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Ciudadanos: hacer lo que más desean tus enemigos

José Miguel Contreras nueva.

A veces, no es fácil determinar qué es lo que realmente hay que hacer en mitad de una tormenta política. Suele ser más sencillo decidir al menos qué es lo que no se debe hacer de ninguna manera. Los diez diputados de Ciudadanos tienen que resolver un interesante dilema en estas próximas semanas. Deberán elegir qué priman, si sus propios intereses o lo que le invitan a hacer las fuerzas que trabajan activamente por su desaparición.

De cara a la negociación sobre los Presupuestos Generales del Estado, por parte de Ciudadanos estamos asistiendo a un escenario absolutamente insólito. Es muy difícil encontrar un caso similar. Sus dirigentes contemplan la posibilidad de hacer exactamente lo que desean todos sus enemigos. Es raro encontrar consenso entre fuerzas ideológicas rivales de signos opuestos. Sin embargo, en este caso hay coincidencia absoluta.

Una reordenación del mapa a derecha e izquierda

La votación sobre los PGE va a tener en esta ocasión una especial trascendencia. Las estrategias de todos los partidos se entrecruzan en un momento particularmente delicado. A diferencia de las últimas ocasiones, la aprobación de un nuevo marco económico parece que va a salir adelante. Sin embargo, lo que pueda ocurrir implicará significativos cambios en las relaciones existentes entre los diferentes partidos. Como ejemplo, basta citar la hábil jugada de Unidas Podemos de conseguir el apoyo de EH Bildu y ERC que ha abierto un nuevo escenario en la izquierda a nivel nacional.

Como parece lógico, cada partido se mueve en defensa de sus intereses. No hay duda sobre lo que pretenden Vox y el PP. El movimiento de UP también parece fácil de analizar. La situación del PSOE tiene una simple lectura. Sin embargo, lo que no termina de quedar claro es lo que quiere realmente Ciudadanos. Sus movimientos resultan poco firmes. Su indefinición pone en duda su actual posicionamiento. En política, transmitir duda e inseguridad nunca es bueno. En el caso de Ciudadanos aún puede ser más grave, debido a que esa es la mayor acusación que sus críticos lanzan sobre ellos.

Casi todos quieren acabar con Ciudadanos

Todos los que buscan la desaparición y el oprobio público de Ciudadanos desean fervientemente que voten contra los Presupuestos del Gobierno de coalición. Da la sensación de que el partido de Inés Arrimadas considera como su mejor opción hacer exactamente lo quieren los que buscan su aniquilación. En la derecha, Vox ansía recuperar el triunvirato para acabar dominándolo. El PP necesita que Ciudadanos acepte volver bajo su manto protector y se convierta en un partido a su servicio. Tanto Vox como el PP celebrarían con alborozo las exequias de los naranjas.

En la izquierda, UP ha convencido a EH Bildu y a ERC de que si apoyan los PGE podrán expulsar a Ciudadanos de la mayoría parlamentaria. Si realmente Inés Arrimadas desea perjudicar a Podemos y a los independentistas vascos y catalanes, nada les haría más daño que compartir el voto con todos ellos. El único partido que desearía que Ciudadanos votara a favor es el PSOE, que busca obtener una mayoría de apoyo lo más amplia posible. Además, aspira a consolidar una coalición de intereses transversal y diversa que impida chantajes puntuales de alguna fuerza minoritaria en momentos críticos. Es evidente que al PSOE le interesa la subsistencia de un Ciudadanos abierto a pactos.

El papel que Ciudadanos no desempeña

La existencia de una fuerza que se moviera fuera del esquema de la polarización convencional podría ser enormemente positiva. En un modelo pluripartidista, con el incierto peso que tienen las formaciones nacionalistas, se corre el peligro de llegar a menudo a situaciones de bloqueo institucional. No hace falta dar ejemplos en el caso español. Los vivimos frecuentemente. Cada vez que se acaba en el establecimiento de bloques enfrentados que no encuentran cauce alguno para el acuerdo es cuando más se echa de menos la existencia de un grupo apoyado por la sensatez que ayudara a salir de los atascos. Albert Rivera decidió que eso nunca sería lo que hiciera Ciudadanos. Y así acabó.

Suena a discurso utópico y algo infantil, pero no por ello deja de ser interesante: la idea de un territorio político que pudiera ejercer de árbitro razonable en situaciones de abierto conflicto. Parece evidente que existe una parte de los electores, no especialmente ideologizados, que tenderían a sentirse cómodos en ese espacio. Es posible que nunca se convirtieran en una fuerza mayoritaria y, por ello, nunca ganaran unas elecciones. Sin embargo, su papel podría ser de una trascendencia clave en la gobernanza del país.

De la desmedida ambición de Rivera a la parálisis

A Albert Rivera le pudo su ambición personal, muy por encima de lo que su partido y España necesitaban. Vio la posibilidad de superar al PP tras la moción de censura que acabó con Mariano Rajoy. Un Partido Popular envuelto en una red de corrupción sistémica y sin liderazgo parecía, según las encuestas, una pieza abatible. Rivera tomó la decisión de abandonar el espacio abierto en el que se podía desenvolver y se lanzó hacia la conquista de la derecha. Ya sabemos cómo acabó la aventura: en un almacén de desguaces.

Inés Arrimadas planteó la posibilidad de cambiar el rumbo hacia el abismo que el partido había tomado. Aprovechó la emergencia sanitaria para enarbolar un discurso constructivo de primar el interés nacional por encima de los bloques partidistas. Su apoyo al estado de alarma le permitió, casi de un plumazo, romper con la tristemente célebre foto de El Trío de Colón. Sin embargo, pasado ese momento, da la sensación de que Ciudadanos se ha congelado en el tiempo sin saber muy bien cómo evolucionar.

El giro planteado por Pablo Casado en la reciente moción de censura presentada por Vox cayó como un jarro de agua gélida en la formación naranja. Si el PP rompía en apariencia su confraternidad con la ultraderecha, la reubicación de Ciudadanos podía correr peligro. Los populares podían convertirse en una amenaza competitiva en el espacio del centro derecha. En estas últimas semanas aparece una Inés Arrimadas dubitativa, sin dejar nunca clara cuál va a ser su posición en el futuro inmediato.

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