Tullidos del mundo, uníos Joaquín Jesús Sánchez
Alberto Núñez Feijóo ha decidido que el gran mal de la economía española no es la desigualdad, ni la brecha salarial, ni las listas de espera sanitarias, ni la escasez de médicos, ni siquiera el fraude fiscal. No. El problema, de nuestra economía, querido lector, es, según Feijóo, que usted se ponga enfermo y coja una baja médica. El problema es que haya trabajadores a los que un médico ha considerado temporalmente incapaces para trabajar.
Y es que hay políticos, de los que proliferan en el lado derecho y extremo derecho de nuestra democracia, que, cuando no encuentran un problema sencillo de resolver, deciden inventarse un culpable sencillo al que señalar. Es mucho más cómodo. Y en esta ocasión les ha tocado a los trabajadores de baja médica.
La estrategia es conocida: se pronuncia una palabra impactante –"cáncer"–, se desliza otra todavía más poderosa –"fraude"– y se deja que la sospecha haga el resto. Da igual que no se aporten pruebas, ni que la AIReF, ni la Seguridad Social, ni las principales mutuas sostengan que no existe un fraude masivo en el incremento de las bajas laborales. Cuando se consigue que millones de trabajadores enfermos pasen a ser sospechosos, el debate ya está ganado... aunque la verdad vaya por otro lado.
España tiene una población trabajadora mucho más envejecida que hace diez años
Porque la realidad tiene la mala costumbre de ser bastante menos espectacular que los titulares. Y por eso, rascando un poco, querido Alberto, nos encontramos que lo que sí explica la Seguridad Social, y las principales mutuas, es que España tiene una población trabajadora mucho más envejecida que hace diez años. Hay alrededor de un millón y medio más de trabajadores mayores de 50 años y, por una cuestión puramente biológica, una rotura, una operación o una enfermedad requieren más tiempo de recuperación que a los treinta. Es una explicación bastante menos ideológica y mucho más aburrida. Pero claro, culpar al paso del tiempo vende menos que hablar de picaresca.
También resulta incómodo para Feijóo, reconocer que las listas de espera han convertido muchas bajas de semanas en bajas de meses. Si una prótesis tarda el doble en llegar, la recuperación también tarda el doble. No porque el trabajador haya descubierto una pasión oculta por quedarse en casa, sino porque sigue esperando una llamada del hospital. Y en eso de las listas de espera, creo amigo Alberto, que algo tiene que ver con lo que haces con la sanidad de las 14 comunidades donde gobiernas. Detraer recursos a la sanidad pública, privatizar consultas y hospitales y deteriorar la atención primaria, es lo que tiene.
Y, sin embargo, la solución que nos propone Feijóo parece sacada de un manual kafkiano de medicina económica: si el paciente no mejora, que cobre menos. Quizá así el menisco cicatrice antes, la depresión desaparezca por arte de magia o una fractura se suelde más rápido impulsada por el miedo a no llegar a fin de mes.
Es una teoría médica revolucionaria. Lástima que la ciencia todavía no la haya descubierto.
Pero si sorprenden la solución, más llamativo aún es el silencio de Alberto Núñez Feijoo respecto a un fraude que sí está perfectamente cuantificado e identificado: las decenas de millones de horas extra anuales que realizan los trabajadores españoles sin remuneración alguna. Cada año en España se hacen 130 millones de horas extraordinarias que no se pagan. Eso supone un ahorro empresarial superior a 3.200 millones de euros.
El absentismo incluye permisos legales, conciliación, accidentes laborales, formación o ausencias justificadas
Ese dinero sí tiene cifras. Ese fraude sí tiene beneficiarios. Pero parece despertar bastante menos indignación, porque a los patronos de Feijóo no les conviene.
Y luego están las matemáticas creativas. Los famosos 30.000 millones que, según Feijóo, cuestan las bajas laborales. Una cifra tan redonda como engañosa, si se mezclan costes empresariales con prestaciones públicas para inflar el impacto y justificar un futuro recorte. Porque, no nos engañemos, es un recorte lo que se persigue. Cuando los números no encajan, siempre existe la posibilidad de mezclarlos hasta que parezcan otra cosa.
Tampoco ayuda confundir deliberadamente el absentismo con la incapacidad temporal. Sabemos que a Feijóo siempre le ha gustado mezclar churras con merinas, pero la realidad es que el absentismo incluye permisos legales, conciliación, accidentes laborales, formación o ausencias justificadas. Pero todo cabe en el mismo saco cuando el objetivo es transmitir que España se ha convertido en un país de trabajadores que prefieren la baja al empleo.
Y ante esta declaración de intenciones de Feijóo, cabe preguntarse qué clase de país quiere construir un dirigente que, ante un trabajador enfermo, piensa primero en reducirle el salario antes que en preguntarse por qué tarda tanto en recuperarse. Esa es la cuestión, querido Watson.
Porque, Alberto, nadie elige padecer un cáncer, una depresión, una lesión lumbar o una operación de cadera. Lo que sí eligen los responsables políticos es cómo responden ante esa situación.
Llámenme loco, pero se me ocurre que se puede invertir en sanidad para reducir listas de espera. Se puede perseguir el fraude allí donde realmente exista. Se puede mejorar la prevención de riesgos laborales. O, por el contrario, como hace el PP, se puede señalar al enfermo. Es una cuestión de prioridades. Y también de valores.
Al final, la diferencia entre un estadista y un demagogo suele ser bastante sencilla: el primero intenta resolver los problemas; el segundo necesita encontrar un culpable. Ustedes mismos.
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Alberto Mayoral es diputado por Córdoba y portavoz de Seguridad Social del Grupo Socialista en el Congreso.
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