Desde la tramoya

Por qué el resultado electoral no será como en diciembre

Ya está bastante claro que en junio iremos a las urnas. Era obligación de los partidos intentarlo y, sí, también escenificar el intento. Pero desde el mismo día 20 de diciembre, era prácticamente imposible que se pusieran de acuerdo dos o más de los cuatro jugadores –obviando ahora la presencia de los pequeños– con ideologías, personalidades e intereses tan contrapuestos.

Sólo el pánico electoral de última hora podría haber animado a Podemos a apoyar a la alianza PSOE-Ciudadanos. En el caso del PSOE, las encuestas últimas tampoco son muy halagüeñas, pero los cuatro partidos son ya a estas alturas presas de sus estrategias de los últimos meses, y ya no hay vuelta atrás.

Para Ciudadanos y para el PP hay probablemente un incentivo adicional. Para el partido de Rivera, las elecciones podrían derivar en un importante avance en apoyos, e incluso convertir a los naranjas en la tercera fuerza política del país. Para el PP, el simple hecho de ganar (si no hay un descenso importante en votos o escaños), es una buena motivación.

Ante la posibilidad inédita de una repetición de elecciones, son dos las cosas que se han oído insistentemente. La primera, que la repetición es una mala solución. La segunda, que nada cambiará con respecto a los resultados del 20-D.

Pues bien: repetir unas elecciones no es necesariamente malo. Sí, por supuesto, es más caro y fatigoso que hacer solo unas, pero no olvidemos que en muchos países incluso se prevé esa repetición de manera rutinaria, en eso que denominamos "segunda vuelta". Las segundas vueltas sirven para matizar colectivamente decisiones que en la primera estaban más abiertas. De algún modo, lo que haremos en junio será la segunda vuelta de las elecciones de finales de 2015. No es tan grave.

Tampoco creo que el resultado vaya a ser igual o muy parecido al de diciembre. Es la primera vez que los sociólogos se encuentran con una situación como esta, por lo que las encuestas pueden estar muy sesgadas. Una primera incógnita, imposible de descifrar ahora, es en qué medida habrá una abstención histórica o no. Por otro lado, un cambio ligerísimo en el porcentaje de votos –de dos o tres puntos– supone una alteración muy importante en la asignación de escaños.

Y por supuesto, hay algo fundamental que no puede escapar al análisis. Como mínimo tres de los cuatro partidos (quizá excluyendo a Ciudadanos), tienen en mayor o menor medida tensiones internas. Con independencia de las mayorías que aritméticamente puedan formarse cuando se constituya el nuevo Congreso, lo cierto es que cualquier resultado que no sea bueno puede provocar en los partidos una fractura o un cuestionamiento interno.

De manera que podemos estar seguros de que vamos a tener unas elecciones muy parecidas a las de la pasada Navidad, con los mismos candidatos y los mismos programas, pero no creo que vayamos a tener un panorama post-electoral como el que hemos atravesado durante este año.

Los puntos de partida de PSOE, Ciudadanos y Podemos

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