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La libertad es pagar impuestos

Dijo Fernando de los Ríos que "la verdadera revolución pendiente en España es la del respeto". Viendo los debates en el Parlamento, no le faltaba razón. Yo añadiría algo menos obvio. La verdadera revolución pendiente en España y, sin duda, en la Unión Europea, es la del respeto fiscal. Esa sí que sería una revolución como para desmayarse.

En España tenemos una Constitución (¡ay si los que se dan golpes de pecho en su nombre la defendieran!) que trata en el mismo plano la libertad y la igualdad, aunque en el debate público hay días que parezca que la libertad es trending topic y la igualdad un pernicioso artefacto totalitario. Pero, además, consagra la progresividad del sistema fiscal, es decir, que pague más quien más tiene, y la obligación del Estado de garantizar la equidad en la "asignación de los recursos públicos". El cóctel no es, en modo alguno, ingenuo.

Vivimos en un país en el que crecen las desigualdades. Un reciente estudio académico desgranado en infoLibre por Ángel Munárriz explica que por lo menos el 44% de la desigualdad global de renta en España se explica por factores que nada tienen que ver con las decisiones de cada ciudadano. Es decir, que por mucho que a veces resulte seductor el muy a menudo mito de la meritocracia (desconfíen cuando se lo escuchen a quien nunca ha dado un palo al agua), hay mucha letra pequeña. Jesús Maraña, que se ha estrenado estos días (y con éxito) como podcaster, dice que "la libertad de expresión es fundamental, sí, pero lo verdaderamente importante es tener libertad de pensamiento". Con el bolsillo ocurre lo mismo. La libertad es fundamental, sí, pero lo verdaderamente importante es estar en disposición de poder ejercerla y, para eso, necesitamos partir de un presupuesto de igualdad. Es, insisto, la gran revolución pendiente, Fernando de los Ríos me perdone.

Sirva todo esto para hablar de impuestos. Sí, de impuestos. Porque salvo para los que defienden la ley de la selva y el dogma de un Estado esencialmente corrupto, independientemente de su gestión (y de estos libertaristas y anarcocapitalistas hay unos cuantos, también en España, disfrazados de angelicales liberales), el sistema impositivo que permita una redistribución "equitativa" de los recursos públicos será la base de nuestras libertades más íntimas, de la igualdad más preciada para conducirnos por la vida.

Los servicios públicos son la riqueza de los que no tienen nada. También son su salvoconducto a la dignidad. La sanidad, la educación, la dependencia, las becas o las ayudas a los más vulnerables lo son todo para millones de ciudadanos víctimas de la desigualdad, de los avatares de la vida o del egoísmo e injusticia de algunos de los más poderosos. Y los servicios públicos no se generan por esporas. Ojo a quienes, sobre todo si han crecido con su garantía, crean que están ahí por arte de magia. Son reversibles. La libertad es pagar impuestos. Para ser libres es esencial exigir que la distribución de lo que se recauda (o, aún mejor, la predistribución) nos dé a todos una oportunidad en la vida. O dos o tres. Pocas batallas políticas tienen más sentido.

Este viernes hemos estrenado en infoLibre una investigación importante que pone en el centro el funcionamiento del Código de Conducta de la Unión Europea. No se dejen despistar por el nombre. Se trata de un foro opaco, en teoría de carácter diplomático, que analiza los esquemas fiscales de los países de la UE para que entre estos no haya una competencia desleal. Es el órgano de vigilancia fiscal de una UE que exige unanimidad para alterar sus reglas fiscales, lo cual garantiza casi la congelación de cualquier medida audaz. Una UE en la que la armonización sigue siendo un tabú a pesar de ser sinónimo del más genuino europeísmo. Como europeos queremos, supuestamente, avanzar en cohesión e integración política (el lema de la UE es "Unida en la diversidad") pero, al mismo tiempo, hay una multiplicidad de regímenes fiscales que nos hacen desiguales y que restan a las administraciones volúmenes ingentes de recursos públicos para financiar sus servicios públicos. Y, no nos engañemos, o nos presentamos como europeos en el contexto global o tendremos menos posibilidades.

En mayo, la Comisión publicó un documento en el que estimó que los estados miembros pierden cada año hasta 70.000 millones de euros por la "elusión del impuesto de sociedades", 46.000 por la evasión fiscal de particulares y 50.000 por fraude transfronterizo en el IVA. Los neoliberales traducen inversión como gasto superfluo, pero ¿qué hay de todos esos ingresos que se pierden por la ingeniería fiscal de los poderosos o la regulación fiscal a medida de sus intereses? ¿Es eso libertad o antipatriotismo? Cuando hablamos del reto del envejecimiento y la sostenibilidad de las pensiones, ¿por qué no hablamos de si es posible mejorar los ingresos del Estado del bienestar de manera que el sistema sea viable? Cuando hablamos de la inversión (que no gasto) en sanidad y educación públicas como si fueran bienes de consumo prescindibles, ¿por qué no nos preguntamos si hay quien puede contribuir más a su sostenimiento? ¿Por qué no nos preguntamos qué consecuencias sociales tienen su debilitamiento o desaparición?

Numerosos estudios (por ejemplo, los de Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman) relacionan directamente la fiscalidad ínfima, la elusión, la competencia desleal y su falta de progresividad (léase injusticia) no sólo con una mayor desigualdad (ricos más ricos y pobres más pobres) sino con un menor crecimiento de la economía. Thatcher y Reagan han muerto. Lo dice la ciencia. La desigualdad es un mal negocio. 

Los miembros de la European Investigative Collaborations (EIC), entre los que se encuentra el alemán Der Spiegel o el francés Mediapart, e infoLibre como único medio español, han accedido a más de 2.500 documentos confidenciales que describen tanto la multiplicidad de regímenes fiscales desleales entre países como la inacción o ineficacia de las autoridades europeas a la hora de ponerles freno en las últimas décadas. Pero también los acuerdos a medida con las empresas, el dumping fiscal y las prácticas antieuropeas por su evidente interés de perjudicar a otros estados miembros. Todo, por supuesto, a espaldas de los ciudadanos y en medio de enormes trabas para los que han querido conocer la verdad, como Martjin Nouwen, con quien este sábado publicamos una entrevista.

La investigación de infoLibre y esta red europea, capitaneada en España por Manuel Rico y Begoña P. Ramírez, desvela la historia de un enorme fracaso. Pero también una urgencia inaplazable. El respeto fiscal no sólo es imprescindible para evitar bombas de relojería sociales sino para garantizar el lugar de Europa en el mundo.

PD: Puede parecer evidente, pero igual que las sociedades eligen sus prioridades, los medios eligen sus investigaciones. En infoLibre creemos que un debate a fondo sobre la fiscalidad es imprescindible si queremos hablar de servicios públicos y de justicia social. Esta investigación, como único medio español y mano a mano con medios de referencia en Europa, sólo es posible gracias a las socias y socios que apoyan nuestro proyecto. Si ya lo eres, gracias. Si no, te esperamos para poder seguir poniendo las cartas boca arriba. Hay mucho interés y recursos invertidos en (in)justamente lo contrario.

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