Telepolítica

Cataluña viaja en bicicleta estática

José Miguel Contreras nueva.

Pedalear en una bicicleta estática puede ser realmente duro. Hacer spinning se puso de moda hace ya unos años. El ejercicio que se realiza suele ser de gran dureza. Se puede llegar a simular el esfuerzo que se realiza en cualquier bicicleta de carretera, ascendiendo empinadas pendientes, teniendo incluso que colocarse de pie sobre los pedales para superar los momentos más críticos. Para mantenerse en forma y tener la absoluta sensación de que se ha realizado una actividad intensa sirve a la perfección. Nadie podrá decir que subido a una bicicleta estática no se practica deporte. Lo que no se puede hacer es desplazarse. Por mucho que trabajes, al acabar estarás en el mismo sitio en el que empezaste.

Ocho años después

El independentismo catalán lleva montado en una bicicleta estática desde diciembre de 2012. El 19 de diciembre de ese año, Artur Mas y Oriol Junqueras firmaron un documento titulado Acuerdo para la Transición Nacional y para Garantizar la Estabilidad del Govern de Catalunya. En el texto ya se recogía el compromiso de celebrar una consulta en 2014 sobre la independencia. Han pasado más de ocho años. ¿Dónde estamos hoy? Exactamente en el mismo punto.

La estrambótica situación de bloqueo político que se vive dentro del secesionismo roza el ridículo. Nadie duda de que trabajan sobre el tema hasta la extenuación. En realidad, parece que no hacen otra cosa. Hay reuniones, contactos, negociaciones, votaciones, discusiones, acuerdos y, finalmente, siempre desencuentros. Es evidente que no dejan de pedalear ni un solo instante, incluso desde Bruselas. Pero la bicicleta estática sigue sin avanzar un centímetro.

El hartazgo como síntoma evidente

Seguramente, esta frustrante doble sensación del esfuerzo continuo y la inexistencia de avance alguno esté en la base del problema. Gran parte de la población catalana parece exhausta. El mundo no independentista hace tiempo que se hartó incluso de confrontar contra una fuerza que, en realidad, se combate a sí misma. La victoria electoral de Illa quizá no se ha analizado con un mínimo sosiego.

El partido más votado en Cataluña no es ya una fuerza que se opone al independentismo, como lo fue el Ciudadanos de Inés Arrimadas y Albert Rivera. La fuerza con mayor apoyo electoral ha defendido en la última campaña el hartazgo de la situación. Su principal propuesta electoral ha sido la de defender que hay que pasar página de una vez. Illa ha ganado diciendo, como muchísimos catalanes y españoles, que ya está harto de un esfuerzo inútil.

Un período de cambio en el mundo

Vivimos la etapa más crítica del mundo, de Europa, de España y de Cataluña en muchas décadas. El mundo está cambiando vertiginosamente. Los problemas a los que nos enfrentamos de índole sanitaria, medioambiental, económica, tecnológica o sociológica son extremadamente importantes. Mientras, el independentismo catalán sigue subido a la bicicleta estática con una única idea entre ceja y ceja: “¡Somos imparables! ¡Tarde o temprano llegaremos a nuestro destino!”.

La sensación de esfuerzo continuo de quienes siguen defendiendo la causa secesionista tiene su lógica. No paran de pedalear. Siguen creyendo firmemente en que el destino tiene que recompensar la batalla permanente. Que el sudor es tan real que es la prueba fehaciente de que se están dejando la piel en la lucha. El problema es que han renunciado a mirar hacia atrás para percatarse de que siguen en el mismo lugar en el que empezaron a pedalear hace más de ocho años. El tremendo esfuerzo político, económico y personal realizado les lleva a negarse a aceptar la indiscutible realidad de que el destino deseado está igual de lejos que cuando empezaron su viaje.

Hay una salida

Hay una solución evidente. Debería partir de un doble reconocimiento no necesariamente negativo para sus intereses. Los líderes políticos y sociales del independentismo tendrían que asumir públicamente lo que ya sabemos todos, que no ha habido avance alguno. A la vez, cabría la lectura en positivo de que ya pueden tener la seguridad de que la estrategia emprendida ha sido un fracaso y que hace falta buscar una distinta.

El día que el independentismo catalán acepte bajarse de la bicicleta estática y decida subirse a un buen coche eléctrico compartido con sus compatriotas va a descubrir lo rápido que se puede avanzar en el progreso de un territorio que no merece lo que le ha tocado vivir. Además, sudarán mucho menos.

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