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¡Compórtate!

La agresión tránsfoba ocurrida en el metro de Barcelona por parte de un hombre contra una mujer trans refleja muy bien la construcción de la cultura machista que define quién y cómo debe formar parte de la sociedad, y muestra la reactivación del machismo a través de su “guerra cultural” y sus “guerreros”, como lo fue el agresor.

Tres son los elementos principales que definen lo ocurrido: por un lado, el lugar público de la agresión; por otro, la actitud de las personas presentes, y en tercer término, la conducta del agresor. Veámoslos.

  1. El odio alimentado por los sectores más tradicionales y conservadores de la sociedad contra quienes consideran que atacan el orden establecido por la cultura androcéntrica y sus identidades lleva a que muchas personas sientan la necesidad de defender los valores e ideas sustentadas por ese orden de diversas formas. Y pueden hacerlo en el espacio político, como vemos cuando la ultraderecha ataca a cualquier persona que no encaje dentro de su idea de hombre y mujer, o cuando, por ejemplo, Feijóo dice que va a derogar la ley trans. Pero también se hace a nivel mediático difundiendo y ampliando esos mensajes, y a nivel social, aplicándolos a cada contexto y oportunidad según se interprete, como hemos visto que un hombre decidió hacer en el metro de Barcelona. Primero agredió verbalmente a la mujer trans y después lo hizo físicamente, todo ello en un lugar público. Esa conducta ante los ojos de mucha gente, siendo consciente de que estaba cometiendo un delito, refleja la percepción de apoyo y respaldo que sienten los agresores al amparo de este tipo de mensajes y la situación social creada.
  2. En ese mismo sentido, la actitud de la inmensa mayoría de las personas que contemplaron la agresión, con una pasividad sorprendente ante la continuidad de los golpes, también refleja el impacto social que todos esos mensajes de odio tienen, y la idea de que algo habrá hecho la víctima para que se haya producido la agresión. O al menos para pensar que se trata de una situación aislada y propia de quienes la protagonizan, sin que el resto deba de intervenir. Y llama aún más la atención porque se trata del mismo metro de Barcelona donde se han organizado patrullas de personas contra los carteristas, quienes son enfrentados, perseguidos e intimidados para que lo abandonen, y que, en cambio, frente a la violencia transfóbica reacciona con una sorprendente pasividad que termina cuando el agresor decide alejarse de la víctima, no cuando alguien interviene o lo evita. Es más, finaliza con un hombre dando unas palmaditas sobre la espalda del agresor para que se tranquilice.
  3. Pero si algo resume y explica muy bien lo ocurrido son las palabras del propio agresor cuando le grita a la víctima repetidamente “¡compórtate!”, y luego refuerza su mensaje dándole un significado al decirle que es una “mierda”, y gritarle “¡compórtate, mierda!”.

Esa es la esencia del machismo dispuesta a ser defendida con la violencia hasta la muerte, si fuera necesario: “¡compórtate, mierda!”.

La situación es tan grave y objetiva para el machismo, que las palabras del agresor tránsfobo del metro de Barcelona también han sido muy expresivas en ese sentido, al repetirle de manera insistente a la mujer trans: “¿quieres que te mate?”

Las personas consideradas como una “mierda”, es decir, inferiores, insignificantes y molestas, deben someterse al orden y comportarse como ese orden ha decidido que debe ser su papel en la sociedad. Una idea que vale para una persona trans, pero que también se aplica sobre las mujeres por medio de la discriminación o las distintas formas de violencia que la construcción de género lleva a ejercer contra ellas. Pues, en definitiva, “¡compórtate!” es lo que le dice un maltratador a su pareja cuando la agrede y le exige que “no le lleve la contraria”, o que “no se ponga esa falda”, o que “no se le ocurra separarse”. Y “¡compórtate!” es lo que le dicen a una joven violada, cuando comentan que iba “provocando” o que “ella sabía a lo que venía cuando aceptó acudir a este lugar”. Por eso la idea que hay detrás de las agresiones machistas es que las víctimas son las responsables de la violencia que sufren, porque son ellas las que “no se comportan”, y no lo hacen con el agravante de ser alguien insignificante, una “mierda”.

La situación es tan grave y objetiva para el machismo, que las palabras del agresor tránsfobo del metro de Barcelona también han sido muy expresivas en ese sentido, al repetirle de manera insistente a la mujer trans: “¿quieres que te mate?, ¿quieres que te mate?”... De manera que, si lo hace y la mata, será ella la responsable de su propio asesinato, el hombre de turno sólo habrá cumplido con su obligación de mantener el orden dado al decirle “¡compórtate!”. Y si no lo hace viva lo hará muerta.

Esa es la realidad social que el machismo y sus grupos conservadores han creado para que la violencia de género esté presente en espacios públicos y privados, para que lo haga ante la pasividad de la sociedad, y con la justificación de que son las propias víctimas las responsables de la violencia que sufren, porque lo verdaderamente importante es “comportarse como es debido” dentro del orden androcéntrico.

Es lo que siempre se ha dicho, que a las mujeres buenas y a la gente de bien nunca les pasa nada malo.

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Miguel Lorente Acosta es médico y profesor en la Universidad de Granada y fue delegado del Gobierno para la Violencia de Género.

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