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Qué ven mis ojos

No sabemos la sentencia, pero sí que la campaña está condenada

"No confíes en quienes juran que haber roto algo les enseñó cómo arreglarlo".

Que algo no funcione es el problema menor; que quienes tienen la obligación de arreglarlo ni sepan ni quieran, es el grande. Y eso es lo que ocurre, día sí y día no, en la política española, un mundo al revés donde los fontaneros agujerean las tuberías, los bancos atracan a sus clientes y los bomberos queman el bosque. Cómo no van a provocar desafección, si mienten más que hablan y en cuanto llegan a presidente ellos se ponen la corbata y a nosotros nos ponen un collar y una correa. Cómo vas a concederles el más mínimo crédito, si en cuanto se hacen con un puñado de votos roban hasta las telarañas de las cajas fuertes. Cómo vas a creer a unos patriotas que saquean al país con la mano izquierda mientras con la derecha hacen ondear la bandera. Cómo vas a confiar en fuerzas de origen progresista que se han enamorado del oso neoliberal y piensan que los abraza porque los quiere, no para asfixiarlos.

No es que no nos representen, es que son el enemigo, porque sólo van a lo suyo, que es lo contrario de lo nuestro. Y además, su circo tiene trampa, dado que ellos saltan con red y nosotros al vacío, de forma que si un negocio les sale mal, se lo pagamos nosotros, como el rescate financiero, del que sólo Unidas Podemos hablará, como siempre, en esta nueva campaña, que también financiamos nosotros. ¿Algún otro partido se acordará de que nos deben 60.600 millones de euros? Qué va, eso dirán que se arregla poniéndole un impuesto a la bollería industrial, y listo.

En cuanto un partido llega o regresa al poder, lo primero que hace es deshacer, tumbar todo lo anterior, sea lo que sea, algo que ejemplifica a las mil maravillas el disparate del nuevo ayuntamiento de Madrid limitando las restricciones al tráfico en el centro, mientras el mundo entero se manifiesta contra la contaminación del planeta. Estamos hablando de proteger la salud de la gente, de no envenenarles el aire que respiran, pero ni por esas, ni ellos ni quienes confían en ellos porque llevan su camiseta y defienden sus colores.

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Así las cosas, el calendario que nos espera es como para echarse a temblar, porque en menos de un mes se juntarán la sentencia del procés y la recta final de la campaña. O sea, que todo lo demás va a ser la guarnición y tendremos Cataluña de primero, de segundo y de postre, lo cual no es nada raro, dadas las dimensiones de un conflicto que ha ido cada vez a peor gracias a la incompetencia de quienes lo han creado y de quienes tendrían que haberle parado los pies en su momento. ¿O es que de verdad aún queda alguien que crea que Madrid no tiene ninguna responsabilidad en este drama protagonizado por cómicos? La carrera ha comenzado y en el centro-ultraderecha ya han empezado a sonar los tambores de guerra y las trompetas del Apocalipsis. PP y Cs exigen al PSOE que su Gobierno en funciones aclare si acatará la sentencia del Tribunal Supremo, ¿pero lo harán ellos si no es la que esperan? Y la segunda pregunta es: ¿reconocerán algún día su grado de culpa en todo este asunto donde en lugar de calmar las aguas han echado leña al fuego? Igual es porque las llamas les hacían parecer más brillantes.

En la otra esquina del cuadrilátero, el independentismo más radical, que antes era el más moderado y ahora ha hecho un triple salto mortal que demuestra que eso de que los conversos son los peores tiene su punto de razón, se mueve como un pollo sin cabeza, o quizá peor, con dos cabezas, una en Barcelona y otra en Bruselas, defiende lo indefendible y con ello hace invisible lo que se puede comprender aunque no se comparta y, en resumen, parece incapacitado para cualquier cosa que no sea meter ruido, que es algo que sólo sirve para que no se escuchen los argumentos. La solución está en las peores manos posibles, cada equipo tira de un lado de la cuerda y ninguno sabe hacia dónde. La raya en el suelo, por desgracia, la tendrá que poner el Código Penal, pero de momento, lo que han conseguido es que Cataluña sea una moneda de cambio, un arma arrojadiza o la disculpa de unos y otros para vender sus productos en el mercado y defender sus intereses. Cualquier día sustituyen las urnas por cajas registradoras.

El tema catalán, por lo tanto, devorará la campaña como Saturno a sus hijos, y da miedo darse cuenta de que los mismos que lo han empeorado por desidia, torpeza o interés, que de todo ha habido, serán los que deban gestionar el material delicado de la sentencia al caer. Un indicio de lo que les interesa Cataluña en particular y España en general, lo hemos tenido durante todo este tiempo en que una simple abstención de parte del trío de Colón habría servido para demostrar unidad frente al reto y evitar que el PSOE necesitara al independentismo. No lo han hecho, porque a lo único que aspiran es a la Moncloa y a todas las puertas que abren las llaves de ese palacio. El horizonte es oscuro y a lo lejos aúllan los lobos. No sabemos cuál será la sentencia, pero sí que la campaña electoral está condenada.

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