Paranoia y la crisis de los imperios

Eduardo Vázquez Martul

Las situaciones de inestabilidad mental en cualquier ser humano –y posiblemente en el mundo animal– lleva consigo confusión en el que lo padece. Dependiendo del perfil psicológico ante la crisis, unas mentes atormentadas se deprimen y se echan la culpa de sus males, pero otras piensan que sus desgracias son por culpa de su entorno, el vecino o incluso de su amigo. Depresión y paranoia de los que ostentaron poder explican muchos capítulos de la historia del mundo. En esos momentos de inestabilidad mental no es recomendable tomar decisiones ante la posibilidad de que sean erróneas. Lo aconsejable es pedir ayuda al psicólogo o psiquiatra, pero para eso el paciente debe aceptar que su mente está inestable. En general es mas fácil que el deprimido se deje ayudar, mientras que el paranoico lo suele rechazar. 

Me temo que el actual presidente de EEUU, creyéndose emperador, ha entrado en un peligroso pensamiento paranoico con globales y preocupantes consecuencias. Su imperio de tambalea y con él sus aliados. Desde muy antiguo las crisis de los imperios trajeron situaciones de inestabilidad, no sólo para el que dominaba sino también para los dominados. Pasó con las dinastías faraónicas que terminaron en ruinas, Roma, de la que bebe nuestra cultura de occidente, en sus peores momentos, hasta se alió con pueblos bárbaros, sus enemigos eternos. Algo parecido está pasando en la actualidad. El supuesto emperador, ante signos de derrumbe de su imperio, y aconsejado por los que consideran la política como un negocio, se lanza a la conquista, incluso de tierras y propiedades de sus amigos y aliados, esgrimiendo que en los negocios la única política es hacer caja. Los aliados realmente solo son súbditos o clientes. No puede culpar al comunismo –su eterno enemigo– porque Putin es tan capitalista como él. Tampoco irritarlo porque estimula la alianza con el verdadero enemigo, China. En vez de abrir las puertas a su mente para analizar las razones del deterioro de su imperio, enquista el problema y su pensamiento soberbio y paranoico amenaza violencia. Se repite la historia con ejemplos múltiples como Nerón en la antigua Roma o Hitler, por poner algunos ejemplos; uno quemó Roma y culpó a los cristianos, y el otro inició la última Guerra Mundial culpando a los judíos. Trump, en su delirio de conquistador, ya no cuenta con Europa, la considera débil y subordinada. Sabe que no podrá defenderse si le roba Groenlandia. Gira su pensamiento hacia el sur, hacia México, esgrimiendo que los descendientes de apaches y comanches se están infiltrando. Todo el que no sea sajón que venga del sur, debe ser expulsado, no podemos olvidar que los puritanos con una biblia en una mano y en la otra un revólver masacraron a los dueños antiguos de sus tierras. El problema es el norte, Canadá, un extenso y rico territorio que siempre ha sido una nación, por sus estrechos lazos con su gran aliado, Gran Bretaña. La City Londinense, generador del negocio mundial, no lo vería correcto.

Me temo que el actual presidente de EEUU, creyéndose emperador, ha entrado en un peligroso pensamiento paranoico con globales y preocupantes consecuencias

Dentro de su imperio, EEUU, surgen ejércitos de desclasados, serviles que hacen méritos para ser admitidos por las clases dominantes, las que financian al emperador y su corte. Todos los que por ignorancia creen que el jefe, con bulos y mentiras, les abrirá las puertas, junto a clases medias empobrecidas, patriotas aguerridos a la caza del indio, confundidos trabajadores arrinconados por un sistema injusto, forman parte del nuevo ejército. Forman el núcleo del nuevo fascismo que se extiende por el mundo. A pesar que esta explicación podría ser válida para entender parte de lo que está pasando, el problema es cómo solucionarlo. Las enfermedades mentales siempre han sido un capítulo de la medicina de difícil tratamiento.

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Eduardo Vázquez Martul es socio de infoLibre

Eduardo Vázquez Martul

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