malabares estratégicos que a veces rozan el trilerismo pero, honestamente, no se ha visto en ningún telediario la imagen de un político propinándole un pelotazo –en el sentido literal y no urbanístico de la palabra– a un ciudadano que sestea boquiabierto en la tumbona.

No son estas las únicas restricciones playeras, este verano se suman más ayuntamientos a aquella prohibición, bajo pena de multa, que otros consistorios pusieron en práctica años atrás. Me refiero a la práctica de ese deporte que podríamos llamar aquímeplanting: plantas la sombrilla a las siete de la mañana, coges sitio y te marchas a desayunar, a poner lavadoras y a hacer la compra en el mercadillo, con la tranquilidad de que, cuando te dé la gana de bajar a la playa, tu sombrilla te estará esperando en primera línea, como el Trono de Hierro de los siete reinos de Poniente.

Esto los políticos tampoco lo hacen, no se ha visto a un representante público madrugar para emprender la carrera hacia la orilla del mar con silla y sombrilla al hombro. Además, ellos no son de ausentarse del asiento, ellos cuando plantan el culo en el escaño no se levantan de él así les juren que hay espetos y cañas gratis en el chiringuito del Congreso.

En San Pedro del Pinatar también serán multados “quienes usen una radio, un aparato de música o un instrumento que, por su volumen, pueda causar molestias a los demás”.

Esto tampoco es un comportamiento propio de los representantes políticos, cuando hablamos de que ellos “usan una radio, una tele o un periódico” nos referimos a otra cosa...

En el sentido literal, no los imagino adentrándose en la arena con un loro gigante a tope de decibelios. Ellos gustan más de practicar la contaminación acústica en el hemiciclo, en las ruedas de prensa, o en las entrevistas. Y le dan a tope al Subwoofer durante la campaña electoral, cuando repiten estribillos más pegadizos que los de Luis Fonsi para que nos dirijamos Rapidito a depositar nuestro voto en la urna.

La política de hartura

Algunas de las restricciones playeras son incontestables, otras muy discutibles, como las que se refieren al nudismo pero, en cualquier caso, se confirma que los ciudadanos sin aforamiento también pecamos.

Por cierto, de la falta de civismo, de la que en tantas ocasiones adolecemos, no podemos culpar a nuestros representantes, me cachis. Por ejemplo, lo de tirar envases, colillas, papeles y convertir la costa en un vertedero, latita a latita, es cosa de cada cual.

En verano o en invierno, en el mar o en tierra, no estaría mal que antes de levantar la pata para hacer lo que nos pide el cuerpo, mirásemos a nuestro alrededor con el fin de evitar salpicar a los demás.

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